Vestir la mentira o desnudar la verdad. Conciencia sobre las estructuras económicas y sociales actuales. Tres ideas para la revolución.

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1.- “LA VALORACIÓN SOCIAL ESTABLECE LA LEGITIMIDAD DEL PODER”
Resolver la ecuación económica de nuestro tiempo en las condiciones actuales es ahora,cuanto menos, difícil de imaginar. Entre otros argumentos posibles, basta con descubrir que las estructuras existentes no lo permiten,ni lo permitirán.
¿Verdaderamente esta sociedad prepara al ser humano para repartir y/o compartir, siquiera una parte de su riqueza, simplemente “porque otro lo necesita”?. ¿Se aspira individualmente a que no haya pobres o la aspiración se reduce a progresar económicamente y en último caso, llegar a ser rico?. Lamentablemente, lo segundo es más evidente que lo primero aunque se explote el ideal humanista como lo políticamente correcto. Para que no fuera así, el ser humano debería cambiar el punto de mira y colocar sus objetivos lejos del atesoramiento de dinero y la acumulación de riqueza, actualmente establecida como primera y única solución a su supervivencia y como el mayor argumento de significación social.
La directriz monetaria y patrimonial está implícita en el sistema y se impone directa o indirectamente desde instituciones y organismos. El contenido del mensaje actual, utiliza expresiones y hechos que favorecen que en nuestra sociedad se perpetúe la desigualdad económica. Si desde los ámbitos de poder del sistema se mantiene a la masa social en el “logro económico” como “el baremo” de valoración social, y a su vez, la configuración de este sistema impide alcanzar los estratos elevados de dicha sociedad con barreras de entrada no oficiales e insalvables en casi todos los casos, tenemos el sometimiento “voluntario” de la masa al poder económico y simultáneamente la legitimización social de dicho poder.
Quien ejerce y posee el poder, lo hace como un privilegio exclusivo y no transferible, reservado con celo y vetado a la masa social, ya que de lo contrario, dejaría de serlo. El mayor poder establecido actualmente es el económico. Las clases situadas en los estratos elevados de la sociedad al ejercer el poder social, que en nuestro caso les viene dado por su posición económica, van a aprovechar sus ventajas sobre los demás para colocar las barreras de entrada, necesarias y suficientes, y así, no perderlo o cederlo, ni siquiera en parte, de manera voluntaria. De esta manera, las oportunidades quedan establecidas desiguales dependiendo del lugar en la escala de poder.
La dinámica del poder basado en el dinero, convierte la arena social en una competición depredadora por el acceso a todo, valorado y justificado monetariamente, con una élite económica que intenta perpetuar su “estatus quo”. Si además, la masa social se somete a una dinámica que alimenta la aspiración a la posibilidad de alcanzar algún día los beneficios de dicho poder en un mundo donde “tanto tienes, tanto vales”, el círculo está cerrado y la opción general está ya delimitada. El individuo está sumergido en la lucha por el progreso económico, asumiendo la superación de las barreras de entrada como el mayor logro personal y vital, digno de exaltación social. Así, en general, los individuos integrantes de esta sociedad, establecen como principal ambición y aspiración,subir todos los escalones económicos posibles, o por lo menos, intentarlo.

La legitimización genera valoración por la masa social y viceversa. Si ahora, desde cada una de las conciencias individuales el poder legitimado es el económico, el héroe es el rico o el que logra hacerse rico, por encima de otros valores individuales de la persona y de su aportación a la sociedad. Los baremos de exposición y valoración social están determinados por el tamaño de la cartera. Siempre queda en el idealismo humanista “marcar los parámetros de valoración y exaltación social en la calidad como ser humano y en su aportación a la sociedad y“ dejar atrás el ideal monetario como el único y/o principal ideal de supervivencia”.
Los hechos de nuestra historia reciente demuestran que la directriz monetaria está en la médula de nuestra conciencia colectiva incluso bajo un discurso contrario. Nos encontramos con organismos que promulgan objetivos de equidad y que luchan teóricamente contra los ideales monetarios, para que la praxis nos demuestre que los intereses individuales predominantes revierten de nuevo en el logro económico. Así, la acción queda reducida al discurso demagógico y políticamente correcto en el ámbito humanitario y a cambios estructurales no significativos, si alguna vez los hubiere.

En este sistema de estratificación social la conciencia individual se obsesiona en el ideal económico predominante sobre los demás ideales, circunstancia que hace que el propio sistema se garantice su supervivencia. Cada estrato sirve de pantalla para proteger y mantener al superior. El poder se instaura en las capas económicas superiores y la dinámica social de abajo-arriba se mueve entre el servilismo interesado y la ¿admiración? hacia dichas capas. Ellas, son la referencia instigadora del desasosiego y el deseo inevitable de tener más, y a su vez, son el modelo a seguir y el objetivo.
Cada persona aspira y lucha por acceder a la capa superior de manera permanente y sigue lo que el sistema establece como necesario para conseguirlo. En ello está en juego el mantenimiento e incluso el progreso en su establishment, y así, los estratos quedan garantizados, si no en sus individuos integrantes, sí en su configuración estructural.

Sólo existe el discurso político igualitario como demagogia y argumento ilusionante para las bases, discurso que se expone hipócritamente muy lejos de la praxisy, aún peor, lejos de intenciones -reales de cambios estructurales. En este entorno, ¿quién duda, que las estructuras económicas vigentes sean las que toman verdaderamente las decisiones sobre redistribución?. Hasta la fecha, estos círculos no han demostrado que quieran perder un ápice de su posición en la jerarquía de poder en pro de una mejora de la población perteneciente a estratos más bajos.
En este marco sólo se presenta la posibilidad de cambio desde la conciencia individual, contra las configuraciones ideológicas generalizadas actualmente y contra las estructuras económicas dominantes que integran instituciones y organismos dependientes. De ahí el problema. Éstas, no van a querer apoyar e incluso se opondrán a iniciativas que pongan en peligro suposición.
El cambio de conciencia individual generalizada que estableciera otras referencias para la valoración social no es suficiente por sí solo. Tiene que ir acompañado de una acción colectiva sobre las estructuras que no podrá ser efectiva si no es con carácter global. La dificultad en la sincronización de estas dos variables, es lo que verdaderamente impide el cambio estructural. La acción aislada y/o parcial produce la suficiente debilidad para no conseguir ningún objetivo y acabar presionado y sometido por las directrices económicas actuales, reafirmando así, al propio sistema.
Queda caminar hacia un ser humano con conciencia más universalista y lejos de teorías sobre evolucionismos sociales y depredación económica, actualmente implantadas en la conciencia colectiva de forma global.

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2.- “EL DINERO ES EL ENGAÑO”.
El ser humano como “animalsocial”se valora respecto a su repercusión en la sociedad.
Si el dinero se establece hoy, como la finalidad vital y primordial, así como el baremo en el que medirse en la clasificación social, tendrá mayor valoración social quien más dinero tenga. ¿Hay un interés en que así lo sintamos? ¿En qué medida hay oportunidades para acceder a la riqueza?. En la misma cadena causa consecuencia,  si el dinero y el poder económico están presente en todas las decisiones de la actual configuración política y económica, ¿quién decide en realidad el futuro y las posibilidades de cambiarlo?.
La situación actual expone que el dinero real, se estima en un 5 % del dinero total en circulación, según se confirma en el informe de Jaromir Bernes y Michael Kumhof -The Chicago Plan Revisited- (el otro 95 % es producto de la especulación y el desarrollo de las estructuras financieras) y según el estudio “The global Wealth pyramid” realizada por James Davies, Rodrigo Lluberes y Anthony Shorrocks para el “Credit Suisse Global Wealth –Databook 2012-“el 82,4 % de la propiedad de la riqueza mundial está concentrada en el 8,1 % de la población mundial. Puntualizando, aún más, el 39,3 % de la riqueza, está en manos, sólo, del 0,6% de la población mundial, y peor aún, la tendencia es creciente.
Tomando como base lo expresado en los párrafos anteriores, ¿cómo romper el círculo para redistribuir la riqueza y hacerla extensiva a mayor número de destinatarios?. Se puede verificar que dentro de la política, incluso los grupos con ideales solidarios, cumplen los requisitos necesarios para la supervivencia estructural e ideológica del actual sistema y cuando acceden al poder abanderan discursos los que se pretende hacer creer que “se hace lo que se puede”. Se convierten así, en brazos políticos, sociales y publicitarios de los poderes económicos ya establecidos. Y más aún, en empresas de facto, encubiertas con dichos fines, dependientes o dentro de las estructuras de éstos, que son los que le financian y mantienen.
La ambición económica personal instaurada en la conciencia individual, hace dudoso lograr una redistribución real de la riqueza. Tampoco hay una valoración social del reparto de riqueza por encima de poseerla personalmente. Esto queda demostrado en el fracaso de sistemas económicos con ideales igualitarios en los que, al final, han prevalecido las condiciones económicas y el mismo referente de valoración social que en los demás.
Los sistemas de valoración social deberían estar basados en la calidad personal del individuo y no en su dinero para que la política sea un instrumento real de servicio a la sociedad. El “ser” por encima del “tener”. La indignación superada por la resignación al “yo haría lo mismo” como afirmación en la trastienda personal de los ciudadanos, cuando un político o un empresario se enriquece ilegítimamente, se convierte en la tragedia social y obliga moralmente al cambio en los parámetros de exaltación social de los individuos. Esto, es condición indispensable para que la aspiración individual dentro de la sociedad pudiera dejar de ser la de enriquecerse por encima de otros objetivos. La supeditación al ideal económico individual y la exaltación social al que lo logra, aún en detrimento de otros valores más solidarios, está en la médula de la conciencia social universal, instaurada más allá de fronteras y desplazando los fines sociales y la calidad personal a un segundo plano, sin oportunidad de prevalecer salvo en momentos puntuales que calmen inquietudes en la masa social alimentando el sueño colectivo, pero sin ningún atisbo de cambio real y permanente.
Las expectativas e inquietudes humanas deben tener posibilidad de desarrollo. La clave está en dónde se pone el punto de mira de dicha realización. Si la valoración y repercusión social está en el éxito económico, las consecuencias en el individuo son determinantes a la hora de establecer cuáles son sus acciones adecuadas. En estas condiciones, lo que asegura el estatus es el dinero acumulado y no los méritos demostrados. Es el fracaso del pobre.

3.- “EL FRACASO DEL POBRE”.
¿Qué alternativas son posibles en las actuales circunstancias?.
Dar una oportunidad a nuevas tesis, pasa por una revolución ideológica que no se resigne a “VESTIR LA MENTIRA” y en la que prime “DESNUDAR LA VERDAD”, con el desgarro y la crudeza que ello conlleva. De lo contrario, se está creando el entorno adecuado para que se den las circunstancias que no posibiliten, siquiera, una conciencia de necesidad de “ACCIÓN”, bastará con ser partícipes del discurso y así se seguirán instaurando en las neuronas las sensaciones de “que no podemos hacer nada, y para qué intentarlo, si ya los que pueden van avanzando en esta dirección”. No se permiten iniciativas que puedan hacer peligrar la conciencia social generalizada de que estamos en la mejor estructura económica y social posible y la que ofrece mejores expectativas. En definitiva, seguir “vistiendo la mentira”, principio que en la sociedad se ha impuesto en todos los aspectos desde intereses dominantes creando una “realidad asumida” por la generalidad y condicionando así la realidad percibida por la sociedad, en pro de intereses particulares de los poderes establecidos y sus integrantes.
Si ya a nivel individual la estrategia de “vestir la mentira” es general en nuestra sociedad, cómo vamos a cambiar “algo que se nos va de las manos”.
“Desnudar la verdad”, estrategia minoritaria por cierto, es demasiado dura en cada caso y rompería la comodidad de que ya nos venga dada la “dirección correcta” para nuestro discurso. Y “para qué” si además implica reacciones que no sabemos las consecuencias junto a decisiones fuera del contexto impuesto en la generalidad. ¿Cambiar y cambiarlo? ¿Todo ello “simplemente” por humanidad? “Let it be”. Sigamos intentando crecer económicamente y aspirar a disfrutar de la satisfacción de conseguirlo.
El desarrollo de la esencia humana, desde una conciencia universalista en el individuo, necesita de un sentimiento profundo de solidaridad que no existe de forma general, aún estando incluido en el discurso de todos En verdad ,¿Cuánto y qué estamos dispuestos a dar o hacer por el bien general, independientemente de mi bien? ¿Qué considero “bien general” y qué considero “mi bien”?. Si pensamos sólo en términos económicos, “dar, esperando recibir más” no es ningún indicativo de que caminemos hacia una solución, las acciones se limitan a inversiones económicas.
Hasta que la valoración social de la persona sea independiente y totalmente alienada a la condición económica, no hay oportunidad de cambio en la conciencia social y en las condiciones necesarias para el poder social, ya que es la propia sociedad, nosotros, los que alimentamos la continuidad de la estructuras tal como hoy se presentan. De otro modo, sería el triunfo de la persona sobre el dinero.
Si se fuera haciendo mayoritaria la valoración social respecto a la calidad personal y méritos comunitarios en vez del tamaño dela cartera, empezaríamos a vislumbrar cambios que las propias estructuras tendrían que asumir por propio instinto de supervivencia. La presión sobre la legitimidad de su orientación, obligaría a un replanteamiento que ellas harían adaptándose para intentar perdurar.
Por otra parte, la alternativa de nuevos sistemas económicos realmente más solidarios e igualitarios, nunca será apoyada institucionalmente y mucho menos por aquellos órganos en los que peligre su posición respecto al poder. Tendría que ser la sociedad quien los imponga desde la base, pero a su vez, no se puede hacer de otra manera que generalizado y/o global. De lo contrario, las medidas de aislamiento económico no permitirían el avance triunfalista de una nueva idea que presente alternativas.
En las condiciones actuales, se requiere de un análisis profundo de las alternativas posibles y la amplia gama de consecuencias para la sociedad, pero en definitiva, todas pasan primero por una superación de los obstáculos planteados, más profundos y determinantes de lo que en principio parecen al enunciarse. La valoración social y exaltación personal respecto a su aportación a la sociedad y su calidad humana, por encima y ajena a la situación económica del individuo, es un logro en el horizonte ideológico que daría legitimidad a la lucha por cambiar el sistema económico dominante. Se debe ir construyendo una sociedad en la que la educación y el pensamiento tenga la opción de normalizar y generalizar las referencias sociales lejos de personajes que en la sociedad actual son considerados triunfadores sólo por su progreso o estatus en el ámbito económico.Así,se podría ampliar la gama de inquietudes personales con finalidades no económicas. El dinero y todo lo que le concierne como poder social, debe ser rechazado como referente vital, para poder llegar a establecer un punto de partida en el cambio real de la sociedad y sus estructuras.
Otra dirección propuesta está en la limitación de la riqueza individual. ¿Qué hace una persona atesorando un trillón de dólares o euros?. Simplemente establece su poder en la sociedad actual. En condiciones en las que la valoración social quede delimitada por un poder diferente al ideal económico individual y más cercano a la calidad personal, esta persona sería exaltada por su aportación a la sociedad y su poder se reflejaría respecto a su papel en el bienestar social.
Llamar la atención sobre las acciones que presentan otras alternativas contrarias a la injusticia social y la desigualdad es defender otras bases más adecuadas para lograr objetivos igualitarios. Es, no aceptar el mensaje que enmascara el mantenimiento de las mismas estructuras económicas donde la masa social está atrapada en las mismas intenciones personales y sociales, bajo el dictamen ideológico de que “estamos en el mejor sistema económico posible”y la no existencia de otras alternativas mejores o alcanzables y de que los sueños cumplidos pasan por el éxito económico individual, respecto a la sociedad donde competimos por él.
El análisis queda insuficiente si consideramos que debe ser completado con otros aspectos fundamentales como son: el papel de las religiones y las creencias; otras posibilidades de configuración estructural; capacidad de la sociedad para reconstruirse en contra de poderes ya establecidos, características de un sistema económico que cumpliera los objetivos humanistas de igualdad y justicia social más plausibleque los hasta ahora planteados y llevados a la práctica; capacidad humana para afrontar este reto; aspectos evolutivos, proceso, pasos y caminos alternativos, entre otros aspectos importantes y necesarios. Todos y cada uno, por sí solos requieren de trabajos de investigación que revelen, en conjunto, las conclusiones más adecuadas para un planteamiento serio como alternativa posible y, asumible por la sociedad como realizable.

EN CONCLUSIÓN: El ser humano como animal social, se valora respecto a su valoración en la sociedad. Si la valoración en la sociedad se consigue especialmente con el éxito económico individual y el “triunfo” en la vida va unido al estatus económico conseguido, no hay ninguna oportunidad para lograr acumular una fuerza social suficiente que pueda cambiar las estructuras actuales que perviven montadas sobre esta base. Precisamente, porque el poder económico es el que prima y es legitimado y asumido por toda la sociedad. En consecuencia, este poder tenderá a perpetuar estas estructuras y así no perder su establishment. Las aspiraciones humanas en la actualidad in-corporan en su genética social el principio de acumulación de riqueza económica individual que es idealizado y perseguido por “todos”. Esto, impide una solidaridad ideológica suficiente para tomar medidas y luchar contra las carencias de otros en detrimento de ese principio. No habrá cambio efectivo y eficaz, mientras esta premisa no llegue a ser rechazada, en pro de otros principios que primen sobre ella y que estén basados en otros logros, cercanos a la aportación social de aspectos unidos a la calidad humana, y que además, la sociedad le otorgue la valoración, la repercusión el estatus y por tanto el poder social a personajes con estas condiciones. Sólo entonces, se tendrá un marco adecuado para enfrentarse y cambiar las estructuras que alimentan la primacía del poder económico sobre los demás, desbancando a los líderes que lo promueven. Los principios de valoración social asumidos individualmente por la generalidad y extendidos al ámbito universal, serían la garantía del mantenimiento de éstos y lograr un mayor grado de resistencia a la vuelta a los principios de valoración basados en el estatus económico. En todo caso, hablamos de sociedad en términos universalistas y de conciencia general de toda la humanidad. Requiere un salto evolutivo en esa dirección. Difícil pero no imposible para un idealista. Bastaría con no vestir la mentira y desnudar la verdad para encontrarnos en la encrucijada. Apasionante futuro por imaginar ¿o descubrir?.

Fernando García-Sánchez (Antropólogo)

 

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