El Doctor Zhivago y los políticos carpetovetónicos

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Multislim Adelgazar

 

“Los pocos quieren libertad, la mayoría soberanos justos”

Salustio

Ya  tenemos balbuceando ficciones un “nuevo Gobierno” y  Rajoy continúa su carrera política sin citar al  menos unos versos de Rosalía de Castro. Eso sí, le ha faltado tiempo para tenderle alfombra roja a su colega Trump: “Cuando oigo la palabra cultura, cojo mi revólver. …” Decía Hermann Göring.

Ligoteo

Rajoy ha sido auto elegido  para gobernar a su manera este país de las murgas y coge el dinero y corre. Las intervenciones de “Pablo Iglesias siglo XXI”, sospecho que, aunque parece ser  buen lector, no ha leído En busca del tiempo perdido y mucho menos al Dante en su Infierno y  Gloria pasando por el Purgatorio: “Para encontrar lo nuevo, decir quiero / que hasta un llano llegamos, temeroso, / que rechaza a las plantas de su albero” Y de seguro que tampoco a Boris Pasternak (Moscú, 1890-Peredélkino, 1960), Premio Nobel en 1958 por su magnífica novela El Doctor Zhivago. Galardón deseado por tantos.

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Curioso resultó que un año antes la tan comentada y famosa obra fuera editada en Italia  de manera sorpresiva, por supuesto, con no menos alboroto propagandístico político literario, propio de una Europa envuelta por la “Guerra fría” Tiempos de enfrentamientos dialécticos que se cruzaban entre los dos frentes compuestos por  “El mundo libre” y la Unión Soviética: (Este y Oeste).

Sin embargo, dada la fervorosa simpatía hacia el “milagro” en el empeñado sendero por la creación del “hombre nuevo” gloriosa andadura de la travesía de la “dictadura de proletariado”, hasta redimir a la humanidad del capitalismo explotador por una sociedad libre y comunitaria. Razón poderosa de fe de carbonero  impregnó a gran parte de aquella  izquierda intelectual europea, imbuida entonces, en un izquierdismo de tertulia que examinó con recelo el Nobel concedido a   Pasternak no siendo reconocido en sus justos valores, como escritor de valía por el gremio de creadores de occidentales “izquierda pura”, al considerar al novelista y poeta premiado una especie de traidor bajo la influencia degenerativa e ideológica del capitalismo explotador.

Curiosa actitud dogmática en versión occidental pese a estar por aquellas fechas Pasternak ya reconocido como uno de los más prestigiosos poetas rusos del siglo XX, nada enemigo de la Revolución de Octubre, aunque sí crítico, por lo que el “Aparato” de la dictadura estalinista, que siempre lo tuvo sometido y vigilado, fruto de la ceguera y no menos sordera de una jerarquía sin sentido del bochorno y los derechos humanos. Y bien poco importó que Stalin ya viviera su “gloria” eterna en el secano descanso del mausoleo de los grandes guías del “socialismo real” Posiblemente circunstancias tácticas fueron las que permitieron que la dictadura del general Franco – no menos repugnante que la estalinista-, concediera el permiso a la censura para la publicación en español de esta joya literaria, aunque en una traducción muy discutible y precipitada no tomada directamente del ruso, sino del italiano.

Transcurrido como medio siglo de su publicación, esta hermosa novela de la literatura, placer y disfrute para los buenos lectores, fue directamente vertida del ruso al español en una magnífica y excelente versión realizada por Marta Rebón a partir de la edición fijada por el hijo de Boris Pasternak como la más auténtica. Y así, volver a leer esta emocional, sentida, estremecedora y épica historia de la pareja formada por Yuri y Lara como principales protagonistas de una obra de leyenda clásica e impresionante, que el lector reencuentra para bañarse con toda riqueza de matices, donde la prosa lírica de Pasternak se mece impregnada de una hermosura envolvente de la mano del estilo poseedor de sensibilidad…

Ofrenda para el lector exigente que puede alcanzar palpitantes sensaciones, similares en calidad y contenido literario igualable al de Guerra Y paz de Tolstoi, Las almas muerta de Gogol o Vida y destino de Grossmann, autor también vertido al español por Marta Rebón, escritor que fue contemporáneo y compatriota de Pasternak así como magistral cronista de la Segunda Guerra Mundial en la batalla de Stalingrado. Otra de las páginas más conmovedoras de la historia protagonizada por el  pueblo ruso frente al ejército nazi a las puertas de Moscú narrada por todo un nuevo clásico del siglo XX.

Porque este manantial de belleza que significa El Doctor Zhivago, amor y vida, proyecta el capítulo más importante de la historia de Rusia armonizando todo un canto a la naturaleza sostenido por el pentágrama del amor y los sufrimientos de un pueblo que ama a su madre patria con fervor y sacrificio. Lo que muestra una convulsión de pasiones, ideales y vivencias que expresan las injusticias de un poder desaforado, diabólico sustentado por el culto a la personalidad, frente a unas lecciones de humildad, como tal vez no se había manifestado literariamente con tanta pasión y poesía colgada en una prosa desbordante de lirismo y humanidad.

Señala la traductora de esta  novela clásica de la literatura a la que no es nada acertado una similitud, cuya traducción ha sido complicada de realizar, ya que “Pasternak era un poeta que se pasó la vida soñando con escribir una novela antes de irse a la tumba. Invirtiendo más de diez años en escribirla y con pasajes escritos veinte años antes. Él era  religioso y le impactó que su padre se pasara del judaísmo al cristianismo ortodoxo.” Una atmósfera densa, mucho simbolismo y metafísica, con el telón de fondo de la historia trágica de Rusia, narración intimista, lírica dentro de una estructura compleja en 16 capítulos. “El último, señala la traductora, formado por poemas que me he atrevido a traducir yo misma para mantener la unidad del libro, ya que cada poema está relacionado con un pasaje de la novela”.

Clara manifestación la expuesta de Marta Rebón sobre este espléndido apéndice poético de una subyugante calidad, que cierra la historia elevando más su contenido, fundiendo la hermandad existente entre prosa y esa poesía que lo confirma:

“¿Por qué llora el horizonte entre las brumas

y emana del mantillo ese olor amargo?

En eso radica toda mi vocación

que las distancias no sufran nostalgia

que más allá de las lindes de la ciudad

no se apodere de la tierra la aflicción”.

Pasternak es el creador perdurable, el inmenso poeta que desafío las crueldades del mundo enarbolando el canto a la naturaleza desde su más firme humanismo y amor a una geografía natural. Estas fueron sus armas y continúan representándolo después de muerto. Su prosa resplandece sostenida por la belleza poética para así permanecer por encima del bestial dictador que padeció tan maltratada geografía. Y es que todas las dictaduras pasan, mientras la poesía queda. Permanece.

Francisco Vélez Nieto

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