Hubo trece rosas. De cementerio, por desgracia. Ahora nos queda una. Florecerá en la primavera, cuando lleguen las europeas, y estallará, reventona, en las generales, pero dará ya brotes antes de que termine el invierno. ¿Dónde? En Galicia y en su tierra, porque nació cántabra, pero es vascona. Somos de donde pacemos. ¿Pacer? Sí, de paz. Rosa Díez, con acento, siempre la ha defendido en una región de España donde reina la guerra. Esa mujer, suave y fuerte, delgada y vigorosa, flexible y firme, llegará lejos. Se lo auguro, y lo auguran las encuestas. Yo también tengo las mías, no por humildes menos sintomáticas. Citaré tres. Primer síntoma: me consta que hay importantes grupos de empresarios ―no me pidan nombres― dispuestos a ayudar al único partido que en estos momentos les inspira confianza. Será por algo. El dinero tiene sentido común, buena brújula y mejor olfato. Segundo síntoma: hace dos meses entrevisté a Rosa en Las noches blancas ―es un programa de libros y ella ha escrito dos― y obtuve la mayor cuota de pantalla que en treinta y dos años de dirigir y presentar espacios de esa índole en la Uno, en la Dos y en Telemadrid he conseguido: 13’8%. Una enormidad para un programa filosófico que se emite cuando ya cantan los gallos. Ni con Sabina, ni con Aznar, ni con Arrabal, que eran los tres nombres de mi hit parade, alcancé tal cifra. Será por algo. O, mejor dicho, será por Rosa, pues sólo ella intervino, a lo largo de setenta minutos, en esa conversación, que lo fue de mano a mano y cuerpo a cuerpo. Tercer síntoma: en mi círculo de amistades, donde casi todos votaban, con reparos, al PP, y nadie ―nadie, digo― lo hacía por el PSOE ni por los nacionalistas, todos ―todos, digo, sin una sola excepción― van a votar a UPD. Será también por algo. En Génova hay más ciegos que en la ONCE, porque nadie ve lo que se les viene encima, y en Ferraz abundan los tuertos de parche en un solo ojo: el que les impide mirar hacia su derecha. También del izquierdo andan reparados. El chaparrón de votos que perderá el PP si Rajoy sigue a su frente sólo tiene dos canalones de desagÁ¼e: la abstención, que será mínima, y la rosaleda de la que hablo. En cuanto a los votos perdidos por el PSOE… Lo siento. Estoy ya en el pedestal de mi columna. Seguiré explicando en las sucesivas por qué llamo a Rosa Díez, con acento de intensidad, la suya, y de gravedad, la de la situación del país, Rosa Diez, sin acento. Máxima nota, señores. Cum laude.
Rosa Diez (sin acento)
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Fernando Sánchez Dragó (Madrid, 1936). Hijo adoptivo de Soria desde 1992. Hombre de cultura y formación multidisciplinar. Se considera, con palabras de Baroja, hombre humilde y errante, escritor y viajero. Pretende ser un hombre sin etiquetas, que no tiene ni dios ni ley ni patria ni rey ni frontera ni bandera, que va a pecho descubierto y desnudo por el mundo.Su pensamiento político parte de un liberalismo heterodoxo y radical, construyéndose su propio sistema, entremezclando filosofía oriental, como el taoísmo o el hinduismo, con una defensa a ultranza de los derechos individuales, a la vida y a la propiedad privada. Antiestatista sedicente, en puridad puede ser considerado un anarquista individualista sui generis (anarquismo de mercado).
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