José Catalán Deus «versus» César Borgia

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José Catalán Deus «versus» César Borgia.

Hace tres semanas hablábamos en ELLIBREPENSADOR del nuevo libro aparecido este mismo año sobre César Borgia. Su autor, el experimentado periodista José Catalán Deus, ya versado sobre esta familia de origen valenciano, nos concede una entrevista para profundizar en este ya casi mítico personaje, su época y la literatura que los rodea.

– EL LIBREPENSADOR: César Borgia, príncipe del Renacimiento… Después de toda esta investigación, ¿qué opinión queda sobre César? ¿Cuál es el poso último de este trabajo?
– Jesús Catalán Deus: El título, que es lo primero y lo último del proceso. Estamos ante un paradigma del Renacimiento y no ante el malo de una película. Quienes conocen las tesis de Maquiavelo sobre el arte de la política, deben conocer al personaje que las inspiró: es mucho más atractivo y complejo.

–  EL: ¿Por qué otro libro sobre los Borgia? ¿No hay ya demasiados?

– JCD: Hay demasiados, pero todos repiten lo mismo, leyendas nunca probadas acerca de veneno, incesto, crueldad y asesinatos. Son una docena los que se salvan de la quema. César Borgia ha sido escasamente estudiado y es apenas conocido a pesar de tratarse de un personaje español comparable al Cid, Cortés o Lorca.

–  EL: Se ha publicado que, desclasificada la correspondencia Borgia, aparecerán unos 50 volúmenes paulatinamente. ¿Qué cree Jesús Catalán Deus que nos depararán? ¿No está todo dicho ya sobre ellos?

– JCD: Lo que ha ocurrido es que el Vaticano ha permitido realizar una copia digital de toda la documentación relacionada con los Borgia existente en los Archivos Secretos, patrocinada por una multinacional y localizada en Valencia. Su impresión y publicación completa, subvencionada desde hace años por entidades pancatalanistas, es un absurdo. Más vale organizar y abrir su consulta a través de internet. Pero son montañas de documentos originales de hace cinco siglos, en latín  la mayor parte, que nadie puede digerir de una tacada: serán los archiveros y bibliotecarios los primeros que tendrán que enfrentarse a tamaña montaña; luego los historiadores tendrán que traducir, desbrozar y relacionar. Finalmente, podrán llegar los escritores. Para largo me lo fiais. Demuestra que la historia no está definitvamente escrita ni en éste ni en ninguno de sus capítulos.

–  EL: Numerosas bulas y escritos de la época se han puesto en entredicho como falsos. Entonces, ¿cuál creer o cuál no?

– JCD: Grave problema, efectivamente, al que los expertos no han dado respuesta. Nadie que yo sepa se ha ocupado de tan interesante tema. Muchos han dado todo -aun contradictorio e ilógico- por cierto. Sería objeto de un apasionante libro este tema por sí solo. Unas bulas atribuyen hijos y nietos al Papa Borgia que otras niegan; distintos documentos dan por nacido a César en diferentes sitios, con diferentes hermanos, de distintas madres. Una trampa saducea en la que se han roto los dientes muchos historiadores.

– EL: Desde hace algunos años, más bien ya décadas, se viene intentando limpiar a los Borgia de esa leyenda que, como los barnices sucesivos había ensombrecido su retrato hasta hacerlos irreconocibles. Pero, ¿qué hay en el fondo de esos rumores? ¿Quedan personas o siguen quedando hábiles políticos de gran crueldad?

– JCD: No me consta esa revisión desde hace décadas, sólo insinuaciones parciales para justificar la repetición completa de las mentiras de siempre. Nuestro libro ‘El Papa Borgia’ (escrito en colaboración con Lola Galán, Aguilar, Madrid, 2004) fue pionero en España en plantear una revisión objetiva. Una superproducción cinematográfica española posterior insistía en la leyenda. Ciertamente, en determinados ambientes de la Comunidad Valenciana y Cataluña se corre el riesgo de sustituir una leyenda por otra. Ni monstruos ni ángeles, humanos como cualquiera.

En cuanto a si quedan personas o siguen quedando hábiles políticos de gran crueldad, hay y habrá mientras existamos los humanos. Ni la crueldad ni la bondad son excepciones raras.

–  EL: Se ha hablado de la envidia y del rencor como fuente de muchas de las calumnias que se han vertido sobre los Borgia, pero su maestro de ceremonias, Burcard, a quien aparentemente no perjudicaron, se hace eco de todas ellas. ¿Qué motivos podía tener?

– JCD: En primer lugar, hay dudas razonables de que los Diarios de Burckard hayan llegados a nosotros con añadidos fraudulentos precisamente relacionados con los Borgia. En segundo lugar, el bueno del ceremoniero era ambicioso, creía merecer ascensos y recompensas que no llegaban, y jamás en su hosquedad burocrática intentó comprender la apasionada forma de ser de los valencianos Borja/Borgia. Les tenía en los últimos años de su vida mucha manía y franca hostilidad personal.

–  EL: Historia de aventuras, historia de crímenes, de venenos, de muertes y conquistas… ¿se dejará de hablar de los Borgia alguna vez?

– JCD: Son un concentrado de humanidad, un arquetipo de vida plena, una luminaria excepcional: seguirán despertando admiración y rechazo, les ha tocado.

–  EL: En tu abundante bibliografía se citan también autores clásicos de la Literatura Universal como Guillaume Apollinaire o Alejandro Dumas (padre). ¿Son culpables de sus afirmaciones por no haberlas verificado antes? ¿Son producto de su época como los Borgia lo fueron de la suya? ¿O son simplemente hombres de letras que no se deben a la verdad histórica?

– JCD: Son precedentes de ese engendro -dicho con todos los respetos- que es la novela histórica, una mixtificación donde vale todo, y se usa una cobertura aparentemente real para rellenarla del gusto de la época y la pluma encargada. Los citados y otros como Victor Hugo, Blasco Ibáñez y Mario Puzzo, por ejemplo, usaron unos personajes famosos para dar rienda suelta a la invención -más bien repetición- de historietas comerciales. Algo habitual en la literatura. Creo que sería sano establecer las justas fronteras entre ficción y no ficción.

– EL: ¿Pueden ser 560 páginas -como las que contienen el texto de la obra- desalentadoras para el gran público?

– JCD: Sin duda es más cómodo un diario gratuito para entretenerse en el metro. Pero mi editor confía en que todavía hay gente que quiere saber y se distrae aprendiendo. Luego, hay páginas y páginas: la historia de César Borgia bien contada es mejor que un comic.

–  EL: ¿Cómo definirías la Italia del Renacimiento, como un puzzle de cristal, como un asombro de las leyes del equilibrio político, como una cruzada de engaños y cultura?

– JCD: Como una época idealizada, resultado de una evolución, en la que ciertas élites redescubrieron asombrados la autonomía y complejidad de lo humano. Abrió la modernidad. Pienso que estamos en un período parecido al que hemos llamado posmodernidad a falta de una etiqueta más ocurrente y dado lo gastado que están todas las palabras.
–  EL: ¿Qué personaje elegir entre toda la pléyade de fascinantes hombres de la Cultura y políticos avezados que rodearon a César?

– JCD: Me gustan el falso malo de Miguel Corella ‘Michelotto’, el gran malvado Julio II, y el conspirador cardenal Corneto. En realidad, me fascinan todos, empezando por sus condottieri -cada cual una historia más increíble-, siguiendo por unos cardenales de cuidado, y terminando en reyes felones como los de España y Francia, y mujeres enormes como Lucrecia Borgia, como Giulia Farnese. No es gente de drogarse los fines de semana. No son estúpidos consumidores y banales privilegiados. Quizás andan por aquí ya, reencarnados.

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