Flechazo

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McCain se dirige a Palin durante la Convención Republicana

Nunca he creído en tales cosas, el amor fou, la pasión ciega, el dardo de Cupido, pero la vida es larga y da sorpresas. El jueves, día de mi septuagésimo segundo cumpleaños, se cruzó en mi existencia una mujer que me trae loco, que me ha sorbido el seso (sin equis), que me tiene aturullado, embelesado, hipnotizado y sumido en eso que los esnobs llaman estado de conciencia alterada. ¿Será éxtasis místico, estupor de senectud o estupidez supina? Sea lo que fuere, es, y me alegro de que sea.

Se trata de un amor platónico a rajatabla, pues vive esa mujer donde los huracanes rugen, habla otro idioma, está felizmente casada, tiene hijos y nietos, no me conoce, no me conocerá nunca y no existe ni la más mínima posibilidad de que repare en mí.

Algo parecido le sucedió a Dante cuando vio por primera vez a Beatriz en el Puente Viejo del Arno, pero él era mucho más joven que yo, y aun así no tuvo más salida que la de escribir La vita nuova y La Divina Comedia. Yo tendré que conformarme con esta columna. Nuestro encuentro ni siquiera se produjo en el puente de la curva de ballesta que traza el Duero en torno a Soria. ¡Qué va! El escenario era mucho más sórdido. La vi en la tele, discutía con un señor aburridísimo, caí de hinojos y en esa postura sigo.

Tanto gentil e tanto onesta pare… A mí también me lo parece -honrada, grácil, bellísima y tan dolce, y a la vez firme, como el stil nuovo de los poetas toscanos- la mujer por la que bebo todos los vientos que en la Eneida desatara Eolo. ¿Es esto amor? Lo será, y más ciego, y más loco, que el de cualquier otro hombre enamorado, pues cuanto sale de sus labios merece mi aprobación y no hay gesto ni movimiento suyo, por mecánicos que sean, que no me transporte al cielo. ¿Al cielo? ¡Pero si la seguiría, como Orfeo siguió a Eurídice, hasta lo más profundo de los Ínferos! No le pongo ni una pega. La miro y se me cae la baba. Abofetearía a quien se atreviese a criticarla. Algunos lo hacen. Les enviaré mis testigos.

Cierto es que sus ideas son conservadoras, pero seguiría enamorado de ella aunque dijese lo mismo que dicen Maleni Alvarez, Bibiana Aído, Rosa Regás e incluso, si resucitase, la Pasionaria.

Cierto es que se opone al aborto, pero la amaría aunque fuese Herodes.

Cierto es que mantendrá a las tropas americanas en Iraq, pero no dejaría de amarla ni aunque fuese tan cobarde como los soldaditos de las fuerzas de ocupación españolas destacadas en Afganistán.

Cierto es que se enfrenta a Obama, ese lobo de Gubbio con disfraz de santo de Asís, pero juro que no es por eso por lo que la amo.

Cierto es que se proclama creacionista, pero nadie es perfecto.

No lo digo en broma. Amo a Sarah Palin. No lo puedo evitar. Me chifla esa mujer. La votaría aunque no fuese republicana. Le entregaría mis ahorros. Le permitiría que pusiera su cepillo de dientes en mi lavabo. Estaría dispuesto a casarme con ella.

¿Es un flechazo? Dígamelo alguien. Quien lo probó, lo sabe.

Disponga de mí, señora. Soy todo suyo.

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