¿Dónde está el FMI?

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El Fondo Monetario Internacional (FMI) se creó en el año 1945 con la idea de fomentar las acciones multilaterales de los gobiernos de sus países miembros y lograr así una estabilidad mundial que facilitara el desarrollo y el crecimiento económico.

El artículo I de su Convenio Constitutivo señala sus funciones básicas: fomentar la cooperación monetaria internacional; facilitar la expansión y el crecimiento equilibrado del comercio internacional; fomentar la estabilidad cambiaria; establecer un sistema multilateral de pagos; y poner a disposición de los países miembros con dificultades de balanza de pagos (con las garantías adecuadas) los recursos de la institución.

Comenzó con 45 miembros, y en la actualidad cuenta con 185 países que llegan a reunir unas cuotas anuales de 338.000 millones de dólares, y a necesitar el trabajo de un total de 2.635 funcionarios trabajando exclusivamente para el FMI. Pues bien, ¿dónde está el FMI? ¿Qué está haciendo para resolver esta crisis? ¿Por qué no está poniendo el grito en el cielo ante todas las nacionalizaciones que estamos viviendo?

Hasta ahora, la receta básica del FMI era la liberalización salvaje. Todos los créditos que ha concedido a lo largo de su historia han sido bajo la condición de fomentar la liberalización y la apertura de fronteras comerciales. Así todos los países en vías de desarrollo han visto como recibían fondos a cambio de perder sus empresas insignia en favor de corporaciones internacionales, o comprobar como ellos abrían las fronteras para la entrada de los productos tecnológicos de los países más industrializados, mientras que éstos no abrían las suyas para los productos agrícolas que provenían de los países en vías de desarrollo.

Olvidándose del concepto básico de ‘empresa naciente‘, y de la necesidad de ayudar con dinero público al desarrollo de este tipo de empresas, el FMI ha despreciado siempre cualquier tipo de acción de la Administración Pública en la Economía, llegando, incluso, a retirar créditos concedidos en caso de liberalización demasiado ‘laxa’.

Pues bien, en estos precisos momentos, todos los países industrializados están utilizando las políticas y las medidas económicas que el FMI lleva 60 años repudiando, y éste no ha hecho más que alabar estas acciones. ¡Qué hipocresía!

Nos dirán que éstas son circunstancias excepcionales que justifican este tipo de acciones, pero entonces se les puede replicar que la situación de los países en vías de desarrollo también eran excepcionales y que también requerían la acción pública en favor de sus agentes económicos, en lugar de lanzarles directamente a la guerra económica mundial.

Porque todos los países industrializados de hoy lo son gracias a la protección inicial de sus gobiernos, la protección a la ’empresa naciente’ que luego ha fecundado el germen de la iniciativa privada al amparo de sectores económicos ya fuertes.

Basta ya de hipocresías, basta ya de sobrevalorar el libremercado, basta ya demagogias baratas, basta ya de expolios, basta ya organizaciones supranacionales que sólo sirven como figuras decorativas, basta ya de adorar el enriquecimiento rápido y sin escrúpulos, aprendamos algo de esta crisis, e iniciemos un mundo más justo, un mundo en igualdad de condiciones para todos.

Un mundo en el que los países desarrollados se muevan en el libremercado debidamente regulado, mientras que los países en vías de desarrollo circulen por la avenida de las ayudas públicas a las empresas nacientes, y todos, absolutamente todos, colaboren en la erradicación del hambre en los países subdesarrollados.

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