Los devaneos de Jaime Bayly

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Hace varios años atrás escuché a Jaime Bayly decir que poco podía esperarse de la autoestima de un pueblo cuyo líder espiritual era Walter Mercado. Bayly no se refería exclusivamente a Perú, su tierra natal, sino a toda América Latina. Y la verdad es que no se trataba sólo de la idolatría a una figura tan grotesca como Mercado, sino al hecho de tener también a un Don Francisco y su Sábado Gigante como fuente cultural y de entretenimiento o a un Primer Impacto con sus Myrkas Dellanos como guía informativa.

Recuerdo que por aquella época la figura del Chupacabras hacia furor -y pingües negocios- en Puerto Rico, México y Miami. Bayly no se refirió a esto, pero pudo haberlo hecho, como otro indicador de aquel triste estado de ignorancia y de falta de estima.

Bayly, el niño bonito y travieso de la alta sociedad peruana, el que ya empezaba a ejercer el oficio de provocador, para convertirse en el provocador de oficio que es hoy, de una manera ligera, limpia y sonriente, nos colocaba frente a una de las grandes venas abiertas de América Latina: la de la formación cultural e intelectual del pueblo. Por allí han sustraido los imperios la conciencia nacional de nuestra gente, el respeto a sí mismos, la capacidad de crítica y de defensa ante el saqueo continuo de nuestras realidades autóctonas.

Las primeras apariciones del Chupacabras datan del puertorrico de los años cincuenta, pero no es sino hasta la década del noventa que cobra notoriedad popular, impulsado por el enfoque sensacionalista mediático de Univisión y la perspicacia mercantilista de la comunidad latina radicada en Miami.

En realidad buena parte de los monstruos que han llegado a la imaginería popular latinoamericana durante el reinado de la modernidad mediática, para plagarla de absurdos e infamias, han sido producidos en el sureste de Florida: el Chupacabras, Walter Mercado y Don Francisco, por ejemplo. Quizás la más notoria excepción sea Laura Bozzo, que logró una dimensión continental, convirtiéndose en Laura de América, sin necesidad de pasar por «la puerta de las Américas».

Ahora Bayly nos anuncia, con su característico sarcasmo, que pretende convertirse en el primer presidente homosexual e impotente de Perú, y no sabemos si de canalla sentimental pasará a ser un canalla político, pues con esta posibilidad viene coqueteando desde que se le ocurrió meterse a «analista» del acontecer político suramericano.

Tal vez Bayly añore sus años de estudio en la Universidad Católica y quiere matar este sentimiento reeditando sus pretensiones de ser político. Sin embargo, no debería olvidar su fracaso al apoyar la candidatura de Vargas Llosa, ni el profundo aburrimiento que le causó su programa cuando intentó dedicarse a entrevistar algunos políticos suramericanos.

Lo cierto es que Bayly acaba de cometer un desliz -algo raro en esta figura tan cuidadita intelectualmente-, a no ser que se apreste a ejecutar una de las mayores canalladas de la historia peruana: robarle a Alan García el cetro de la impotencia política nacional.

O será que Bayly terminará por ser otro de los monstruos fabricados en el sureste de la Florida? De todas maneras, nadie puede tomarse en serio a este niñito travieso de Miraflores, sin pensar que esta nueva provocación revela la gran fragilidad socio-política de Perú.

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