El empleo en España (III)

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El empleo en España (III)

4. Rigidez de las leyes laborales

La legislación española en materia laboral es excesivamente rígida y punitiva en contra de la empresa que se ve atada de pies y manos cuando se encuentra con un trabajador ineficiente. Es hora de que en España se plantee, desde el sentido común y sin demagogias, la conveniencia del despido libre.

Pero un despido libre con condiciones para el empresario. Un despido libre que obligue a los empresarios a invertir dinero en la formación de sus trabajadores, para que disfruten plenamente de su movilidad laboral y no se vean afectados por ningún despido.

En este mismo sentido, el Estado estaría detrás para respaldar con sus subsidios las épocas de desempleo friccional, que sería el único que realmente habría con una legislación laboral más abierta.

Y ésta es la única solución porque en la actualidad los empresarios no contratan a trabajadores que necesitan, o lo hacen en condiciones contractuales poco convenientes, ante el temor del despido, ante el temor de quedar hipotecados con ese trabajador para el resto de la vida útil de la empresa.

5. Falta de cualificación

En general, la sociedad trabajadora española es poco cualificada y poco adaptable a los cambios. Debido a los problemas endémicos de la educación española, a la falta de ética autoformativa de los trabajadores, y a la ausencia de planes de formación eficientes desde la empresa, los conocimientos de los trabajadores españoles quedan, rápidamente, obsoletos.

El primer gran problema es el de la educación, que debe de ser afrontado con valentía y con consenso de todas las fuerzas políticas. Una política educativa común en toda la geografía española no es conveniente sino necesaria para la buena marcha de la economía española. Por ello, la descentralización de este servicio público no es una solución adecuada sino una temeridad, de la que comenzaremos a sufrir las consecuencias en breve.

En segundo lugar, el trabajador español tiene cariz funcionarial. No entiende su trabajo como un proceso de aprendizaje continuo, no lo entiende como un medio para obtener satisfacción personal, sino que lo ve como un objetivo, como un objetivo conseguido, y, por ello, cuando lo consigue se relaja y abandona su formación, lo que le lleva a perder el tren de las nuevas tecnologías y las nuevas metodologías de trabajo.

Y, por último, las empresas españolas entienden el trabajo como un coste, no como una inversión. Intentan, por tanto, reducir la cantidad que destinan a ese menester, cuando, por el contrario, deberían invertir tanto como pudieran para maximizar los retornos positivos obtenidos del trabajo de sus empleados.

En definitiva, cinco puntos esenciales (productividad, rigidez de la demanda de empleo, rigidez de los convenios laborales, rigidez de las leyes laborales y falta de cualificación) que deben de ser abordados de manera rápida y eficaz.

Porque España se encuentra, ahora, en un momento clave de su historia. Eliminada la brecha histórica con el resto de Europa, y situada cómodamente entre las 8 economías más importantes del mundo (por valoración de PIB), la economía española debe de dar el salto cualitativo que la sitúe, de una vez por todas, en el lugar que se merece, y, para ello, necesita un ambiente laboral adecuado.

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