La creación de un pueblo

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Una sorprendente investigación del profesor de historia Shlomo Sand puede abrir un nuevo camino hacia la resolución del actual conflicto entre israelíes y palestinos.

Una característica de los tiempos que nos ha tocado vivir es el reforzamiento de las identidades de base étnica, que ha ocasionado una multiplicación de viejos y nuevos conflictos.
Sólo en el último tercio del pasado siglo, en África se han asesinado recíprocamente hutus y tutsis; en Iraq se enfrentan dos versiones de una misma religión; ciertas raíces basadas en una historia mitificada provocaron la guerra de Kosovo; pequeños pueblos caucásicos se alzan en armas contra los Estados de los que involuntariamente forman parte. La lista crece día a día.
En estas circunstancias, conviene mencionar la obra de un profesor de Historia de Europa de la Universidad de Tel Aviv, titulada Cuándo y cómo se inventó el pueblo judío (When and How Was the Jewish People Invented?), en la lista de libros más vendidos durante una veintena de semanas.
Un pueblo que sabe cuestionarse su identidad está ya en el camino más acertado para no dejarse arrastrar por mitos y leyendas sin fundamento que, tarde o temprano, suelen conducir a serios conflictos. Los españoles sabemos bastante de esto y en los dos últimos siglos ha sido frecuente en nuestro país la discusión sobre la naturaleza y el ser de España y los españoles. Recuérdese la machacona idea en la que fuimos educados algunos españoles, que atribuía a los Reyes Católicos la creación de una nación, lo que se ha demostrado ser tan carente de fundamento histórico como de bases científicas, al igual que la creencia tan común en Estados Unidos de que el mundo fue creado hace unos pocos miles de años.
Pues bien, el profesor Shlomo Sand sustenta en su libro la tesis de que la existencia de una nación judía, que necesitaba disponer de un hogar seguro -idea en la que se basó la fundación del Estado de Israel-, no es sino un mito construido hace poco más de un siglo. Basándose en rigurosos estudios históricos y arqueológicos, argumenta que los judíos no se exiliaron de su Tierra Santa y que la mayoría de la población judía actual no tiene ninguna relación histórica con el antiguo Israel.
El autor afirma que durante mucho tiempo los judíos se tenían por tales sólo por profesar una religión común. Tampoco asumían la idea de que tuvieran que regresar a la Tierra Prometida.
“El sionismo transformó la idea de Jerusalén. Antes era el lugar añorado, pero no para vivir en él. Durante 2.000 años los judíos no regresaron a Jerusalén, no porque no pudieran, sino porque su religión les prohibía el retorno hasta la llegada del Mesías”. A finales del siglo XIX, el sionismo refutó esas nociones y se desarrolló una historia nacional según la cual los judíos existían como un pueblo, con independencia de la religión.
Las deducciones del autor van más lejos. Afirma que los reinos de David y Salomón fueron leyendas. Otro tanto sostiene sobre el exilio: “Cuando empecé a buscar las bases históricas de los sucesos del exilio, no pude encontrar ninguna”.
Sostiene que Roma no expulsó a los judíos de Palestina en el año 70, sino que siguieron allí como agricultores y permanecieron en sus tierras. Cree que el mito del exilio fue fomentado por los primeros cristianos para evangelizar a los judíos: pretendían que éstos creyesen que Dios los había castigado expulsándolos de su tierra natal.
Para justificar la diáspora judía, el profesor sostiene que se trataba de una religión muy proselitista, que ya antes del cristianismo se estaba expandiendo al Norte de África y hacia el centro de Europa. Quizá lo más sorprendente de su tesis es la conclusión de que los palestinos son hoy, en gran parte, descendientes de aquellos judíos que permanecieron en su tierra natal y se convirtieron después al Islam.
La consecuencia política más rotunda del estudio del profesor Sand sería, por tanto, proponer la creación de un solo Estado palestino y la abolición del Estado de Israel, uno de los pocos Estados del mundo que se rige por principios étnicos. Siendo judíos y palestinos vástagos de una misma rama, el actual conflicto encontraría nuevas vías de solución.
Está claro que no va a ser así y que un solo libro no modificará las posiciones políticas tan atrincheradas de unos y otros. Al menos, el hecho de que el pueblo judío pueda discutir libremente sobre los fundamentos de su identidad es una valiosa contribución del mundo académico israelí a la resolución de tan grave problema.

POR ALBERTO PIRIS
* General de Artillería en la Reserva

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