Diálogo interno VIII (La hipocresía del libre mercado)

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Yo: ¿Qué hacemos en esta sección? ¿No deberíamos estar en Cultura y Espectáculos, como siempre? ¿Quién nos ha cambiado de lugar?
Superyo: Ha sido cosa mía.
Yo: ¿Y a qué se debe este cambio? ¿Para salir de la rutina?
Superyo: No, no, hay un motivo real que comprenderás cuando te explique.
Yo: Soy todo oídos.
Superyo: Tú eres economista, ¿verdad?
Yo: Al menos eso dice el título que tengo abandonado en un cajón del despacho, así que sí, debo de ser economista.
Superyo: Y como economista, ¿cómo definirías el libre mercado?
Yo: ¿Quieres una definición técnica y académica, o algo simple para que tú lo entiendas?
Superyo: A los simples siempre nos ha gustado lo simple.
Yo: Pues el libre mercado no es más que la organización de la economía de forma que el Estado no interviene ni en las decisiones ni en las transacciones económicas de los ciudadanos o empresas que forman la sociedad. Digamos que no es más que dejar hacer, dejar que los agentes económicos funcionen por sí mismos.
Superyo: Bien, veo que no estaba muy equivocado, era lo que yo entendía como libre mercado.
Yo: Vale, pero ¿qué quieres sacar con todo ésto? ¿Me lo has preguntado con el único objetivo de aparecer en la sección de Economía?
Superyo: No, te dije que había un motivo, ¿tienes ganas de reflexionar?
Yo: Hombre, no muchas, date cuenta de que me quedan tres semanas para irme de vacaciones, así que las neuronas ya están un poco reblandecidas.
Superyo: ¿Sólo un poco?
Yo: Un poco más, quería decir.
Superyo: Bueno, da igual, si no quieres reflexionar ya lo hago por los dos. Veamos, tú me dices que el libre mercado es dejar a los agentes económicos actuar por sí mismos, es decir, que ellos mismos, debido a su gestión, consigan beneficios o pérdidas.
Yo: Éso es.
Superyo: Bien. El otro día escribiste un artículo en el que decías que una de las conclusiones de la cumbre ésta maravillosa de Washington era mantener el libre mercado como forma de organización económica.
Yo: Cierto, ¿te gustó el artículo?
Superyo: No estaba mal, pero no profundizaste mucho, la verdad, me quedé un poco que ni chica ni limoná.
Yo: Vaya, ¿dónde has aprendido esa expresión?
Superyo: Ya ves, uno que está viajado, no, se lo escuché a un andaluz en un reportaje de éstos que están tan de moda.
Yo: Así me gusta, que te culturices con la televisión. ¿Para éso me paso yo horas y horas leyendo a autores eruditos? ¡Qué poca vergüenza tienes!
Superyo: Justo la misma que tú. Bueno, volvamos al tema que nos estamos yendo. Todavía suscribes lo que dijiste en tu artículo.
Yo: Siempre suscribo lo que digo en mis artículos, ‘el hombre es esclavo de sus palabras…’.
Superyo: Bien, o sea que los gobiernos del G-20, o G-21 o G-23, o lo que sea, dicen que van a defender el libre mercado, y éste es no es otra cosa que la libertad absoluta de los agentes económicos, tanto para bien como para mal, ¿correcto?
Yo: Sí, sí, correcto, pero no sé cuál es tu objetivo con todo ésto.
Superyo: La paciencia es una virtud. Veamos, estos mismos países que promulgan el libre mercado como única vía para crecer económicamente, ¿no han promulgado, a su vez, medidas proteccionistas?
Yo: ¿Cómo cuáles?
Superyo: Pues, por ejemplo, inyectar dinero para salvar a sus bancos nacionales, éso es proteccionismo, por ejemplo, inyectar dinero para salvar a sus empresas automovolísticas, éso es proteccionismo también, ¿o estoy equivocado?
Yo: No, no, estás en lo cierto.
Superyo: Entonces, ¿no es un tanto hipócrita el hablar de libre mercado y luego lanzar medidas proteccionistas?
Yo: Muy bien, sí señor, yo no lo habría explicado mejor. Tienes toda la razón. Digamos que los países poderosos quieren libre mercado para los demás y proteccionismo para ellos, así sus empresas están protegidas y pueden entrar en los mercados internacionales a proteger.
Superyo: Pero es una clara hipocresía.
Yo: Sí, es una lamentable hipocresía.

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