El trabajo os hará libres. Espido Freire. Editorial Páginas de Espuma. Noviembre 2008.

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El trabajo os hará libres. Espido Freire
El trabajo os hará libres. Espido Freire

            El trabajo os hará libres. Espido Freire. Menos cuarto. Noviembre 2008.

            Los catorce relatos de El trabajo os hará libres nos devuelven a la Espido de mundos propios, de universos paralelos de tierras situadas en el norte, con el frío de la nieve en las montañas y el frío de las malicias y las envidias; el mundo de los secretos y los cuentos clásicos, los niños precoces, sobre todo las niñas, y las mujeres de psicologías complejísimas, capaces de maldad a veces por puro aburrimiento. No por casualidad “El trabajo os hará libres” es el cartel con el que se recibe al visitante de Auschwitz, que es casi (o era) como entrar al infierno. Un nuevo cartel con palabras diferentes a las del de Dante, pero igual de inquietantes.

            Sin la brevedad de los Cuentos malvados, la rotundidad se mantiene.

            En algún caso se vuelve a percibir esa literatura del campo propia de un Delibes y, sobre todo, de una Ana María Matute contando sagas familiares tras la Guerra Civil, pero Espido tiene ese acento propio, esa capacidad de dotar a sus creaciones de ficción con un halo de misterio y malignidad, de extrañeza y frío que la vuelven totalmente singular. Hay algo de hipnótico en esta literatura, algo casi vampírico. Sus palabras, la peculiar personalidad de sus personajes está imantada para el lector que cae bajo su hechizo y del que resulta muy complejo salir, del que no se quiere salir. Como si se tratase de un laberinto inofensivo en el que pudiéramos sentir el miedo o la desolación o el frío sin temer que nos den mordisco alguno, sin llegar a sufrir sus dientes pútridos o congelados.

            El estilo sigue navegando sobre esa aparente sencillez del oleaje que te lleva suavemente donde ella quiere. No se complica en grutescos, no adorna con palabrería el texto. A veces quiere ser y es concreta, específica, detallada. Otras solamente sugiere, como un aleteo, aquello que el lector deberá imaginar. Con todo, y sin dañar la unidad de estilo del conjunto, cada relato tiene su cariz, su forma, su propia identidad y hay una pluralidad de voces, de Espidos, que se dejan ver, que se dejan sentir. Como si cada uno de los relatos dejasen salir una de esas notas características de la autora hasta formar esa melodía inconfundible, medieval y al tiempo decimonónica que subyace en sus canciones literarias, en sus romances antiguos, en sus protagonistas “hechiceras” que, con los solos trucos de sus imbricadas psicologías, saben hacer naufragar a los marineros o a las enemigas que se ocultan tras los rincones más insospechados.

            Ser más lista, saber vencer, es el juego de estas criaturas.

            Verlas triunfar, llorar, o esperar al príncipe que no ha de llegar o regresar, nuestro placer.

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