Volvemos al terror

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Escribo estas líneas mientras de fondo escucho la última hora sobre una noticia que ayer volvió a estremecer a España y, muy especialmente, a los ciudadanos del País Vasco y Navarra. La banda terrorista ETA volvió a asesinar, como antes, a un trabajador de sus tierras; a un ciudadano que ha paseado sin temor por las calles de su pueblo, Azpeitia; a un ser humano, en definitiva.

Apenas veinticuatro horas después del fatal suceso, ya ha comenzado la investigación y el presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatrero, y Mariano Rajoy han acudido al velatorio para compartir estos momentos con la familia del empresario. La rutina sigue siendo la de siempre. La pena es que resulte eso, una rutina que llevamos arrastrando ya unas cuantas décadas. A dos días de celebrar el treinta aniversario de nuestra Constitución, este país sigue sufriendo el terrorismo, asignatura pendiente desde su aprobación. Y todos seguimos preguntándonos… hasta cuándo.

Condeno y me sumo al sentimiento de la familia Uría, ni que decir tiene, desde mi humilde posición. Quizá estos conceptos sigan sin estar del todo claros para el lehendakari, Juan José Ibarretxe, quien ayer pronunció un discurso que tenía de repulsa poco más que la simple palabra. Soy joven, nací en democracia, pero eso no me impide sentir perplejidad al escuchar de su boca frases como «ETA ha matado a un hombre que fue más bueno que un pan». Las palabras se las lleva el viento, de todos es sabido. Pero los responsables y muchos de quienes tendrían en su mano alcanzar acuerdos y reducir estos hechos siguen arrojando palabras y más palabras. Y todos sabemos lo que eso significa. Ignacio Uría era bueno, no lo digo yo, lo dicen sus allegados y su familia, quienes realmente le conocían. Pero en un discurso del calibre de un representante público como el lehendakari quizá asuntos como éste se deberían sobreentender y apuntar lo que realmente pedimos los ciudadanos: soluciones, caminos de paz, progreso.

Considero deleznable cualquier acto de violencia, más aún si se trata de un asesinato. Y no comprendo que estos sectores violentos no acepten el progreso de ver unidas sus tres capitales en apenas media hora. Uría se encargaba de una empresa que trata, con la mejor intención, de ofrecer un servicio de transportes mejorado. Las obras del Tren de Alta Velocidad llevaban un tiempo iniciadas y ahora parece que la respuesta a la detención del jefe militar de ETA, Txeroki, ha sido el crimen contra uno de los empresarios que colaboraba con la causa. Parece que Euskadi debe ser Euskadi solo, con fronteras bien delimitadas y sin que no exista flujo de personas, animales ni cosas. Una postura muy inteligente, por cierto. Es mejor cerrarse en banda y no abrir los ojos a nada ni a nadie. Aprendieron bien la lección aquella que establece al hombre como ser autosuficiente. Para un nacionalismo siempre será un peligro ampliar las fronteras del territorio que defienda, eso no es noticia nueva. Los terroristas, por otro lado, no han preguntado a sus ciudadanos qué ideas tienen. Tampoco han preguntado a la hora de emplear servicios que vienen de fuera y que les han sido dados con toda la buena intención. Los han buscado y aceptado, muchas veces, casi sin mirar.

Tal día como hoy vuelven a resonar en mi mente palabras como violencia, cobardía, unión o cansancio. Ignacio siempre estará junto a nosotros. Lo importante ahora es seguir luchando por un clima de paz y dejarnos de monsergas y palabras. Ahora, una vez más, todos pedimos hechos. A todos, por cierto.

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