Sociopolítica

La Guerra en Goza contra la Paz en Tierra Santa y Medio Oriente

Guerra en Tierra Santa (Gaza)

 

Belisario Rodríguez Garibaldo 

Jurista, Periodista, Sociólogo, Analista Político, Profesor y Escritor. 

E-mail: [email protected] 

Web: http://www.pa/secciones/escritores/rodriguez_belisario.html 

 

  

De acuerdo que hay que detener al terrorismo de parte de Hamas, pero este terrorismo no justifica el terrorismo de Estado de Israel, que no guarda correcta proporcionalidad del uso de la fuerza militar. El terrorismo se define como “persona, grupo, milicia o Estado que cometa actos violentos contra civiles inocentes e indefensos con el propósito de generar terror”.  La comunidad internacional se encuentra tomando medidas para detener la escalada de violencia, impulsando un nueva tregua entre las partes beligerantes. 

 

De acuerdo que se requiere un compromiso por la paz entre quienes verdaderamente buscan la paz. Ahora bien, no siempre una fuerza insurgente se infiltra en instituciones, cuarteles, universidades, iglesias, escuelas, poblaciones, lugares turísticos, barrios, toda vez que esa puede ser la apreciación de la lógica militar de Estado, pero a veces ocurre que se confunde a la población civil descontenta por el conflicto (profesores, profesionales, clérigos, estudiantes, trabajadores comunes, comunidades, etc) con colaboradores del enemigo militar (insurgencia), a los cuales también habrá que neutralizar o abatir. Esa lógica militar siempre termina de exacerba el conflicto aun mas, dando además mayor fortaleza, justificación y apoyo social al terrorismo que se busca combatir.

 

El actual gobierno israelí tiene una inconfesable estrategia militar y política bien definida con esta acción militar: 1º Fortalecer su fuerza política ante la opinión publica israelí frente a las próximas elecciones, para demostrar su defensa de la ciudadanía israelí ante el terrorismo, de forma tal que la actual alianza de gobierno de centro-izquierda del Kadima (Centro) con Meretz (Laboristas) puedan detener el posible triunfo electoral de la derecha del Likud (Conservador) que es aun mas belicista ante el terrorismo. 2º Minimizar la fuerza militar de Hamas y su control político de Gaza para poder contribuir a que la Autoridad Nacional Palestina retome el control político y sea el único interlocutor válido en las negociaciones de paz. 3º Impeler para que EE.UU y el nuevo presidente Barack Obama tome mayor partido a favor de Israel frente al mundo árabe, de suerte tal que así prueban sobre su determinación política en el Oriente Medio.

 

 Las consecuencias inmediatas obtenidas con estas acciones son hasta ahora: 1º Muertos, heridos y desplazados de la poblaciones en la zona de Gaza, mas destrucción de infraestructuras en Gaza. 2º La nueva exacerbación de la violencia terrorista de Hamas (y otros grupos) hacia Israel. 3º Grave tensión con sus vecinos árabes, como Siria, Egipto, Jordania, Irán y otros. 4º Repulsa internacional por las muertes de población civil, de parte de gran parte de la comunidad internacional, medios de comunicación, sectores políticos mundiales, organismos de derechos humanos, Unión Europea y Naciones Unidas. 5º Imponerle el conflicto árabe-israelí como prioridad en la agenda exterior a EEUU al comienzo del mandato presidencial de Barack Obama, aun cuando él mismo apuesta por un papel menos beligerante, mas diplomático, pero de tutelaje en Oriente Medio. 

 

Aun la consecuencia mediatas, a mediano y largo plazo no pueden ser medibles o verificables, toda vez que dependerá del curso de los acontecimientos y el rol de los antes citados actores políticos en el Oriente Medio, pero todo vislumbra un escalda general de la violencia, de forma inexorable y de alcance regional. Ser requiere buscar el correcto camino para vencer los escollos que permitan reabrir el proceso de negociación de paz entre Palestina e Israel, sobre la base de retomar “la hoja de ruta” que fue antes promovida durante las conferencias de paz entre ambas naciones auspiciadas por el llamado cuarteto de Madrid (Europa, ONU, USA, Rusia). La “hoja de ruta” buscaba establecer las bases para la existencia de un Estado Palestino en coexistencia pacifica con el Estado de Israel. La misma se verificaría por tres fases.

 

La primera fase es el fin de la violencia Palestina (interna y contra Israel), mediante acuerdo nacional de todas las fuerzas palestinas, con el reconocimiento de las fuerzas palestinas y la mayoría de los países árabes del Estado de Israel, así como el reconocimiento por parte del Estado de Israel de la futura existencia del Estado de Palestina, con el cese indefinido de hostilidades militares entre las partes, además del retiro paulatino y consensuado de los colonos judíos de los territorios ocupados, y un posterior retorno realista, consensuado y paulatino de los refugiados palestinos a los territorios ocupados. La segunda fase pasa por la reorganización, consolidación y modernización de las instituciones políticas de la Autoridad Nacional Palestina, mediante apoyo económico internacional, así como la convocatoria a elecciones generales para la formación de gobierno en la Autoridad Nacional Palestina, respetando siempre a la voluntad electoral del pueblo palestino. La tercera fase llevaría a la negociación de una definición clara de las fronteras de ambas naciones, además de una negociación sobre el futuro de Jerusalén, con opción de que Israel deba ceder Jerusalén-Este como futura capital Palestina; finalmente culminaría con la proclamación internacional del Estado de Palestina, bajo el reconocimiento de las Naciones Unidas, quienes a su vez realizaría una misión permanente de verificación de los acuerdos de paz.

 

Esta era la “hoja de ruta” acordada por las partes, y en el cual habían quedado antes de la ruptura de las negociaciones. El camino no es fácil, pues tropieza con la debida voluntad de las partes, y sobre todo con la negación reciproca de los extremistas de ambas partes, pero también puede contar a su haber con la decisión de la buena voluntad de los moderados de ambas partes hacia culminar el proceso de paz, además del apoyo de la comunidad internacional, que con la cumbre de Anápolis, otorgo una posibilidad de un mayor reconocimiento de los países árabes al Estado de Israel, pero sobre todo otorga una esperanza de reabrir las negociaciones de paz, retomando la “hoja de ruta”, bajo el auspicio de la comunidad internacional. Al decir del Mahatma Gandhi : “No hay caminos hacia la paz, la paz es el camino”.

Sobre el autor

Jordi Sierra Marquez

Jordi Sierra Marquez

Comunicador y periodista 2.0 - Experto en #MarketingDigital y #MarcaPersonal / Licenciado en periodismo por la UCM y con un master en comunicación multimedia.

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