¿Las ideas de Marx para resucitar a Keynes?

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Resumen: El porqué los economistas no nos ponemos de acuerdo sobre qué medidas económicas son necesarias para salir de la crisis no es difícil de entender, hay economistas que simple y llanamente están imbuidos por la ideología de la izquierda.

Lo bueno de las ideas originales de Keynes es que no eran contrarias al desarrollo de la economía como ciencia, lo malo es que los representantes del marxismo quieren hacer suyos unos modelos para justificar su política intervencionista, dando por hecho que algunos modelos económicos son irrefutables.

Aunque a los economistas nos puede resultar menos difícil reconocer las razones por las que se inicia una crisis, solemos mantener serias discrepancias a la hora de intentar explicar cómo se pueden ver afectados los distintos sectores y actividades de la economía, así como qué medidas económicas se deben aplicar para solucionarla. A buena parte de la sociedad puede resultarle difícil comprender porqué los economistas no nos ponemos de acuerdo sobre qué tipo de medidas son las más adecuadas, o cuáles se deben aplicar en un determinado momento para conseguir corregir el rumbo de la economía, o para intentar esquivar e incluso salir de una crisis económica. El problema estriba en que existen una variedad de alternativas de política económica, diseñadas desde las distintas escuelas de pensamiento.

Lo que acabo de reseñar no es nuevo y forma parte del debate permanente de la macroeconomía. Después de todo, así es cómo progresa no sólo la economía, sino cualquier otra ciencia social. Le sucedió a John Maynard Keynes cuando introdujo sus primeros modelos que supusieron una ruptura con la tradición económica clásica del momento. Keynes intentó buscar un modelo que permitiera poner fin a la gran depresión de los años veinte. La primera gran recesión que sufrió la economía mundial. Hay quienes afirman que existen similitudes con los efectos de la crisis financiera que estamos viviendo actualmente. Hoy, casi noventa años después, aunque se ha avanzado mucho para entender el comportamiento de la economía y buscar los remedios adecuados a acontecimientos económicos adversos, sean estos propios o ajenos, hay quienes aún no han renovado sus conocimientos y pretenden utilizar ideológicamente la política económica keynesiana para extender su política claramente intervencionista, manteniendo su discurso apocalíptico sobre el fin de la doctrina liberal, y con el único fin de poder realizar sin oposición experimentos macroeconómicos de dudoso rigor científico, que pueden llegar a alterar seriamente la estabilidad económica de un país, así como traer consecuencias graves para su población, que se reflejarían en algunas macromagnitudes importantes, como la producción, el empleo, o el consumo, entre otras. A veces, tengo la impresión, de que los antiguos marxistas quisieran resucitar a Keynes, renovando su discurso en el keynesianismo para camuflar sus verdaderas intenciones, no sólo intentando engañar a los economistas, también a la sociedad en su conjunto.

En la macroeconomía naturalmente existen muchos modelos, como es lógico, algunos de los cuales han sido refutados porque no se verifican con la realidad, o lo están siendo actualmente por inconsistentes. Sin embargo, algunos de estos modelos a pesar de haber sido refutados continúan siendo aceptados por muchos economistas y en especial por determinados responsables políticos, sencillamente porque se identifican con determinadas ideologías contrarias al libre mercado, al mismo tiempo también ocurre que la aceptación o no de determinados modelos lleva a los economistas a identificarse con distintas «escuelas de pensamiento» en una suerte de adoctrinamiento por autocomplacencia. Cada escuela de pensamiento busca sus propias teorías que intentan difundir para que sean aceptadas por la mayoría de economistas. Cada escuela tiene su propia opinión y sus propias recetas para solucionar una crisis como la actual. No obstante, un buen economista debería cuestionarse siempre la validez de algunos de los modelos y no dejarse llevar simplemente por sus propios prejuicios, o por determinadas ideologías.

Quienes no participan del debate de los economistas deberían saber que la escuela keynesiana tiene sus propias propuestas, la mayoría muy distintas a las que ofrecía el propio Keynes. Si hemos de ser sinceros, muchos de los nuevos modelos conocidos comúnmente como keynesianos, no sólo fueron rechazados hasta por el propio Keynes, tampoco son compartidos por buena parte de economistas de hoy en día, salvo, claro está, por algunos economistas más favorables a la intervención pública. Por ejemplo, cuando los keynesianos crearon el modelo sobre la relación de intercambio entre inflación y desempleo (curva de Phillips) llegaron a admitir que era posible elevar el empleo soportando mayores tasas de inflación, lo que llevaría a muchos a afirmar que era posible elevar la demanda de la economía a través del gasto público para aumentar el nivel de producción y el empleo, aunque esto suponía según el modelo keynesiano, soportar una mayor inflación. Dicha teoría finalmente fue rechazada y corregida por la mayoría de las escuelas económicas, y hoy esta postura keynesiana ya no forma parte del acervo de conocimientos de los economistas más modernos, en algunos caos desde hace más de cuarenta años.

Sin embargo, alguno de los célebres modelos económicos, introducidos originalmente por el propio Keynes, como es el modelo sobre el comportamiento del consumo, sigue vigente incluso en nuestros días, siendo su principal argumento igual de válido para la mayoría de las escuelas económicas. En éste modelo se vincula la renta disponible de las familias con el consumo y el ahorro, aunque posteriormente se llegarían a ampliar los factores que explicarían su comportamiento, introduciéndose variables como los tipos de interés, las condiciones de los créditos, la riqueza, la evolución de la renta, las expectativas sobre la evolución los precios, etc. Lo bueno para la macroeconomía es que las ideas originales de Keynes propiciaron la participación de muchos otros economistas, en la búsqueda permanente de modelos que permitieran explicar mejor el comportamiento de la economía y poder predecir con mayor exactitud el cómo afecta a la economía cualquier alteración en determinadas variables clave, para de esta manera poder corregir el rumbo que pueda seguir la misma en caso necesario.

Aunque Keynes admitió tener serias dudas no sólo sobre muchos de los modelos keynesianos, sino incluso sobre algunos de sus propios modelos, su legado ha sido y es, lo suficientemente importante como para estar presente en casi todas las escuelas de pensamiento macroeconómico, entre la que se encuentran: la escuela monetarista, la neoclásica, los economistas de oferta, etc. Podemos por tanto decir, que todos los economistas somos herederos de una forma u otra de las ideas originales de Keynes, no así de algunos que autodenominándose keynesianos, pretenden apoderarse de su legado, para en su nombre justificar su propia ideología, siendo los peores enemigos no sólo del rigor científico de la economía, sino también del propio liberalismo.

Gunther Zevallos
Secretario General pCUA

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