La metamorfosis (Análisis de FITUR)

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Hoy escribo desde una doble vertiente, por un lado, y como cada día, desde mi posición de mediocre analista económico, pero hoy, y sin que sirva de precedente, también lo hago desde mi posición de profesional del turismo, así que estoy condenado a equivocarme el doble con mis argumentos y conclusiones.

Y me revisto de esta dualidad profesional para analizar FITUR, la Feria del Turismo que se está celebrando en Madrid en estos días, y que tiene el honor de ser una de las más importantes del sector turismo a nivel europeo y, por tanto, mundial.

Sin embargo, este año, como tantas otras Ferias que se celebraron en Madrid durante 2008 y este principio de 2009, está descafeinada, sin la presencia de gran cantidad de empresas del sector y con otras bajo mínimos, afectada, sin duda, por la crisis mundial.

Pero el sector turístico español no puede conformarse con echarle la culpa a la coyuntura económica mundial, y aguardar con los brazos cuidados a que ésta mejore porque si así lo hiciera estaría cavando su propia tumba.

Las tendencias turísticas mundiales están sufriendo una clara metamorfosis en los últimos años. España, hasta la década de los 90 del siglo XX, era el destino preferido por todos los turistas que buscaban sol y playa, debido a la excelente relación calidad-precio de los servicios que ofertaba, no obstante, esa preferencia por nuestro país ha desaparecido, ya que han aparecido otros destinos más económicos y con unos servicios parecidos, como, por ejemplo, Croacia.

¿Qué puede hacer España ante esta realidad?

La primera tentación de todo empresario al encontrarse con una competencia que ofrece el mismo producto a precios más económicos es la de bajar los precios o las tarifas para convertirse él o ella misma en competitiva. Sin embargo, éso es un error, porque siempre, y en todo caso, aparecerá un competidor que ofrecerá tarifas aún más económicas. Además, una vez que se “tiran” los precios es muy complicado volver a subirlos a valores “normales”.

La solución debería ser la inclusión de valores añadidos a la oferta hotelera española, es decir, que a los turistas extranjeros les compense pagar más por venir a España en lugar de pagar menos por ir a otro destino.

Abandonar la idea del turismo sol y playa es esencial para mantener la posición predominante de España dentro del sector turístico internacional. Debe apostar por los valores culturales y arquitectónicos, sin olvidar, por supuesto los climáticos, pero éstos deben de ser explotados más en el invierno que en el verano.

España tiene una ingente herencia cultural que todavía no ha sido debidamente explotada, a la vez que goza de una tradición arquitectónica envidiada por la mayoría de los países del mundo, y que tiene una gran potencialidad de atracción de turismo.

Por otro lado, España tiene un clima muy benigno, comparado con el resto de Europa. Por ello, debe de explotar el turismo invernal, tanto profesional (Ferias y Congresos) como de placer (Golf, Montañismo, Esquí).

Apostando por estos conceptos que añaden valor añadido a nuestra oferta turística, España conseguirá mantener el turismo como su principal industria económica.

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