Los intereses creados (Defendiendo lo indefendible: la Economía)

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Los economistas estamos en la cuerda floja, sin duda. Ya nadie confía en nuestros análisis y la sospecha es la primera reacción que recbimos cada vez que iniciamos una argumentación o comenzamos a reactar un artículo, como éste, por ejemplo, así que doy por supuesto que ahora estás sospechando de mí y de lo que te voy a contar.

Pero estoy seguro de que seré capaz de hacerte pasar de la sospecha a la sonrisa sarcástica cuando te cuente que voy a ejercer de abogado del diablo, postulándome como defensor del gremio al que pertenezco, aunque, eso sí, no de todos sus miembros, sólo de los economistas rigurosos, de los que emiten juicios de valor en función de los datos analizados y no en función de intereses creados.

Allá van mis argumentos de defensa, disuasorios, o no, son los que son:

1. La economía es una ciencia, pero una ciencia socal, por lo que no estudia el comportamiento de objetos inertes con reacciones homogéneas, sino el comportamiento económico de los seres humanos, cuyas reacciones se ven afectadas por miles de situaciones, las cuáles generan consecuencias diversas en función del grupo social analizado. Por tanto, la economía, como ciencia, tiene una complejidad esencial, la cuál, a su vez, la convierte en una ciencia tan apasionante.

2. La economía sufre la mala reputación que provoca el intrusismo abusivo y generalizado que contamina la profesión con predicciones inexactas e interesadas que reportan pingües beneficios en el caso de que la casualidad actúe en forma de hada benefactora y haga ciertas predicciones improbables.

3. La economía se alimenta de datos y de estadísticas, de cuyo rigor y exactitud dependerá el posterior análisis y últimas conclusiones aportadas. El problema es que los datos sufren una evidente contaminación que afecta al análisis ejecutado. Los datos varian de manera significativa en función del organismo que los aporte, por lo que la conclusiones de un economista no dependen ya solo de su pericia profesional, sino también de los datos que escogió para realizar el análisis.

4. La economía no es una ciencia exacta, por lo que no puede predecir cifras exactas. Las matemáticas nos dicen que si sumamos 3 más 3 obtenemos 6, pero la economía no puede arrojar una cifra exacta de desempleo, por ejemplo, si le introducimos unas cuantas varibles. Sin embargo, la sociedad reclama predicciones numéricas y absolutas, ante lo cuál los falsos economistas hacen cábalas y lanzan una cifra, más o menos al azar, la cuál, de hacerse realidad, les hará convertirse en gurús a los ojos de los ignorantes.

Sé que no te he convencido con mis argumentos, y que ahora mismo estás pensando que te estoy vendiendo una película sin guión reseñable, te lo acepto, pero espero, al menos, que este artículo, si has sido capaz de aguantarlo hasta ahora, te haga reflexionar dos veces antes de fiarte de los cuentos chinos que te cuente el primero que se cruce en tu camino haciéndose llamar economista.

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