Virginia o el interior del mundo. Álvaro Pombo. Planeta. 2009

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Virginia o el interior del mundo

           

Virginia o el interior del mundo no sólo tiene la originalidad, tan de agradecer en nuestros días, de no centrarse en la Guerra Civil Española, sino de atreverse a ser un producto diferente. Se podría decir que su atmósfera es la del Santander regio de principios del siglo XX; se podrá decir que se analiza la forma de vida de los burgueses de una tercera y/o cuarta generación; cabría incluso decir que se critica la intervención colonial en Marruecos o que se pone en tela de juicio la existencia de otra vida y la fe en un más allá en base a una caricaturización de personajes.

 

 

 

            Pero creemos que todo eso no es más que un telón de fondo, una película que se proyecta o una música que sirve de soporte al mensaje real y profundo del libro. El título nos da la clave. Por un lado Virginia, que significa Virgen; por otro el interior del mundo. El interior de esa virgen es donde se proyecta la no-historia de esta novela. Los hechos suceden pero como si no lo hicieran; el tiempo transcurre, pero con la subjetividad elástica o encogida de la vida mental y emocional. Todo pasa por el tamiz del pensamiento estéril de una mujer que quiere ser y actuar, pero que finalmente se abandona a la costumbre del existir plácidamente y con incomodidad interior, lejos, sin embargo, de la dejadez de su clase entre acontecimientos sociales y bien vistos. Algo que pudo ser y no fue. Una historia que se pudrió con la muerte y una mujer que, en su anacoretismo, decidió involuntariamente también pudrirse en esa historia no sida.

            El estilo de párrafos largos, interiores, descriptivos y un punto filosóficos, hace de la novela una obra para amantes de una lectura sosegada, ajenos a las tentaciones del género de aventuras y acontecimientos continuos con sorpresas encadenadas cada dos páginas. Y, con todo, Pombo, que no deja de dirigirse al lector durante toda la obra, especialmente al principio y al final: “¿Cómo crees tú, lector hipócrita, semejante mío, hermano mío, que se aparecen los aparecidos?, no es extraño a la ridiculización, al humor y a la crítica feroz hecha con apariencia de seriedad y elegancia. En el tratamiento ordenado, y puntillista casi, de ciertos personajes como los Bárcena, tan bufos, provoca una hilaridad que si bien no estalla en carcajada hace levantar la ceja más de una vez.

            Se ha apuntado que la novela tiene precisamente dos partes diferenciadas por el antes y el después de la llegada de este matrimonio que juega a las sesiones de espiritismo, tan de moda en la época. Y es cierto, pero cabría decirse que hay dos etapas intermedias antes de llegar a este punto, marcadas por el doctor Anselmo y la abuela Sahagún. Ambos personajes inciden también psicológica y materialmente a la protagonista, esa conciencia desvaída, perdida y estéril en su querer aferrarse a la nada de su soledad y su recuerdo; tan nimio, por otra parte.

            La decadencia burguesa está apuntada, la vida de una señorita de provincias también hasta cierto punto, pero la historia en sí parece no estar compuesta de acontecimientos, aunque en realidad los haya, porque no se presta atención a los mismos, sino a ese devenir del alma o del pensamiento de Virginia, que permanece virgen, derivando hacia la soledad y la nada. La vida interior, que a veces parece ausencia de vida por falta de vida exterior, es, a nuestro parecer, el asunto fundamental del libro, una vida interior analizada desde fuera, desde dentro, con las múltiples posibilidades del narrador omnisciente y omnisapiente. Lo que sea esa vida interior o lo que interprete cada lector que es o significa esa vida interior es harina de otro costal.

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