Carta escrita por una mujer (A una mujer del pasado, del presente y del futuro)

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Desde un lugar de La Tierra, siglo XXI

Querida Desconocida:

Muchos días y muchas noches me separan de tu historia, pero hoy, como ayer, nos entregamos a la vida envueltas en una piel de mariposa, sensibles y con ansias de volar.

A veces miro las montañas inexpugnables del tiempo, que me impiden llegar a ti; entonces cierro los ojos y veo que sonríes con el alba, que te emocionas ante una puesta de sol o soñando con las estrellas. Que era la misma luna la que, noche tras noche, se convertía en confidente de nuestras historias de amor.

Hoy he tenido la dicha de escuchar tu voz: “Llevé la mano sobre el vientre y sentí la vida dentro de mí. Después apoyé la cabeza con agrado sobre el hombro de mi compañero que se mostró complacido. En las noches que siguieron nos sentábamos alrededor del fuego que calentaba la fría y oscura cueva. Pocos sabíamos del pasado y nada del futuro. Simplemente vivíamos”.

En ocasiones te he visto correr descalza, con el cabello desmelenado al viento, bajo la transparencia de tu túnica griega. Jugabas con la blanca espuma, gritando amor. Más tarde, sentí el llanto de la madre desconsolada cuando entregabas a tu hija al susurro de las olas.

Siglo tras siglo he llorado tu dolor y he aplaudido tu rebeldía. ¡Cuánto hemos luchado! En las puertas del siglo XXI aún pagamos nuestra libertad con lágrimas de sangre. Y de mujer a mujer del siglo XXI también a ti me dirijo, aunque no conozca tu rostro ni sepa tu nombre. Esta noche apagaré la luz y pensaré. Mañana será otro día. Me levantaré temprano, subiré a mi coche viejo y me iré a trabajar como millones y millones de mujeres de todas las ciudades del mundo, marionetas automáticas del gran teatro de la vida bailando un único son, marionetas en un planeta agonizante plagado de ciudades deshumanizadas. Encontraré a mucha gente en mi camino y no tendré a quien saludar. Después me enfrentaré a los usurpadores de almas, una especie de seres que quieren robar el alma ajena y construirse con ella un paraíso de honestidad que desconocen, porque, al fin y al cabo, ¿qué es un hombre sin su alma? Mas yo no dejaré que me roben la mía que tan fielmente está pegada a mi piel, y que por los poros de su inconsciencia, también de su voluntad, rezuma lealtad para con el prójimo y es la herencia que quiero dejar a las generaciones futuras, pues todavía, amiga mía, hoy por hoy, nos mueve la fe. La fe de creer en nuestra condición de mujeres abiertas al futuro, de mujeres que aman y saben ser amadas. ¿No es acaso el amor la rueda mágica que hace girar el mundo? Yo, como tú, me estremezco con los besos de mi amante. He tenido su fresca juventud y gozado con sus palabras de deseo. Ahora tengo el calor de su sonrisa y aún me conmueven sus ojos. Mañana, no lo sé, confío en su mirada.

Y a ti, ¡qué puedo decirte! He tenido noticias de tu muerte y he sentido la fuerza de lo imposible, pero no me resigno a cerrar la puerta. Sé que seguimos soñando. Tú allí, desde tu cielo; yo aquí, rodeada de esperanza, hasta que un día nos encontremos de nuevo en el silencio de la noche.

En fin, en este maremagnum de sorpresas que supone vivir día a día, en este universo de ayer y hoy, todas somos mujeres de carne y hueso con el alma tan blanca como la aurora que cada amanecer nos tiende su mano.

Mi recuerdo siempre para ti, querida desconocida.

Una mujer del siglo XXI

P.D.: Recuerda que tú, como yo, donde quiera que esté tu hogar o tu tiempo, siempre serás “la que lucha, la que sueña, la que llora y sabe despertar, la que presta su mejilla a los besos del amor, la que remonta con alas de águila el sueño de la vida”.

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