Entrevista a Carlos Herrero. Un cuentista sin pelos en la lengua.

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Cuentos rotos.
Cuentos rotos.
Carlos Herrero
Carlos Herrero

Uno de los últimos libros que reseñábamos en Ellibrepensador era Cuentos rotos de Carlos Herrero. Hemos querido profundizar en estos relatos fantásticos y dolorosamente realistas a un tiempo por cuanto parecían ofrecernos en cuanto al análisis de nuestra sociedad y de nuestra propia vida incrustada en ese entramado social que niega la muerte, que quiere escapar del tiempo y de sus transformaciones impuestas y para ello nada mejor que contar con las propias palabras del autor sobre su obra.

 

 

ELLIBREPENSADOR: ¿Cómo ha sido acogida tu obra? En nuestra reseña nos atrevíamos a decir que hay dos formas de leer la misma, ¿cómo ha querido acogerla el público?, ¿qué te han dicho los lectores? 

            CARLOS HERRERO: La gente me ha dicho que le ha gustado mucho, tal historia, tal otra. Aún nadie me ha dicho que le ha servido para vivir mejor, al obligarle a pensar, que es lo que he intentado, egoístamente. Yo actúo siempre por interés propio, es más noble. Al mejorar ellos, todo el mundo, el mundo, se me ayudará mejor a mí. Por ejemplo: ¿conviene enseñar yoga obligatoriamente en los institutos? ¿Es más importante que las matemáticas, para que ese adolescente experimente una vida más plena y feliz? ¿Se beneficiarían las empresas y los individuos por igual de una hora al día de yoga cada mañana? ¿Por qué el Reiki funciona? Obviamente ocurre todo, solo, a nivel mental. No tengo las respuestas.

 

            EL: ¿Es una sensación mía o hay una crítica abierta al materialismo imperante en la sociedad, digamos occidental, de nuestros días?

            CH: No lo sé, en principio a mí el materialismo me parece muy bien, la actitud, el camino correcto. Pero que la gente piense bien. Que se viva un materialismo inteligente. Esto es: somos materia y tenemos propiedades, habilidades, capacidades. Una de nuestras propiedades es que envejecemos y morimos, es una tontería absurda pero es así y tiene consecuencias. Por ejemplo: los mormones (¿cuántos millones son?) bautizan a los muertos y veneran a sus antepasados.

 

 

            EL: ¿Cómo fue hacer hablar a Dios en uno de tus cuentos? ¿Qué querías decir cuando el odio o la reprobación a Dios une a los diferentes pueblos religiosos?

CH: Yo he estado muy enfermo y ninguna religión me ha salvado. ¿Para qué sirven las religiones? Consuelan, tienen en cuenta, sobre todo a los drogadictos, a los inválidos, a los enfermos, a las viudas, a los desesperados, a los presos, a los pobres, a los viejos, a los huérfanos, a las putas, a los que no encuentran un sentido en sus vidas y etcétera y etcétera y etcétera. Consuelan, tienen en cuenta, a la gente que más lo necesita.

Y a ti, aunque te vaya bien, y no seas nada de esto, no puedes dejarlas a un lado, acabar con la religión y olvidarte de los que más lo necesitan, porque lo mejor del ser humano, de ti, es compasivo y solidario y bueno. Y mejor cuida lo mejor de ti.

La religión, a mi modo de ver, en el mejor de los casos es un pensamiento positivo.

En el peor asesina, por estupidez, o unos hijoputas ansiosos de poder = estupidez, pero muy peligrosa. Las religiones han hecho y hacen mucho daño. Por ejemplo ese asunto de no utilizar preservativo, con el Sida por ahí jugueteando: no están siendo prácticos, se quedan aprisionados en sus teorías, sus creencias de cómo es la realidad, la vida (con esta de aquí y otra eterna, ¿pero en qué se basan?, ¿realmente creen ustedes eso?, ¿una vida eterna?, ¿por qué?, es obviamente un consuelo, una mentira). Es como si, en su día a día, ustedes actuaran como que todo el mundo ama al prójimo (también lo dice la teoría), y no trata de aprovecharse de él porque estamos bautizados y usted pone su casa a nombre de otro porque se fía.

Nunca dejen que la teoría les joda, en la vida, la práctica. ¿Cómo han aprendido ustedes a follar, en un libro? ¿Y a usar sus manos?

 Pero el asunto de Dios y las religiones es muy complicado (¡lo importante que son para el hombre!, ¡lo que han asesinado en los siglos!, ¡lo que siguen asesinando!) porque la verdad y el sentido son siempre inalcanzables, muy subjetivos: 

a.- Jesucristo predicaba amor ante toda circunstancia y aceptación serena del sufrimiento y de la muerte.

b.- Jesucristo, una personalidad violenta, se hizo matar a los treinta y tres años.

Repito que yo no tengo las respuestas. Me gustaría que un consejo de médicos, yoghis, psiquiatras, críticos literarios y religiosos se reunieran y crearan una religión mundial que acabara con la lacra actual. Una religión que respondiera a cómo viviríamos mejor, todos, más felices, disfrutando más. No hay otro objetivo en la existencia. De nuevo aquí tengo más preguntas que respuestas: ¿Es necesaria una vida eterna? ¿Un premio o castigo según se actúe, piense o sienta en esta yincana que es la vida? ¿Es la confianza en uno mismo inferior al conócete a ti mismo? ¿Necesita el ser humano de otro ser que asuma la responsabilidad final de sus actos? Porque es un alivio: que uno no sea culpable de sus errores. ¿Pero puede un hombre ser culpable de algo? ¿Es uno mismo, egoístamente, más feliz, teniendo un sentido en su vida? ¿Y es necesario adorar a los antepasados como los mormones (es un modo de quererse y respetarse más, todos, enseguida, seremos antepasados)? ¿Remontándonos hasta el mono? ¿Por qué no ir más allá y adorar al musgo, las merluzas y las aceitunas negras? ¿Qué haces cuando en tu vida ocurre una catástrofe, tengas la edad que tengas, siempre es injusto, una enfermedad grave, a qué te agarras?  La alegría parece la actitud vital correcta en todas las circunstancias. Y qué largos y sabrosos son los minutos, cuando uno va drogado de marihuana. ¿Pero tiene consecuencias? Si me drogo todo el rato mi vida COMPLETA será peor? Y etcétera y etcétera.

 

            EL: Hay algunas características compartidas por algunos personajes y cuentos que hacen pensar en un todo, un mundo cerrado de relatos con vasos comunicantes: la preocupación por el tiempo (por ejemplo las canas en los coños); la resistencia a morir (inventos varios o quejas para evitar la muerte)… ¿El libro se planteó así desde el principio o fue surgiendo?

            CH: El libro, la verdad, no tuvo ningún planteamiento. Yo tenía las ideas de las historias: a una mujer le sale una polla, ¿qué ocurre, hace, piensa? Y luego muchas reflexiones, temas que me interesaban a mí, en los que ya había pensado. Hice un popurrí con esas ideas y frases sueltas que tenía escritas en mis cuadernos. Poco a poco la cosa fue organizándose, escribía también varias historias a la vez y añadía y colocaba.

 

            EL: ¿Cómo fue imaginar que una persona querría sentir lo mismo que un espárrago, es decir, aproximarse al estado de coma, al estado vegetativo?

            CH: No lo sé. Una broma a lo mejor, sacada de Cioran: “Señores, a pesar de su aspecto, ¿no sería mejor ser cardo o coliflor?”, nos pregunta el humorista Ciorán. Y yo estaba muy herido, ser cualquier otra cosa parecía mejor que ser yo. Así que me dije: “Yo también voy a hacer reír”.

 

            EL: Te has metido en la vida de varios personajes femeninos y se puede decir que ninguna de todas ellas es feliz, son mujeres en busca de un acercamiento emocional que no encuentran… ¿por qué crees que es así?

            CH: Porque no sabemos querernos. No sabemos ser amables con nosotros mismos. ¿Quién se repite continuamente: ‘me quiero, me quiero, me quiero’, continuamente?  ¿O: ‘no dolor, no dolor, alegría, alegría, no dolor, no dolor’? ¿O: ‘yo quiero felicidad, haga lo que haga, enfrente lo que enfrente, que mi felicidad no tenga nada que ver con la realidad, porque la realidad siempre se jode: enfermar, envejecer, morir?’. No sabemos hablar con nosotros mismos, cuidarnos, querernos, ¿cómo nos va a ir bien en el amor? Las mujeres que conozco yo no son felices.

 

            EL: En uno de los cuentos se llega al canibalismo como medio para alargar y rejuvenecer la existencia. ¿No es esto algo que ya estamos practicando de forma solapada e hipócrita? ¿Es eso lo que has querido enunciar?

            CH: No, para nada. No quise enunciar eso para nada. La cosa se me ocurrió así: yo había vivido siempre entre personas y me compré un perro. Como estaba muy enfermo, durante año y medio he permanecido el día entero tirado en la alfombra, en casa, solo, drogado, con él, aprendí a quererlo y respetarlo mucho. Drogado pensaba: ‘yo tengo unas propiedades y él tiene otras propiedades: ladrar, andar a cuatro patas, cuando mea las esquinas es importantísimo. Sus capacidades, su vida, es tan digna, importante y válida como la mía’. Aún creo esto. Y pensé que si en vez de un perro me hubiera comprado un cerdo o una vaca pues la querría igual. ¡Y todos comemos vacas! ¿Era aquello justo, lo que le hacíamos a los animales? Decidí, por amor, por respeto, reivindicar el punto de vista de los animales. Me ha salido, lo reconozco, algo bruta la historia.

 

            EL: Segundo libro publicado por Barataria. ¿Dónde se han quedado los nervios  del novel? ¿O se prolongan como la sombra del ciprés?

CH: Yo soy una persona nerviosa, hace años que no me da el sol. Tampoco estoy fuerte todavía, sigo curándome, física y psíquicamente. Me repito, me recuerdo todo el rato, que ansío el no dolor y la alegría. Del primer libro no me enteré de nada. En este, los nervios me enganchan la tripa y yo quiero estar sano, feliz. Voy poco a poco con la promo.

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