Aeropuertos

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Bangkok, 31 de marzo

Había hecho el equipaje, había optado por viajar en avión…

Aeropuertos. Conozco muchos y casi todos son abominables. Depende, entre otros factores, de su tamaño. Los hay, claro está, diminutos, abarcables y a veces, inclusive, adorables. El de la isla tailandesa de Kosamui, por ejemplo, en la que no se puede construir edificio alguno que rebase la altura de una palmera, y todavía, aunque roce ya la desmesura, el de Pnom Penh.

En el sector de salidas de éste funciona una cafetería que despacha exquisitos tentempiés -no los he probado mejores en ningún otro aeropuerto del mundo. Es el toque francés. Los camboyanos han perdido la lengua del país que los colonizó, pero no su esprit de finesse gastronómico- y una excelente librería especializada en guías de viaje. Hay en ella muchos títulos de la Lonely que en Vandalia es imposible encontrar. Los españoles, ya lo dijo Vossler, siempre han sido hispanocéntricos. Su viaje favorito, excepciones aparte, es el que gira y gira alrededor de su ombligo.

-¡Pero Dragó! ¡Ahora hay muchísimos que viajan a todas partes!

-Sí, pero siguen mirándose el ombligo, refunfuñando, diciendo que como en Vandalia no se vive en ninguna parte, hablando a gritos, dando el cante rociero y deseando volver a casa disfrazados de coronel Tapioca o de Tintin en el Tíbet para presumir antes los vecinos, enseñarles los souvenirs comprados en los todo a cien de los mercadillos para turistas gilipollas y aburrirlos con los vídeos horteras grabados a troche y moche mientras la parienta hace el signo de la victoria ante la cámara con sus dedos gordinflones. Lo único que les interesa es ir de shopping. ¡De shopping! ¡No te fastidia! Yo, en cuanto los veo, finjo que soy esquimal y pongo cara de póquer. Mí, no entender, ya sabes, como si fuera un piel roja de espagueti western, y a otra cosa.

-¿Y si te conocen de tanto salir en la tele?

-Ya. Eso es lo malo. Pues nada… Me niego a mí mismo. Digo que soy Pepe Navarro o Jesús Hermida.

-Mejor, ya puesto, Harrison Ford.

-Eso sería muy peligroso. Lo mismo les daba por ligar.

-¿A quiénes?

-A las parientas de dedos gordinflones.

Aeropuertos, decía… Los tres peores, siendo casi todos malos, son el de Heathrow, el de Fiumicino y el de la Terminal Cuatro de Barajas. Procuro evitarlos, como es natural, pero no siempre lo consigo, sobre todo el último de los citados. Escojo, en la medida de lo posible, vuelos que no hagan escala en ellos y líneas aéreas que no los utilicen. La Thai, sin ir más lejos, sale de la Terminal Uno, que es relativamente agradable y no está superpoblada.

-¿Y los mejores?

-Los mejores son el de Osaka, cuyos bares de sushi son extraordinarios, y más aún el de Bangkok, en el que podría quedarme a vivir.

Volveré sobre él. Da para mucho. Sólo tiene un defecto: no es difícil toparse en él con turistas llegados de Vandalia, y casi todos ven la tele.

Sin comentarios. Suyo afectísimo, Harrison Ford.

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