El precipicio

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El precipicio se presenta ante ti, tentador, inabarcable, final, injusto, forzándote a tomar una decisión, saltar y exprimir el jugo a la vida, a riesgo de perecer en el intento, o quedarte donde estás, seguro, estable, inquebrantable, etéreo y ausente.

Valoras tus opciones como te enseñaron tus mayores, apoyas tu análisis con los nunca bien ponderados pros y los injustamente defenestrados contras, piensas en tu pasado, en tu presente y en tu futuro, y aliñas todo tu razonamiento con algo de sueños ajados, de ésos que nos prestan pero que luego nos roban sin preguntar.

Si saltas serás feliz, lo sabes, pero sólo si sobrevives, lo temes. Abajo, allá donde la vista no te llega, está el pozo de la felicidad y todo el que bebe de sus aguas llega a ser feliz para el resto de su vida, independientemente de lo que ésta le tenga preparado, pero es peligroso, un riesgo que no se puede valorar de manera cuantitativa, un riesgo cualitativo que se puede tomar, o no.

Si no saltas vivirás el resto de tu vida en el colchón de la estabilidad, infeliz, pero sabiendo a que atenerte, conociendo lo que la vida te depara cada día, sin estar sujeto a sorpresas, ni positivas ni negativas, una rutina cómoda y satisfactoria pero no garante de la felicidad.

¿Qué decisión tomar?

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