Cultura

Cenas y zonas

Sigo viajando por tierra, mar, río y aire. Anteanoche, todavía en Bangkok, cené toneladas de cangrejo al curry en compañía de tres periodistas españoles: David Jiménez (corresponsal de El Mundo en el sudeste asiático), Juan Pablo Cardenal (corresponsal de El Economista en Pequín) y Angel Vilariño (corresponsal de La Razón y del diario Reforma, de Méjico, en la misma zona. Ahora lo envían a la terrible capital de China). Nos acompañaban las mujeres de los dos primeros y la mía.

Fue una cena fantástica. Da gusto estar con personas así. Nadie desmerecía. Simpáticos, cultos, libres, ingeniosos e inteligentes. El restaurante estaba animadísimo. La conversación, amena a más no poder, fluía. Los cangrejos, en vez de caminar hacia atrás, lo hacían hacia delante: se iban derechitos a nuestros estómagos, que les brindaban gozosa hospitalidad.

Pensaba yo luego, mientras volvía al hotel, en otra cena: la que dos días antes, en la plaza de Oriente de Madrid, habían celebrado (es un decir, porque tales muermos son de lamentar y no de celebrar) gentes muy distintas, agrupadas con servilismo palaciego y papanatismo hispánico en torno a un individuo cuyo único mérito es el de presidir la república francesa.

Fabio, las esperanzas cortesanas…

Y no podía yo por menos, aunque la corrección política me lo desaconsejara, que establecer in mente enojosas comparaciones entre la cena que acababa de celebrar (celebrar, sí) y la que, en escenario muy distinto, sometida a todas les estupideces del protocolo, la etiqueta y el pavoneo, y por nadie, al parecer, lamentada, cabía definir con el título de una película francesa. Sobra aclarar que aludo a La cena de los idiotas.

Había allí, según el homenajeado, por lo menos uno, pero ese cómputo es muy optimista. En la otra cena, la de Bangkok, todos los comensales eran gentes de muchas luces.

-¿Y usted, Dragó?

-¡Pues que quiera que le diga! Yo, también.

Al menos si se me compara con quien no tiene más mérito que el de presidir el peor gobierno de la historia de España.

La verdad es la verdad, incluso aunque la diga Sarkozy.

Por cierto: cámbiele Gallardón el nombre a la Plaza de Oriente y recalifíquela con el de Plaza de Occidente. Es más propio.

Hay cenas y cenas, como acabo de demostrar, pero también hay zonas y zonas. Yo me quedo, en ambos casos, siguiendo a Bartolomé del Alcázar, con las jocosas. Quédense las odiosas para los monos que se visten de seda y no saben que Spengler tenía razón.

Prisiones son las segundas do el ambicioso muere y donde al más altivo nacen canas.

La ensalada y salpicón hizo fin… ¿Qué viene ahora? ¡La centolla, oh, gran señora, digna de veneración!

Va por vosotros, David, Ángel, Juan Pablo, compañeros y caballeros del periodismo andante… Conmigo venís en este avión de la Thai, mi corazón os lleva. ¿Cenamos esta noche en Ubud?

No os pongáis corbata. Habrá tortilla de hongos. Ya he encargado las langostas y los afrodisíacos. ¿Busco chicas o vais a venir con vuestras santas? La mía no es celosa. ¿Por qué iba a serlo? A mi edad, ladro, pero no muerdo.

Sobre el autor

Jordi Sierra Marquez

Jordi Sierra Marquez

Comunicador y periodista 2.0 - Experto en #MarketingDigital y #MarcaPersonal / Licenciado en periodismo por la UCM y con un master en comunicación multimedia.

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