Celos de las musas

0
146

Hace días que no sonríes, y me pregunto la razón. Te miro mientras trabajas en tu novela y noto como la angustia se te escapa por la yema de tus dedos, presiento que el final de tu historia será trágico pero no llego a dilucidar si se trata un drama real o ficticio.

Me miras inerte y regresas a tu ordenador sin pronunciar palabra, sólo un inextricable gemido de indolencia vital. Suena el teléfono y no pareces comprender la procedencia del sonido, embarcada como estás en las procelosas aguas de la creación cuya música celestial está compuesta sobre un pentagrama en forma de teclado de ordenador.

Conozco este estado, ya lo sufrí antes, pero aún así me sigue sorprendiendo. ‘Son las musas’, me dijiste en una ocasión y no supe que contestarte, no supe si sentirme celoso o afortunado de que tan dignas señoras vinieran a llevársete de mi lado.

Me limito a tomarme un café junto a ti, mientras releo los relatos inspiradores de Borges, tratando de que él me explique si tu enfermedad es grave, si debiera preocuparme por tu salud o ignorar tu estado hasta más ver.

Cuando te conocí ni las musas te podían apartar de mí, siempre las dejabas a un lado para estar conmigo, pero ahora las cosas han cambiado, ahora son ellas antes que yo y no yo antes que ellas, y me siento apartado.

Sé que soy un egoísta pero siento celos de las musas, siento celos de tu creación, siento celos de que me abandones por tu novela, soy un mal tipo, lo sé, pero no lo puedo remediar.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here