Casa Museo de la Seda. Requena.

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           Casa Museo de la Seda                                                                                                            Casa Museo de la Seda. RequenaHay ciertas localidades que se están tomando la molestia de mantener y afianzar su patrimonio histórico y cultural, sus recuerdos colectivos; y dedicando la energía y los medios para impedir que el pasado se pierda definitivamente. Requena es una de ellas. Su centro histórico está siendo restaurado y rescatado con delicadeza, con mimo, con mucha atención a los detalles. Uno de los ejemplos sería la Casa Museo que me ocupa, pero todo el recinto amurallado está resurgiendo (una iglesia convertida en sala de exposiciones, una plaza impecable, una torre bien afianzada, casas remozadas que conservan su vieja estructura y donde se descubren viejas grisallas de temas religiosos…).

 

 

Pasé por esta ciudad valenciana con motivo de la presentación de la última revista Oleana (número 23) en la que había una importante colaboración cultural de carácter indumentario. Esta revista es ya, de por sí, una demostración de esos esfuerzos para mantener vivas las maneras y costumbres, los usos, los documentos de lo que ha hecho a esta ciudad hasta llegar a lo que es hoy.

Ya viajé en 2008 a esta capital (pues realmente lo fue) de la seda. Sin embargo aún no estaba preparada la Casa Museo, pues su rehabilitación y su adecuación como lugar abierto al público no han debido ser fáciles, ni cómodas, ni baratas… ni, en consecuencia, cortas.

Sin embargo el resultado lo ha merecido. El inmueble, cuya antigüedad no se certifica, fue adquirido en 1.740 por el Gremio de tejedores de la Seda para funciones administrativas. El azulejo con San Jerónimo, patrón del oficio, así lo certifica desde la fachada. Requena llegó a ser la cuarta ciudad más importante de España en cuanto a la industria de la seda: novecientos telares llegó a tener en el siglo XVIII, pero la decadencia le llegó de la mano de la automatización del proceso y de las máquinas que cambiaron el negocio, volviendo los medios artesanales nada rentables. La última fábrica dedicada a la producción sedera cerraba definitivamente en 1970. Treinta y nueve años más tarde este lugar rescata del olvido esa bella empresa desaparecida. Por todo ello este lugar era el más indicado para convertirse en lo que hoy es.

Y el trabajo de recopilar información, muebles de diferentes épocas, utensilios y herramientas propios del oficio, y disponerlos de forma coherente, atractiva y profesional, pero nunca fría, ha sido un muy buen trabajo. Los tres pisos en los que se despliega el Museo (la planta baja contiene la tienda donde nos recibe una encantadora mujer, creemos que miembro de la familia que ha levantado todo esto) se distribuyen en tres plantas. En la primera de ellas una especie de saloncito y cocina antiguos, donde se expone una copia de las Ordenanzas de la Hermandad y Arte Mayor de Mercaderes y Fabricantes de Texidos de Seda de la Villa de Requena, ya nos traslada a otra época, a otro lugar, a ese Arroz y tartana de Blasco Ibáñez. Es el paso idóneo para acceder al segundo piso, a través de una escalera angosta y baja donde las décadas huyen para dejarnos en el año 1.800, por lo menos. Aquí ya se exponen una máquina de coser antigua, un vestido tradicional valenciano, abanicos… en dos pequeñas salas de estar que también parecen detenidas en el tiempo, con un baño que adapta el agua corriente, a las formas de los lavabos antiguos, con su madera rojiza y su gran espejo, con su jofaina y un sabor añejo y a la vez muy contemporáneo. Por último, en la planta tercera, bajo unos altísimos techos, se disponen telares y ruecas… un vídeo explicativo del proceso del tejido de la seda… y todo un universo de hebras de colores y paredes irregulares que nos hablan de algo que se fue, pero que fue hermoso, grande, capaz de producir rizas, felpas, noblezas, fajas, cintas, damascos y brocateles, gorgoranes y chamelotes, aguas o sargas de seda, ormelíes y segríes, rayadillos y pañuelos, mantos de peine de Sevilla, buratos, mantos de torcidillo o requemados, telas de paraguas, como nos indican en la página Web (www.casasedarequena.com)… Géneros que ya pocos sabrían definir y describir, géneros que han sido rescatados un poco por este lugar con encanto que recomiendo a todos los visitantes de una ciudad que valora lo que fue y se resiste, con inteligencia, a dejarlo ir.

 

Emotivo lugar. Digno montaje. Íntimo y peculiar.

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