Cultura

Una de las mejores voces olvidada de la Literatura

He descubierto, sin dolor, aunque he de reconocer, con algo de estupor, cómo puede llegar a ser un gusano tan destructor- dice un hombre medio ebrio acodado en la barra de un club de carretera.

Te pareces, en la voz, quiero decir, literariamente a… -mastica chicle la rubia oxigenada.

No tengo ni idea de qué hablas, a mi voz no le pasa ni se parece a… – responde el borracho a la dulce camarera que deja en el ambiente su exuberante aroma de colonia de lavanda.

¡…ya lo tengo a Ogamaras!, sí, precisamente a ese escritor- se alegra la rubia platino de haber encontrado en su deteriorada memoria el nombre que buscaba y que tenía en la punta (puta) de la lengua.

En el clítoris tenéis las mujeres la vida- dice el hombre que elevando la cabeza hace una inspección por el local que a esas horas está desierto.

Pero este no es el club de Lolita´s descrito por un escritor del que ahora no recuerdo el nombre, como el otro, sí, ese, Juan Marsé?- dice con sonrisa de pánfila la oxigenada mujer que aspira con pasión, para «Jesús el Nazareno, el Rey de los judíos.» de los fumadores pasivos, y de la ley antitabaco, dando caladas hondas a su Marlboro extra lite.

Me da igual quién se ha muerto esta mañana, yo lo que necesito es otra copa- gruñe el impaciente mentecato.

Ahora no tienes voz sino de perro apaleado- le reprocha la Rubi sirviéndole un largo de ginebra.

Me recuerdas a una actriz- dice el hombre con el aliento plomizo y labios chocarreros- quién era; ay los guiones, por la punta (puta)…

No seas grosero Ramón- dice la mujer tras sus labios encarnados de carmín de saldotiendaveintedurostodouneuro. <<Huellas de besos olvidados en todos los vasos>> (Cristal bohemia disfrazado duralex). Lo irrompible…

Ya sé, Greta, o era Ava; sí la Gardner, no sé, el caso es que me recuerdas a alguien…

Siempre me dices lo mismo, tú con esa voz de escritor frustrado- le replica la Rubi.

Rubi tú no sabes nada de nada, así que calla y atiende el chiringo.

Más que tú, que por culpa de tu prepotencia estás así, orgulloso, calamidad- se defiende la mujer tras la barra mientras sirve un par de copas a dos tipos que acaban de entrar.

Qué sabrán las mujeres- dice Ramón sin disimular su misoginia.

Y la voz frustrada se disuelve en un corro de viejas urracas que pasan página y descuartizan a los pánfilos escritores esperanzados en lamer, por un solo minuto, la gloria, la efímera gloria del éxito, del reconocimiento literario. <<Saco de víboras hambrientas>>

Hola! Ramón Comares?

Sí, el mismo.

Soy del El Librepensador mi nombre es Eladio Canteras.

De la sesión de cultura, supongo- dice Ramón acodado en la barra y dejando en el aire un pestilente olor a arándanos, o es la endrina de la que se destila la ginebra?- sea, usted es el que me llamó ayer, cierto?

Tan cierto, pero casi no encuentro esto.

Uno tiene sus vicios.

Cuando quiera empezamos con la entrevista.

Espere, no tenga tanta prisa.

Bueno, cómo y cuándo usted diga.

Rubi trae algo para el señor; un jb?

No, amigo, no, y a estas horas menos.

Montones de prejuicios, eso es lo que somos.

Quizá, pero es que son las tres de la tarde.

Y tiene usted alguna hora indicada para la muerte, por ejemplo.

Claro que sí, pero es imposible de saber.

Eso, y para beber, lo mismo, prejuicios.

Bueno, llámelo así, pero no suelo beber casi nunca.

Se va a morir igual.

Ya, pero imagine que supiésemos el día exacto y la hora certera de nuestro final.

Me imagino y…

No sería un caos, incluso peor que el que existe?

¡…Shopenawer! Esto sería una merienda de negros, perdone mi vulgaridad, pero pertenezco al vulgo o peor incluso, a la tradición gentil americana. Culpable de toda esta miseria.

Rubi trae una cerveza para el acompañante de Ramón. Taconeo y vaivén de caderas, eternas piernas como el infinito.

Toma moreno! No habrás venido sólo a ver a éste?

He venido para hacerle una entrevista…

Una entrequé…?

Lo que oyes Rubita- dice Ramón.

Y la voz que busca en la literatura la ha hallado al fin?

Rubi responde adelantándose a Ramón.

Eso le estaba diciendo yo, que tiene una voz parecida a la de Ogamaras.

No me refiero a su voz física sino a la otra.

La otra? Un escándalo, un verdadero escándalo!

Calla Rubi que este señor me está haciendo las preguntas a mí, mejor será que nos sentemos a aquella mesa.

Si, será mejor.

Pero no debería de preocuparse por mí.

No, si no me preocupo, ya he perdido también esa sensación; o es una emoción?

Verdadero o falso?

Dos energúmenos se posan en la triste parada.

Hay, como dice un poema, vacas en el prado que como urracas negras vacas danzan al sol del miserere.

Es suyo el poema?

Sí, al menos eso creo, aunque para ser exactos, el poema ya no me pertenece.

Ha vendido usted el poema?

No, ya sabe que es tan sólo un juego de evidencias.

Muy, cómo diría yo…

Como los colores del espejismo.

Sí, eso es, es lo que llevo buscando todos los días, día y noche, noche y día y, no sólo esto, sino que suelto los canes y estos se convierten en una especie de salteadores que aúllan en los rincones de esta plagaciudadela, más de los cierto y al final…

Cuentas nuevas de cristal oscuro…

Tiene que poner precio a su auto.

A mi auto?

Debo estar loco, no?

No tengo coche desde hace cinco años, y sabe lo que le digo- baja la voz tanto que se convierte en un inaudible eco- que no pasa nada por carecer de este tipo de elemento, para mi gusto, algo subversivo.

Cree que el hombre será capaz de vivir sin coches?

No se adelante al tiempo, creo, y así, al menos, lo espero, que la humanidad se conciencie y cambie esta situación para bien de la misma.

Sabe cual es la única manera posible de acabar con el capitalismo imperante?

No, puede decírmelo.

Claro, con mucho gusto.

Soy todo oído.

1º; no acceder a sus pretensiones.

2º; por supuesto no seguir su rumbo.

3º; comenzar a vivir de un modo equilibrado, para ello deberíamos aprender a prescindir de toda parafernalia innecesaria que nos ofrece el consumismo en el que estamos sumergidos, absortos a la propia naturaleza.

Podremos vivir sin coches?

Ya lo creo.

No sé cómo ibas a llegar hasta aquí- interrumpió Rubi desde la barra.

Habría otros medios, pero dígame: usted cree que seremos capaces de rehusar la frivolidad del consumismo?

No lo sé, creo que eso será un verdadero reto.

Estamos dispuestos a sacrificarnos para evitar la extinción total de la especie?

Es un planteamiento demasiado profundo para sacar rápidamente conclusión alguna.

O simplemente, dejaremos que nuestro animal extermine cualquier ápice de vida y con ella de esperanza?

Sigo sin poder sacar conclusión alguna.

Cuál es el mayor fracaso del ser humano?

Lo pretencioso de sus actos y la prepotencia de sus aptitudes.

Muy acertado amigo, pero el único gran fracaso del ser humano es no aceptar la muerte como algo natural y lógico.

Rubí se ríe en la barra con dos tipos, la voz de mi entrevistado ha caído en picado y se muestra Capottiana o Capotteana, incluso, Nabocodiana, por qué no, un poco Poedana y Bukosquiana. Bebe un trago largo de enebros destilados y me dedica una tierna mirada, luego apaga sus ojos, medita o hace como el que lo hace; levanta su cabeza y hace un breve recorrido por la sala, vuelve a mis ojos y me escruta con la parsimonia de un doctor y moviendo la comisura de su labio superior comienza a dar su veredicto como el juez cuando se dispone a condenar al reo.

Amigo, esto es no más que una pequeña representación del mundo, si se fija bien, así es todo lo que ahí fuera se devora sin pausa.

Estreché la mano del escritor y sin preguntas ni palabras para realizarlas me despedí de él. No publiqué nada al día siguiente de mi entrevista con Ramón Comares, una de las mejores voces de la literatura universal olvidada y relegada a la siniestra compasión de los hombres, cínicos y expertos en destruir todo cuanto les da miedo.

Ramón Comares es autor de libros tan emblemáticos como La piel de Julieta, El caso del gusano manzana, La patria de los gusarapos, Un coleóptero en la sopa, Brillo de centellas en los ojos de Juanita, La zorra en la punta (puta) de la lengua, Así que se ahoguen los cetáceos, Como un cojo en el planetario; pero la obra que lo consagra y lo hace universal es La araña roja su última novela, una narración desoladora y aplastante que describe con detalle y sin escrúpulos la increíble vida de la araña roja; una metáfora del siniestro comportamiento humano.
Como le he mentido a éste pánfilo, ahora voy a tomarme cuatro Gin Tonic en honor de la mentira, no, señorita, de ginebra inglesa. Se habrá visto cosa igual. Intoleranteelservicio.

Sobre el autor

Jordi Sierra Marquez

Jordi Sierra Marquez

Comunicador y periodista 2.0 - Experto en #MarketingDigital y #MarcaPersonal / Licenciado en periodismo por la UCM y con un master en comunicación multimedia.

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