Cultura

El problema

El problema es que nunca hay señales que anuncien lo inesperado.

Todo puede cambiar en un segundo y sin embargo al segundo anterior tener el aspecto de siempre, los mismos ruidos familiares, esa continuidad de lo conocido que nos protege de los presagios, ya sean halagüeños o terribles, porque puede ir hacia un lado u otro el cambio, la dirección que de pronto toma todo.

Supongo que por eso nunca estamos preparados para los comienzos, no hay academias que enseñen a distinguir los pistoletazos de salida de los simples ruidos que hacen nuestros cuerpos al chocar unos con otros buscando un buen lugar en la pista; tampoco hay un centro geográfico que nos oriente o una cinta que cortar con tijeras de oro para inaugurar ese tiempo desconocido que asoma la cabeza.

¿Cuándo empiezan las cosas a pasar? ¿Desde cuándo se puede decir que está pasando lo que está pasando o cuánto hay que remontarse para entender las causas que desencadenaron tales hechos? Nuestra incapacidad para hacerlo nos empuja a decir “hoy, viernes” o “el otro día conocí a alguien”; sin embargo son datos incompletos, simple ansia de hacer una muesca en el tiempo de nuestra vida que atestigüe que fue así, que pasaron cosas, que hubo acontecimientos que se salieron de lo común y originaron nuevas vueltas, otras complicaciones que añadir a las ya sabidas.

El problema es que tampoco hay espectadores, todos esos que nuestra vanidad intuye sentados en supuestas gradas, atónitos ante nuestra dichosa singularidad que nunca alcanzamos o ante los simples resbalones que vamos dando, con los ojos bien abiertos o tomando notas para una dudosa posteridad que nunca será tal. Y todo esto nos da miedo, no un miedo convencional que se pueda sentir ante una tormenta que no cesa o al estar en medio de una pesadilla; es un miedo desconocido que traspasa la raíz de los nervios y nos paraliza.

Es el miedo a que todo acabe y nada haya supuesto, que un viento venga y nos vacíe las manos y nos quite los tesoros que trajimos hasta ese preciso momento, el miedo a que un día nada recordemos ni nada sea recordado de lo que nos acompañó, que no haya un “yo un día viví y fue así, tal y como aparece en esta página o en esta fotografía, ¿lo ves? ¿ves cómo fue? Sí, fue así.”

Sobre el autor

Jordi Sierra Marquez

Jordi Sierra Marquez

Comunicador y periodista 2.0 - Experto en #MarketingDigital y #MarcaPersonal / Licenciado en periodismo por la UCM y con un master en comunicación multimedia.

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