Bu

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art2Foto: ®William Claxton
Supongamos que al Abdullah Ibn Buhaina —alias “Bu” y alias Art Blakey— le preguntasen por los bateros tradicionales en el jazz. “Que se jodan”, sería su respuesta, porque él fue uno de los inventores del bebop–hard bop, bluesy, funky kinda drummin’ —sí, señor. Esos platillos poderosos en E.T.A., compuesta por Robert Watson son prueba suficiente. Los aplausos rompían el fluir de la música y la gente se quedaba con las palmas inflamadas de tanto chocarlas.
A ver quién le iba con cosas al Arthur Blakey. No era un tipo que te la cubría de azúcar. Para él, el culo era culo y el codo era codo; a no mezclarlos. Por eso dijo, sin ilusiones, sobre el jazz: “This is the music of my culture good, bad or indifferent. No America, no Jazz. It’s the only culture America has brought forth.” Razón tenía.
En los ’40 se convirtió al Islam porque se fue de viaje al Africa Occidental, o eso decía él. En una época en que se podía desaparecer sin dar explicaciones, el Art tuvo la consideración de imaginarse una que fuera plausible.
Un grupo de ensayo que él llamaba los Seventeen Messengers, dio lugar a su banda The Jazz Messengers, que tuvo más miembros que luces hay en el escenario, porque rotaban, fluían y daban cabida a cuanto valor hubiese, nuevo o no.
De todas, me gusta más que ninguna otra la etapa que los “Mensajeros” pasaron con Jimmi Williams en el piano, el Fambrough en un bajo impensable, Wynton Marsalis de trompetista, Billy Pierce en el saxo y el Watson en el saxo alto que más parecía una fuerza de la naturaleza. En E.T.A. de Watson —con estos tíos cada cual en lo suyo— los platos del Bu marchaban casi militarmente, a tempo, mientras el Billy Pierce se deshacía junto con el Wyn y su trompeta, el piano del Jimmi danzaba como pareja de los platillos y el saxo alto del mismo Watson se enardecía. Entonces el Bu redoblaba su tambor como si fuera gratis, y los dos saxos se enloquecían. Era hora de la marcha de nunca acabar. Lo que no les perdono es que hubieran cortado el tema de 6,09 a 5,00. Eso no se puede.
El Abdullah o Bu fue uno de los ejemplos más patentes de que en el jazz puede existir una fuerza temiblemente poderosa que atrape y encoja las entrañas de uno… y que a uno ni siquiera se le ocurra resistir.
Bismiliahi ar rahman, ar rahim, Bu.

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