Lucy

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lucyl_468x3541®Dibujo de Julian Lennon, circa 1966.

En sus primeros años, su compañerito Julian la dibujó con crayones de todo color. Para más, le dibujó unos ojazos enormes y la colocó en el cielo. Para más todavía, la rodeó de diamantes.

Ese día, durante la clase de dibujo en el Heath House School, el nene se sentó a pintar frente a la nena, sobre uno de esos caballetes dobles para chicos. Le vino de repente uno de esos ataques de amor a lo bruto “mientras más te quiero, más te aporreo”, y le tiró pintura por toda la cara, el uniforme y el pelo. Ella retalió con sus propios colores. A la maestrita de la sala el horror le salió por los lacrimales. Zamarreó al chico y entre que moqueaba y amonestaba “Julian eso no se hace”, lo obligó a sentarse quieto y a trabajar con los crayones. Él usó toda la caja de 24 para que la nena pintada supiera cuánto le importaba.

A la hora de salida, la maestrita ya calmada, le permitió llevarse el dibujo a la casa. Apenas Julian entró a la sala, corrió a enseñar su hazaña, a ver si se la celebraban. Su papá —Winston— incapaz de distinguir un Cézanne de un dibujito de la tira del periódico, aunque desde chico garabateaba culitos de caballo por todas partes, preguntó al nene qué diablos era eso que traía del colegio.
“It’s Lucy in the sky with diamonds, daddy” contestó Junior.
“Okay”, fue la respuesta típica, seguida de una risa larga.
El Senior se hizo con el título del dibujito y lo incorporó al álbum más famoso de la banda más famosa de todos los tiempos: Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club.

El nene nunca supo por qué se le ocurrió titular así su obra maestra kindergarterina; lo único que le resultaba obvio era que quería un montón a Lucy y que necesitaba mostrarle al padre todo lo que armaba, dibujaba o coloreaba en el colegio, a ver si el viejo le daba un abrazo, un besito o su famoso “okay” de beneplácito.

Winston Lennon, bautizado así por Churchill, pero que respondía mejor cuando le decían John —como su abuelo paterno— viendo el dibujo se acordó de cuánto le había gustado Lewis Carroll cuando era chiquito. Además, en esa época memorable, los ’60, se hacían más viajes en ácido que en avión y como el John se fumaba todo, hasta el English Breakfast tea de la lata de Twinnings, no resulta raro que ahí nomás hubiese compuesto la letra y música para la nena del corazoncito de Julian. Sin apropiarse más que del título de la opus magna del Junior, se mandó una tapa disquera que fue el súmmum de la psicodelia por aquello de la chica con ojos de caleidoscopio.

En el ’67, todo el mundo miraba el título del tema y codazo aquí, risita allá, decían que si los Beatles ponían LSD hasta en la sopa, cómo iba a faltar en sus canciones. Lucy In The Sky With Diamonds era el título perfecto. La BBC le meneó la cabeza a la canción porque no podían andar por ahí, dando piedra libre a las drogas.
La inspiración del cachorro de Lennon pasó de ser una expresión de primer amor a ser un código venerado por todo el que se adscribe a sustancias non sanctas. Pobrecita Lucy, que nunca pudo sacar pecho y decir “mirá, esa canción la escribieron por mí”. Ya de adolescente, un día metió la pata y les dijo a sus amigas que ella era la chica de la canción. Igual que la BBC, las chicas le menearon la cabeza diciendo “imposible; mis papás dicen que es una canción de drogos”. Lucy O’Donnell, de casada Vodden, se calló la boca de ahí en más.

Un día, en 2009, Julian Lennon se enteró que su compañerita vivía en Surrey y que estaba enferma; tenía lupus. Acordándose de sus expresiones de afecto en el kinder, le mandó flores, una tarjeta, y cupones de regalo de un centro de jardinería y plantas. “Quería que sonriera”, dijo.

No se sabe con exactitud la fecha pero, alrededor de este 22 de septiembre, la Lucy de los ojos de diamante se murió en el hospital londinense de St. Thomas. Curioso, porque tampoco se sabe dónde está o qué fue del famoso dibujo.

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