Mi querida bicicleta. Relatos de ciclismo de Holanda y España. Varios autores. Editorial Experimenta, 2009.

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Mi querida bicicleta
Mi querida bicicleta

Vaya por delante que no me gustan las bicicletas; no volví a montar desde que me dejaron sin las ruedas laterales, ni entiendo el placer del esfuerzo físico y el equilibrio sobre las dos ruedas. Me parecen un atraso en las ciudades y causa de no pocos accidentes y problemas de tráfico, por no hablar de la falta de espacio para los «carriles bici». Incluso puedo afirmar que, de entre los motivos para no hacer de Ámsterdam una de mis ciudades favoritas, podría contarse la enorme población de bicicletas entre uno de los no menores. Aprecié, en la distancia, los éxitos de Pedro Delgado y Miguel Induráin, como ahora los de Alberto Contador, de la misma manera que respeto el esfuerzo que implica un logro de estas características, cualquiera que sea el deporte, y los escaladores no me despiertan ninguna admiración mayor que los velocistas. Dicho esto, la lectura de Mi querida bicicleta era un hándicap, un reto, un challenge que dirían los ingleses.

Y sin embargo lo he disfrutado enormemente.

Quizá porque el formato cuento siempre me ha parecido especialmente adecuado para historias relacionadas con los movimientos y los viajes. Quizá porque la variedad de voces hace que los estilos sean enriquecedores. Pero también, sin duda, por la calidad de la narrativa y la pasión que transmiten los autores, muchos de ellos corredores y excorredores. Todos ellos tienen en su lengua el sabor del metal, el sudor de la montaña, el amor/odio por lo que hacen, por esa forma de vida que les absorbe hasta sus sufridos cuerpos.

Y debo destacar, entre todos ellos, Lluvia en mis ojos, de Thijs Zonneveld, por la contraposición de culturas y el canto a la amistad que se bebe en sus párrafos (mitad supuestamente pensados por un corredor oriental, mitad por un corredor occidental). Se consigue transmitir esas diferencias de visión, esas comparaciones con sustancia de quien ha estado allí, en el lugar del que se habla, y que sabe de lo que escribe o habla. «Blekfast. Blekfast. Blekfast. Se me va a hacer un nudo en la lengua. Blekfast. Desayuno en inglés resulta tan difícil de pronunciar que hasta me hace perder el apetito… Debo admitir que el inglés es una lengua interesante. Imposible, pero interesante. Eso sí, cuando le coja el tranquillo estaremos ya a años luz de aquí. La paciencia es una planta amarga, aunque con frutos dulces«. La Torre de Babel se muestra muy viva en este cuento, sin embargo, la lengua de los sentimientos resulta ser mucho más efectiva y común y el tiempo pone los cimientos de una auténtica comunicación.

Quizá algún día explique por qué no hablo en profundidad del relato firmado por Miguel Delibes que da título al conjunto y es, sin duda alguna, uno de los mayores reclamos del libro para lectores «no puestos» en este deporte, y ofrece una visión ajena a la profesión absorbente que nos dejan saborear los demás autores.

Colección para amantes del deporte, para amantes de los relatos y para gente con curiosidad por la buena literatura escrita sobre una pasión.

En la última página del libro se recomiendan direcciones y formas de visitar Holanda y España (pues los escritores proceden de ambas nacionalidades, exclusivamente) con bicicleta… o quizá debería decir sobre la querida bicicleta.

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