Cultura

La Guía de los «Red-Necks» de USA a la Guerra Civil (1861-1865)

Facsímil del libro de H. W. Crocker, III sobre uno de .los más sangrientos conflictos de la historia estadounidense, vertido en el libro «The Politically Incorrect Guide to the Civil War». La intención es decantar con simpatía al ejército de los Confederados e incomodar a los que enseñan la historia y la admiten con simpatías en pro del bando de la Unión.

Facsímil del libro de H. W. Crocker, III sobre uno de .los más sangrientos conflictos de la historia estadounidense, vertido en el libro «The Politically Incorrect Guide to the Civil War». La intención es decantar con simpatía al ejército de los Confederados e incomodar a los que enseñan la historia y la admiten con simpatías en pro del bando de la Unión.

En octubre de 2008, el editor conservador H. W. Crocker III publicó «The Politically Incorrect Guide to the Civil War» [la «Guía Políticamente Incorrecta a la Guerra Civil»]. Este libro de bolsillo para Regnery Publishing consta de 370 páginas que intentan probar, de modo provocativo y divertido, pero no siempre crítico y verdadero, que todo los que se ha enseñado convencionalmente en las escuelas de la nación sobre la Guerra Civil, la esclavitud y los derechos de los estados ha sido manipulado por los liberales del Noreste y que las verdaderas razones por las que el Sur intentara separarse no fue la preservación de la esclavitud.

El libro examina el por qué surgió la guerra entre los estados. H.W. Crocker III admite que esta guerra fue grandiosa y terrible al punto de configurar algo en el carácter de los estadounidenses. Concluye que los estados sureños tiene muchísimo en común con el espíritu de los Padres Fundadores de la República Estadounidense y la Declaración de Independencia, pese a que los libros de textos de historia no lo admiten. Es fácil ver que Crocker III quiere escribir historia para una élite que, al leer se esmera en saborear las aventuras desde lo gozoso, aunque no sea cierto el contenido. Mas el autor se hará pasar como el «desbaratador de mitos».

Crocker III quiere desautorizar a quienes, académicamente, son más serios, imparciales y conclusivos. Escribe para el Establecimiento Conservador sureño. El vende un estereotipo: el Heroico, Viejo Sur. De ahí que se queje, al tiempo que lo reafirma, que escribe sobre rebeldes que la Izquierda de hoy menosprecia como estereotipos. «Today’s Leftist and demeaning stereotypes about the South and the Civil War-showing why, in G. K. Chesterton’s words, ‘America and the whole world is crying out for the spirit of the Old South».

El autor piensa que los historiadores e intelectuales liberales se autodesprecian y, desde ese empequeñecimiento de lo propio, del Viejo Sur, envilecen a los héroes más grandes de América USA – que obviamente son sureños. Entre los perfiles de militares / generales eminentes -para los que Crocker III busca su reevaluación y realce histórico- están «el noble Lee, el controversial Sherman, el infatigable Grant, el legendario Stonewall Jackson y el notorio Nathan Bedford Forrest». Para poder dar una pintura o etiología positiva de sus héroes del Sur, Crocker intenta desvalorizar a los del Norte, alimentando la sospecha de que «los principales generales del Noreste -como McClellan y Sherman- odiaban a los abolicionistas». Da la impresión de que lo que al autor lo mueve a escribir es dar una respuesta a la pregunta: ¿quién, entre la oficialidad militar en el Sur y en el Norte, odiaría más a los que combaten contra la esclavitud y
a los que son víctimas de ella, el esclavo? ¿Quién es más racista en general: los militares de qué región territorial?

La reinterpretación que Harry Crocker propone para la Guerra Civil, «ya que a menudo no se enseña bien», por utilizarse un modelo basado en fechas, propone que el modelo sea ahora el que base la historia en la acción de los individuos. La historia aprobable, meritoria de llamarse «politicamente correcta», debe dejar de ser historia de los pueblos y las masas. Es asunto de individuos y personalidades, según este plan de Crocker.

Tiene la necesidad, al parecer, de echar un ataque contra «historiadores educadores parcializados, completamente adoctrinados». La Guerra Civil, por causa de estos educadores e historiadores, se ha convertido en cosa risible cuando se dice que la motivó el abolicionismo. No. Crocker va a echar luz sobre las verdaderas causas y el amor por el negro no es una.

Para sacar a la luz, después de 143 años, las verdaderas causas de la guerra [Crocker cree que descubre el Pacífico, o el hilo negro en su ensayo] tiene que demostrar que los objetivos políticos del Presidente Lincoln son como su gobierno, una tiranía intolerable ante la que se justifica la decisión de seccionarse legal y constitucionalmente, abandonando la Unión. El tema «the Civil War was over slavery» lo llena de ira, al punto de sobrevalorar al Sur como una tierra, con los derechos exclusivos del patriotismo y determinada a defender los valores e ideas de los Padres Fundadores: «South’s patriotic, moral, rebellious, determined and unceasing efforts to maintain / restore the ideals of our nation’s founding fathers throughout history were genetically bequeathed from centuries-old Scots-Irish ancestry and transcended a corrupt kingdom and a democratic republic turned dictatorial». Tan exaltado se observa al autor en su teoría del
individualismo histórico que echa mano, en su desesperación a la genética ancestral.

La interpretación crockeriana justifica una idea que los sureños convirtieron en su mito favorito: que la victoria de la Unión fue inmerecida, siendo una verdadera agresión del Noreste sobre el Sur y, en su lugar, la victoria norteña constituyó una derrota para toda la gente en los EE.UU.. La derrota de los Derechos de los Estados y el valor de la libertad de los individuos como el principal experimento democrático.

Los ideólogos sureños de la Guerra Civil visualizaron su lucha como una gesta patriótica-independentista, no como una guerra civil (tampoco fue su intención el control de un gobierno central, sino verse libres del mismo, estableciendo constitutionalmente su propio gobierno). Revivirían los sueños de los Padres Fundadores, a los que juzgaron por extinción en 1865.

Por su parte, el punto de vista liberal y tradicional pide que se enseñe la actitud esencial sobre libertad individual y democracia en los EE.UU. al menos desde 1808, cuando se abole el comercio intermacional de esclavos. Aún en los EE.UU. se pemsó que la esclavitud desaparecía pronto como parte de este proceso y la prohibición de ese año.

NO ACATAR LA PROHIBICION A LA ESCLAVITUD, EL DILEMA: Lo que sucedió hay que explicarlo en términos sociales y políticos, no en términos de lo genético-biopersonal del análisis de Crocker. La generación que se entera en 1808 de la prohibición internacional de la trata negrera, se aferra a desobedecerla. Los estados del Sur se unifican sólidamente en favor de la institución esclavista y nuevos factores económicos hacen la esclavitud más lucrativa que lo que había sido antes de 1790. Ver. Entre los factores principales, estaba el gran crecimiento de la industria algodonera, dos intensivos turnos en la cosecha de la caña de azúcar y el tabaco, que contribuyeron a la extensión de la esclavitud.

PAGAMOS MAS QUE EL NORTE: Es interesante en el análisis de Crocker que mencione que el 30% de la población de los EE.UU. en esos años vivía en el Sur dfe la nación y que estaba proveyendo el 70% del ingreso del Gobierno Federal. El gobierno federal imponía, como duis dos más importantes y únicos tributos al apoyo del Gobierno Federal estas tarifas («Tariffs and Customs Revenues»), el impuesto de exportación al algodón y al Timber del Sur. A los hacendados se les hizo, dañoso tener que pagar impuestos y que sea el Gobierno del Norte el que fije cómo se gasta ese dinero y quién puede votar [«who could out-vote the South»]. Entonces, ésto condujo a la guerra y al descontento. Fue la causa económica básica para la guerra.

Antes de que ésto sucediera, en el Congreso Federal y en legislaturas estatales estuvo realizándose el debate del descontento. En 1820, los políticos y sus representados cabilderos se planteaban si la esclavitud debiera ser legal en los territorios del Oeste. Ejemplo de ésto fue The Missouri Compromise que permitió la esclavitud en el nuevo estado de Missouri y el Territorio de Arkansas, pero la esclavitud fue prohibida al oeste y al norte de Missouri. Parte del descontento fue que las líneas seccionales endurecieron la cuestión esclavista. «Políticamente, el decenio de 1850 puede ser caracterizado como la década del fracaso en la cual los dirigentes de la nación fueron incapaces de solucionar, o siquiera contener, el asunto divisivo de la esclavitud».

A DESTRUIR LA UNION: Después de la elección de Abraham Lincoln en 1860, once estados dejaron la Unión y se proclamaron naciones independientes, crearon la Confederación / Confederate States of America. Estos estados fueron: Carolina del Sur, Mississippi, Florida, Alabama, Georgia, Louisiana, Texas, Virginia, Arkansas, Tennessee y Carolina del Norte. Al hacerlo, la Guerra Civil americana comenzó. Tomó los siguientes cuatro años el que los soldados de la Confederación se rindieran.

EL DESPRECIO AL NEGRO: La Guerra Civil puso fin, al menos teóricamente, a la esclavitud. «In December 1865, Congress ratified the 13th Amendment to the U.S. Constitution, which abolished slavery». De la Guía, uno no puede discernir cuán complejo es el tema ni cuán sensiblemente el autor simpatiza con éste. Obviamente, él escribe desde el punto de vista de un redneck y toma la parte por el todo. De ese modo él cree que probará que el Sur habría terminado por abolir pacíficamente la esclavitud, si no hubiera habido guerra. Especula, a tenor de ese estilo, muchas improbables cosas. Aún en derrota, el Sur y su gente se portaron prepotentes contra el ex-esclavo.

Todavía, para las elecciones de 1896, según la prensa de la época, el dolor de la guerra civil pesaba en las consciencias, en tanto que los Confederados ignoraban los llamados que enfatizaban en ‘sectional reconciliation’ entre el Norte y el Sur. Pese a que el fantasma de Lincoln aparecía en un gran número de caricaturas y los populistas y socialistas, como muchos republicanos, con la línea de Lincoln, pugnaban por el legado del activismo federal, la queja fue: «by 1896, the war had been over for decades, and Republicans were failing to develop new ideas and initiatives to meet the nation’s changing needs». Demasiado improbable que naciera de una iniciativa sureña, el fin de la esclavitud. Y alegar caso aislados de alguna simpatía con él, entre los influyentes militares y poderosos, mienta a las excepciones y no la norma.

El autor nos cuenta de algunos casos: «Robert E. Lee tuvo mayor una mayor estima para los afroamericanos que la tuvo Lincoln»; en la Guía se explica que Stonewall Jackson fundó una escuela dominical para que los esclavos pudieran aprender a leer… ¿No habría sido mejor apoyar un sistema escolar público al que pudieran integrarse? «Southern slaveholders generally opposed slave literacy». Ver En 1740, hay uno de los primeros indicios de cómo la ley prohibía la enseñanza de la lectura a los afroamericanos, con una cierta legislación en Stono, Carolina del Sur. Ahí se aprueba «one of the earliest laws prohibiting teaching a slave to read or write». En otras partes del Sur, durante los mediados del Siglo XIX, habría una expansión de las leyes que prohíben la educación para los esclavos.

«En el Norte, donde la educación de los negros no estaba prohibida», nos explica Kimberly Sambol-Tosco, de la University of Pennsylvania, «los afroamericanos tuvieron mayor acceso a escolaridad formal formal y más probabilidad de contar con las habilidades básicas de lectura y escritura que los negros del Suroeste. Los cuáqueros jugaron una parte importante en la elevación de las tasas de alfabetismo entre los negros del Norte al promover con rigor programas de educación en años previos y después de la Guerra Revolutionaria». La Dra. Sambol Tosco indica que, nacionalmente, para 1860, sólo un 5% del total de la población esclava o libre sabía leer, comparado el hecho de que menos del 8% de los bostonianos negros eran analfabetos.

Una de las incómodas sensaciones que da este libro es que, por su afán de ponderar positivamente a los generales de la Confederación, observe tan superficial y prejuiciadamente a los del bando opuesto. Esto lo hace con el General William Tecumseh Sherman, de la Unión, mas Crocker dice que éste no sabía cuál sería más grande («the greater evil: slavery or democracy»); pero, obviamente, si Crocker III se hubiese leído «Memoirs of General William T. Sherman, Written by Himself» (1875), no tendría que subestimarlo.

Antes de que comenzara la Guerra Civil, Sherman hacía, en tono profético la siguiente advertencia a un amigo, el profesor David F. Boyd, seccionista de Virginia. En carta le dijo:

«You people of the South don’t know what you are doing. This country will be drenched in blood, and God only knows how it will end. It is all folly, madness, a crime against civilization! You people speak so lightly of war; you don’t know what you’re talking about. War is a terrible thing! You mistake, too, the people of the North. They are a peaceable people but an earnest people, and they will fight, too. They are not going to let this country be destroyed without a mighty effort to save it… Besides, where are your men and appliances of war to contend against them? The North can make a steam engine, locomotive, or railway car; hardly a yard of cloth or pair of shoes can you make. You are rushing into war with one of the most powerful, ingeniously mechanical, and determined people on Earth-right at your doors. You are bound to fail. Only in your spirit and determination are you prepared for war. In all else you are totally unprepared, with a bad
cause to start with. At first you will make headway, but as your limited resources begin to fail, shut out from the markets of Europe as you will be, your cause will begin to wane. If your people will but stop and think, they must see in the end that you will surely fail». [«Exchange between W.T. Sherman and Prof. David F. Boyd», December 24, 1860]

Un año después de acabada la Guerra Civil, familias afroamericanas y veteranos viajaban a enterrar los soldados negros de sus compañeros de raza. En el Viejo Sur idealizado de Crocker ni los soldados blancos ni los civiles se molestaban en enterrar un negro. A menudo se rehusaban a enterrar al soldado negro cuyos cuerpos los abandonaban en el campo.

La misma sensación se siente cuando trata de justificar, a partir de 1865, que las demarcaciones de la frontera se extiendan hacia los límites occidentales de estados que bordean el Río Mississippi, incluyendo las secciones orientales de Kansas y Nebraska. A 25 años del fin de la guerra civil, ha se habían configurado los estados y territorios de la nación entera. Comienza la expansión al Oeste que intensifica los conflictos con los indígenas y los mexicanos. Los rednecks, sean sureños o del noreste, no conceden derechos constitucionales ni sensibles a estas gentes, sino que las hacen vivir en limbos jurídicos y territoriales.

Entre 1840 y 1860, la primera ola de inmigrantes (casi 4.5 millones, principalmente europeos) entraron a los EE.UU. Huyen del hambre y de los problemas políticos en Europa. Durante la Guerra Civil, el gobierno federal se aprovecharía de su presencia en el país para reclutarlos para la Unión. De modo que, para 1865, casi uno de cada 5 de los soldados veteranos de la Unión había sido un inmigrante europeo del periodo de la guerra.

El afroamericano y el inmigrante, polaco y judío, en el Sur vivirán una ola de prejuicio racial acentuada. Después de la Guerra Civil, entre los problemas crecientes, nos explica Rebecca Edwards, del Vassar College, se encuentran «problems of race prejudice, disfranchisement of black voters, Jim Crow segregation, and lynching», pero, problemas que no reciben atención de los electores blancos en tiempos de elecciones ni atención en la prensa («mainstream press»). Memories of the Civil War and Slavery

POR UN TODO INDIVISIBLE: El autor Crocker insiste en defender el Viejo Sur, exalta su espíritu individualístico y divisor, pese a que lo que triunfara, con la Guerra Civil, fue la idea que la nación estadounidense no ha de ser sólo «a collection of semi-independent states, but an indivisible whole».

En un capítulo titulado «The Civil War in Sixteen Battles You Should Know», nos da detalles de dieciseis batallas y sus militares destacados. Este capítulo es una pieza maestra de parcialidad y de una mentalidad militaroide de Crocker. Una de las 16 batallas memorables de las que da sus detalles es la Campaña de Vicksburg. El episodio adquiere su nombre de Vicksburg, una ciudad de Mississippi, con gran importancia estratégica para los Confederados.

Cuando estuvo en manos confederadas, en ésta se bloqueba la navegación de las tropas de la Unión por el río Mississippi, y permitía que se tuviese comunicación con los Estados al Oeste del río, del que los Confederados dependían para sus suministros agrícolas. Además la ciudad tenía defensas naturales e ideal, llamándosele por ello ‘The Gibraltar of the Confederacy’. La ciudad fue sitiada por tropas federales.

Ahora Crocker, el autor de la «Guía / PIG», tiene la oportunidad de enaltecer a los confederados muertos y heridos en batalla y el papel sureño en el sitio de Vicksburg, que fue relativamente pequeño en cuanto a víctimas entre tropas confederadas, 2,872. La Unión tuvo más pérdidas [4,910 vidas]; pero a la larga vencieron en la estrategia de la campaña. El General unionista Grant capturó su segundo ejército de los Confederados en su totalidad: 29,495 soldados sureños rendidos, según Frances H. Kennedy, en su libro «The Civil War Battlefield Guide» [1998, 2nd ed., Houghton Mifflin Co.]

La Unión liberó los soldados confederados e incantó cantidades significativas de artillería, pequeñas armas y municiones. La campaña en total, desde el 29 de marzo, produjo entre muertos y heridos unas 10,142 víctimas entre las tropas de la Unión y otras 9,091 entre los Confederados.

El cantor de los Confederados aprovecha para hablarnos de otro de los héroes que inspira sus sueños sobre el Viejo Sur, aunque su nombre sea terror para los afroamericanos.

En esta Campaña clave, que fue Vicksburg, para que no triunfara la ofensiva Unión, bajo el liderazgo del General Grant, estuvo por los confederados, rompiendo sus líneas de comunicación, Van Dorn y el Brigadier General Nathan Bedford Forrest. Este destruyó su enorme almacén de suministros en Holly Springs. Al su ejército no poder subsistir sin tales suministros, Grant abandonó su avance por tierra.

De 1861 a 1865, fueron sus años en el ejército confederado; donde llegó a Comandante y obtuvo el rango de general al terminar la guerra, habiendo entrado como un ciudadano privado. Conocido por el mote de ‘The Wizard of the Saddle’ / El Mago de la Silla, Forrest elaboró nuevas doctrinas para reclutar gente y mobilizar fuerzas. No sólo en su nativo Tennessee, en la nación entera, se le menciona y rememora como responsable por crímenes de guerra en la batalla, o captura de Fort Pillow. El condujo a soldados confederados a realizar una matanza de negros desarmados que eran prisioneros de un Ejército de la Unión.

En su libro «River Run Red: The Fort Pillow Massacre in the American Civil War» [Viking Penguin: 2005], Andrez Ward escribió que la evidencia tan conflictiva presentada en el proceso y considerada por el Congreso hizo que a Forrest no se le castigara. No obstante, al acabar la guerra, el delincuente y malandro fanatizado Forrest será el hombre opuesto a las políticas de la Reconstrucción y a la ocupación federal. Organizará una fiera entidad, promotora de racismo y será su Gran Brujo o Sacerdote / Grand Wizard / del Ku Klux Klan y Comandante de Grand Dragons of the Realms / Los Grandes Dragones de los Reinos.

Cuando murió el General Forrest el 30 de octubre 1877, The New York Times anotó como parte de su reportaje, que los hombres de Forrest fueron alegadamente los que incendiaron las barracas de la Unión, con soldados heridos dentro. Sólo 90 del total de 262 soldados negros sobrevivieron la Captura Confederada del Fuerte Pillow. Las pérdidas entre sus defensores blancos también fueron altas. Murieron 205 y 500 sobrevivieron. Los soldados de Bedford N. Forrest fueron acusados de someter brutalmente a los capturados, con alegaciones de que se quemaron vivos hasta la muerte a algunos. La noticia de que se quemaron a «228 federales» en la tarde del asalto al Fuerte se esparció; pero, justificándose, el General alegó: «A bloody victory, only made a massacre by dastardly Yankee reporters». El problema en la época es que, muy a menudo, bastaba que un hombre, militar o no, de raza blanca, negara sus delitos de odio y racismo para que se le protegiera.

LOS VETERANOS CONFEDERADOS CREAN EL KKK: El primer Ku Klux Klan fue fundado en 1865 por veteranos del Ejército / Confederate Army. «Su propósito fue restaurar la supremacía blanca tras la saga de la Guerra Civil Americana. El Klan resistió la Reconstrucción al intimidar a los “carpetbaggers”, “scalawags” y los negros liberados. El KKK adoptó ráidamente métodos violentos». La élite blanca sureña le fue retirando su apoyo en la medida en que comenzaron a saberse de sus asesinatos y excesos. Entre 1868 a 1870 fue paulatinamente desactivada por el President Andrew Johnson, al aprobarse la Force Acts de 1870 y 1871.

Antes de desaparecer, aunque luego reapareciera, en los estados de Carolina del Sur y del Norte, en 18 meses, hasta el final de junio de 1867, el KKK cometió unos 197 asesinatos y 548 casos de asaltos agravado. [Vid: E.B. Du Bois, «Black Reconstruction in America: 1860-1880», New York: Oxford University Press, 1935 y Allen W. Trelease: «White Terror: The Ku Klux Klan Conspiracy and Southern Reconstruction» (Louisiana State University Press: 1995).

ALGO MAS QUE GENES REBELDES: Entre las cosas históricas que H. W. Crocker, III manipula para excluir al Sur Confederado de su misión de sustentar la institución del esclavismo hasta la última hora [incluyendo después de la guerra civil] es la presentación de los importantes generales de la Unión / el Norte, en particular, McClellan y Sherman, como acérrimos despreciadores de los abolicionistas.

George Brinton McClellan fue el Mayor General que, durante la Guerra Civil Americana, organizó el famoso Ejército de Potomac. Aunque McClellan fue en verdad un comandante muy habilidoso, su reputación sufrió injustamente acosada siempre por los partidarios de Lincoln, quienes lo necesitaron como chivo expiatorio al que achacar derrotas («scapegoat for the Union’s setbacks»). Había algo en McClellan que fue siempre cuestionable, además de su carácter explosivo. Algo que, en cierto modo, tuvo en común con Sherman. Ambivalencia. Eran hombres a quienes una guerra civil, por más imparable que se les anunciara, dolía porque vieron a los EE.UU. como un proyecto de nación grande ya iniciado, pero, a muy pocos años de vida, resquebrajándose.

El historiador Don Michael Randel ha dicho que McClellan, al hacerse candidato presidencial en 1864, quedó sujeto a burlas por impulsar una plataforma pacifista. Abraham Lincoln fue reelecto y el pueblo cerró filas por el Partido Unión Nacional, repudiando al general de la Guerra Civil, George B. McClellan, quien compitiera por el Partido Demócrata, con George Hunt Pendleton como compañero de fórmula. El captó 22 votos electorales, comparados con la dupleta Lincoln / Andrew Johnson, que coparon 212 votos electorales. Sin embargo, el voto electoral reflejaría que el mensaje presidencial de McClellan no caía en un vacío. Tenía el 45% del voto popular, es decir, 1,812,807 votos directos; frente a los 2,218,388 del Partido de la Unión Nacional.

El mensaje mccleniano fue una propuesta de Armisticio, o programa de paz negociada, una restauración de la Unión, siendo que la guerra era algo más que fracaso. Fue la matanza fratricida. El rival de Lincoln decía que, aún favoreciendo la guerra, ésta tenía que lucharse de modo que tuviese el mínimo de impacto sobre las poblaciones civiles y que no incluyera ninguna petición de emancipación de esclavos.

En esas mismas elecciones de 1864, se presentó el el Partido Republicano Radical con el candidato John C. Frémont. Estos republicanos raficales eran críticos de Lincoln por creerlo demasiado indulgente con los Estados Sureños y seccionistas. Criticaban sus planes de Reconstrucción-postbélica y formaban grupos secretos para atajar la renominación de Lincoln.

Aunque se discute sabre la antipatía a la emancipación de McClellan, es difícil de categorizar el legado del candidato de la paz. El espíritu guerrerista no fue sólo del Norte. El Sur confederado sabía lo que estaba provocando. En el Norte, los líderes pro-guerrerista envenenaban la mesura de Lincoln. Como resultado, las habilidades de liderazgo de McClellan, el candidato de la paz, durante las batallas de guerra y pasada ésta, inquietaron al presidente. De hecho, el general McClellan fue eventualmente separado de su comandancia, primero como general-en-jefe, y luego del Ejército del Potomac. Con frecuencia se cita que Lincoln dijera: «If General McClellan does not want to use the army, I would like to borrow it for a time».

Por otra parte, respecto a un demócrata conservador, con gran carisma y carácter explosivo y franco, había que orillarlo por temor a su potencial político. McClellan admitía su difícil personalidad [«abrasive personality»]; desde muy joven fue un cadete enérgico y ambicioso en West Point, muy interesado en las enseñanzas de Dennis Hart Mahan y los principios teóricos de estrategia de Antoine-Henri Jomini. Su mente, modales y amistades eran aristocráticas. Incluía a sureños como James Stuart, Dabney Maury, Cadmus Wilcox, y A.P. Hill.

Los historiadores señalan que estos vínculos dieron a McClellan una particular apreciación de la mente sureña y su significado («Southern mind, an understanding of the political and military implications of the sectional differences in the United States»).

Pero esta mente sureña no es una genética, como explica y cree Armond C. Simmons en su reseña de la Guía / PIG de Crocker, cuando arguye, «desde la perspectiva histórica, para los sureños, ésto está simplemente es nuestros genes… nuestros rebeldes o ‘rebel gen’; an independent rebel gene’… Un gen rebelde que aceptó reaciamente a la formaciónn de una unión, pero sólo después de rebelarse en favor de la promulgación de una constitución protectiva que garantizaría que el poder federal limitara unas pocas tareas básicas permisibles: proveer la defensa común, promover y facilitar el comercio entre los estados, etc.

El factor genético o étnico, preconizado por Crocker y defendido por Simmons al decir del ancestro de colonos irlandeses y escoceses del Sur [«were genetically bequeathed from centuries-old Scots-Irish ancestry»] que trasciende el Reino Corrupto, ya forjado por esos Republicanos radicales, o demócratas pacifistas como fue McClellan. Este «gen» que McClellan prefería verlo como una ideología, o una manera de ser o la ideología del Sur, se distanció de la Corona Británica y luchó contra su colonialismo; pero, como parte de la Constitución, rechazaba el gobierno omnipotencial y absorbente. Simmons interpreta que The Federalist Papers son la primera advertencia contra la formación de una Unión como la defendida por Lincoln que terminará imponiendo las demandas del poder federal a los estados, poder central ante el que habrá que batallarse para escapar.

La mente rebelde / el Gen rebelde, el de la Causa perdida, explicó Simmons, hizo guerra contra «el Gobierno central que negó a nuestros estados el derecho inalienable a separarse de un gobierno arrogante». Un gen rebelde que perdió la guerra para la restauración de derechos de los estados individuales; una guerra que, tristemente, preparó el escenario para que se encumbrase la monarquía federal bajo la cual nos aproximamos hoy».

Obviamente, H. W. Crocker quiere sobajar la mentalidad y el estilo militar de los norteños. Muchos de ellos sí fueron realmente anti-abolicionistas y antiimigrantes. Hay que recordar que, al salir de West Point como cadete, una de las primeras órdenes recibidas por McClellan fue integrarse a la Guerra Mexico-Americana. Para octubre de 1846, estará en la embocadura del Río Grande, listo para la acción, con dos pistolas, un cuchillo Bowie y espada. Esa es su primera imagen para los mexicanos del Suroeste que fueron dueños legítimos de su región. El general McClellan no entenderá tampoco su papel de invasor blanco. Está anheloso de victorias militares; pero, «had arrived too late to take any part in the American victory at Monterrey in September».

Para peor suerte, según nos cuenta su biógrafo Sears, «durante un Armisticio temporal, en el que tropas del General Zachary Taylor entrarían en acción, McClellan enfermó de desintería y malaria, lo que le enviaría por un mes al hospital». Llamó a la malaria, no sin cierto racismo tácito -su «Mexican disease». [Stephen W Sears, George B. McClellan: «The Young Napoleon», Da Capo Press, 1988]

IDOLATRIA BELICA Y ELITISMO: Muchos norteños, realmente, creyeron que la Constitución favorecía, gracias a sus vacíos, o faltas de referencias concretas al esclavo, la institución de la esclavitud. McClellan es un ejemplo de quien pensara que la Constitución reconocía y aún protegía «slavery as an institution», «entitled to federal protection wherever it existed». Y en los escritos post-bélicos, McClellan escribe como un típico norteño, en particular de los que eran capaz de conspirar contra Lincoln: «I confess to a prejudice in favor of my own race, & can’t learn to like the odor of either Billy goats or niggers». Se confiesa prejuiciado ante ciertos asuntos de raza y aplica con crudeza asociaciones de olor desagradables. No significa que no compadezca al negro en cuanto ente social. En noviembre en 1861, escribiéndole a su esposa, alegaría: «Deseo si, resultara victorioso, al dejar la espada en la escalada de la fuerza, mejorar la
condición de esos pobres negros».

Más tarde, este empeño tiene que contextualizarse en términos de paz, esto es, «gradual emancipation, guarding the rights of both slave and masters», como parte del arreglo. McClellan se opone a las ideas de los Republicanos radicales. Insertarse como militar al Ejército de Potomac, anticipaba: «I will not fight for the abolitionists», que no peleaba por los abolicionistas.

McClellan fue un hombre elitista, nacido en Filadelfia. Provino de una familia rica, siendo su padre un prominente cirujano y oftamólogo, el Dr. George McClellan, por igual, fundador del Jefferson Medical College. Su madre Elizabeth Steinmetz Brinton McClellan provenía de una principalísima familia de Pennsylvania, y fue distinguida como una mujer con «considerable gracia y refinamiento».

Lo que Crocker debe entender es que el elitismo ni justifica al Norte ni al Sur en cuanto al asunto de preservar o retardar la institución de la esclavitud.

Sobre el autor

Jordi Sierra Marquez

Comunicador y periodista 2.0 - Experto en #MarketingDigital y #MarcaPersonal / Licenciado en periodismo por la UCM y con un master en comunicación multimedia.

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