Cultura

Kathleen Annie

Era una Rothschild amén de una von Wertheimstein, por lo que sus primeros años son complicados de narrar; y es que la Inglaterra de principios del Siglo XX no tiene nada que ver con lo que creemos que siempre ha sido: Liverpool, Carnaby Street, los Fab Four y hasta las Spice.
En la Belle Époque las mujeres inglesas convertían a sus amantes en valets, pero alzaban el grito al cielo si a alguna de ellas se le ocurría convertir a su valet en amante. Eran bastante cabronas. Y ella, ¿era cabrona? La palabra ni siquiera existía en el vocabulario de los Rothschild.
Lo que se sabe de su niñez es que aprendía truquitos de magia con Albert Einstein. Lo que se sabe de su vejez es que te servía whisky desde una tetera, convivía con 306 gatos y tenía más canciones compuestas en su honor que la Princesa de Gales: Nica’s Tempo, Nica, Nica’s Dream, Tonica, Blues for Nica, Nica Steps Out, Inca, Thelonica, y Pannonica.
Su padre, un estudioso de las plantas y los insectos, le endosó un nombre raro: Pannonica. Iba después de Kathleen y de Annie, pero alguien invirtió el orden y nunca más la llamaron de otra manera. El nombre tenía un nosequé, aunque era largo y molesto al oído. Ella lo acortó y se hizo llamar Nica, punto. El apellido era lo de menos porque siempre la llamaban “la Baronesa”.
Los Rothschild eran una familia cuyos miembros sólo aparecían en los periódicos dos veces en su vida: cuando nacían y cuando se morían. La tía Nica cambió esa frecuencia. A los 25 años se casó con un diplomático francés, Jules de Koenigswarter, barón de rango. Como a ella no le correspondía la baronía familiar de nacimiento porque no era hombre, la encontró a través del segundo mecanismo más utilizado en ese tiempo: el matrimonio. La boda resultó un éxito: el Barón se puso a trabajar con Charles de Gaulle y a ella le encantó pilotear bombarderos Lancaster durante la Segunda Guerra Mundial. La relación con su marido se pierde entre la defensa de los ideales de libertad y sus cinco partos, uno tras otro. Así se hubiese quedado, como “buena madre y esposa, de educación religiosa”; pero aún durante la buena hora del barón, la tía Nica fue una mujer real, de carne gruesa hecha para los bifes, no para convertirse en la efigie gastada de una simple heroína de guerra, inmortalizada en uno de esos terribles retratos de cuerpo entero al óleo, rodeada de los rostros de querubín de su prole.
Pannonica de Koenigswarter née Rothschild, la primera y única groupie oficial del mundo del jazz, no habría adquirido semejante estatus de no haber escuchado un —entonces— oscuro álbum, ‘Round Midnight, que le voló la cabeza como antes no lo había conseguido nada ni nadie. Fue en ese momento —en ese preciso instante de autodescubrimiento— en que dejó de ser una Rothschild para reinventarse como Nica, la Baronesa del Bebop. Se embarcó en una cruzada de hallazgo de su Grial negro, el autor del álbum, Thelonious Sphere Monk. Dos años deambuló hasta que Mary Lou Williams hizo de celestina de buena voluntad y le presentó al descendiente de esclavos venidos del Africa Occidental, cuya única ventaja material era su genio musical. A partir de esa velada, la princesita judía se convirtió en la mecenas, amiga del corazón, bolsillo, querida platónica y roadie del sumo sacerdote del bebop, que azotaba las teclas del piano sin misericordia para crear música para los dioses.
El dicho de Simone de Beauvoir “con ella el feminismo desborda por el costado más obvio pero menos explorado” fue hecho para la BB, pero a la tía Nica le iba como hecho por el sastre. En 1951 largó al marido so pretexto de que a él le gustaban las marchas militares y detestaba el jazz y se mandó mudar a dondequiera que al Monk se le ocurriera ir. Lo seguía como la princesa piel de asno: con el cofre de las monedas a cuestas para bancarle los gastos, los de su mujer Nellie y los de sus hijos. Le escribió los liner notes para el álbum Criss–Cross y dijo “culpable, Su Señoría” al juez que falló en el caso penal por tenencia de marihuana —aunque la droga era de él— y casi se murió de nervios hasta que la apelación salió a su favor. El día en que Monk se retiró de la vida pública, ella estaba allí y cuando él se murió en 1982, lo hizo en la casa de ella, en Weehawken, New Jersey.
Monk no fue el único jazzman que murió en la casa de Nica. Mucho antes que él, Charlie Parker dejó que la vida se le fuera en la suite de la baronesa, en el hotel Stanhope de Nueva York. El misterio que rodeó el hecho la persiguió hasta su propio deceso y hasta ahora hay cuestiones que nadie ha aclarado, porque más bien oscurece.
A ver, ¿qué hacía el Bird en la suite, aparte de mirar tele y atorarse de la risa? ¿Por qué no se informó inmediatamente sobre su muerte? ¿Por qué el médico de cabecera de Nica se “equivocó” al etiquetar el cuerpo y le dio casi el doble de la edad que tenía? ¿Por qué nadie llamó a una ambulancia? La pregunta más fiera de todas: ¿será cierto que el Bird se murió a consecuencia de un golpazo propinado por otro amigo de la tía Nica, Art Blakey? ¿Hubo un tronido en todo Nueva York ese 12 de marzo, en el segundo en que el Bird se murió?
La sobrina – nieta

El árbol genealógico de los Rothschild se ha retorcido hacia arriba y hacia abajo durante más o menos 200 años. La tía abuela de Hannah Rothschild era Nica. Cuando tenía ocho años, la sobrina–nieta se enteró de la existencia de esta tía de la cual nadie hablaba y si alguien lo hacía, era entre susurros y señas para acallar las preguntas. Sumando lo que se decía en voz alta y el sinnúmero de comentarios sotto voce que escuchó, la chica se hizo el bocho y quiso ser como la tía.
En 1984 visitó Nueva York y la llamó. “Te espero a las doce”, le dijo Nica. La sobrina creyó que era al mediodía. La tía quiso decir ’round midnight. Cuatro años duró la amistad entre ambas, suficiente como para que la sobrina supiera que la vida de la tía era una tremenda historia esperando contarse. Hannah la contó a todo el que quisiera financiar su documental sobre La baronesa del jazz. Otros cuatro años se pasó buscando la plata y escarbando en la memoria de su familia para dar con la historia oculta de Kathleen Annie Pannonica.
Al cabo de todo ese tiempo, conoció al energúmeno del Clint, el que hacía de energúmeno en las pelis de Leone y que hace de energúmeno en sus propias pelis, incluso cuando no actúa en ellas. El le facilitó el acceso a Helen Mirren, la actriz inglesa que más guerra le da al climaterio y así quedó sellada la voz de la tía Nica para su documental.
El filme de esta otra Rothschild, emitido por HBO el domingo 25 de noviembre, va tras los pasos tanto de su tía como de los de Monk hasta el punto de su encuentro, y luego les sigue la huella común a lo largo de la tensión pre–derechos civiles de Nueva York, adobada por la frenética síncopa del bebop. Este documental es sobre la reinvención radical —o excéntrica— de su pariente.
Algo más: con los recuentos testimoniales de los contemporáneos, el certificado de defunción de Charlie Parker y el relato de la misma Nica, el misterio queda aclarado de una buena vez. Ahora sí la habitante del Hotel Bolívar de Park Avenue, su residencia después de que la gerencia del Stanhope la invitara al desalojo a raíz del escándalo Parker, descansa en paz.
Coda
El 30 de noviembre de 1988, Kathleen Annie, dueña de un salvoconducto de soledad, se murió durante una operación cardiaca de rutina. Antes de entrar al quirófano pidió que si no sobrevivía la cremaran, que esparcieran sus cenizas en el Hudson y que lo hicieran alrededor de la medianoche. “Así es”, reafirmó. “Dije ‘round midnight”. Todos sabían el por qué.

Sobre el autor

Jordi Sierra Marquez

Jordi Sierra Marquez

Comunicador y periodista 2.0 - Experto en #MarketingDigital y #MarcaPersonal / Licenciado en periodismo por la UCM y con un master en comunicación multimedia.

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