Cultura

Prez

Lester Young

Lester Young

¿Qué diablos querrá decir Prez? es la primera pregunta que todos se hacen cuando no lo conocen y, de repente, escuchan a alguien hablando de Lester Young.  “Prez”  le decía la Billie, y seguro que a él le gustaba el apodo que ella le había puesto y que cuando lo decía sonaba como una caricia de las pícaras; entonces lo usaba.
Lester Young me recuerda a un flautista. Agarraba el saxo como si fuera una traversa, lo suspendía casi sobre su cabeza para, brazos en alto, hacerle la gamba a Eolo. Convengamos con todos que el hombre cambió el modo en que los músicos de jazz veían, sostenían y soplaban el saxo tenor. Su influencia se extendía más allá de cualquier excentricidad; el Prez tocaba armonías sofisticadas con una solvencia de banco suizo. Se volvió una leyenda del jazz por haber popularizado cosas medio hipster y haberlas reunido, sin ser amarrete, con la música.
Y dale, ¿qué corno quiere decir Prez? se preguntan todos más tarde, escuchando In a Little Spanish Town (‘Twas on a Night Like This).
En EE.UU. no hay realeza de sangre, más vale, pero se inventan toda clase de sucedáneos y uno de ellos es el presidente. A la Billie, el Lester Willis le parecía todo un Presi. De ahí el sobrenombre. Por supuesto, si había un King Oliver y una Queen of the Blues; un King of Swing y un Duke y un Count, ¿cómo podía faltar el más democrático de los apelativos —Presidente— en la historia del jazz? La Billie era una mujer muy inteligente para algunas cosas.
Además de sus pequeñas idiosincrasias con el saxo, Young se inventó otro idioma que no fuera el inglés pedestre porque era todo un excéntrico. No confiaba en mucha gente, por eso no se hacía entender cuando hablaba sino sólo cuando tocaba. El epíteto Bob Crosbys, en su boca era todo un vituperio dirigido a los canas.  A sus dedos les llamaba “gente” y por supuesto que se entendía mejor con ellos que con las personas de verdad. Llevaba y traía un sombrero feo de los que se conocen como pork pie, o sea tarta de puerco, y se lo calzaba nomás sin vergüenza. También era recontra supersticioso. Un viernes 13 no quiso tocar ni por dios ni por su madre y por eso tuvo que irse de la banda de Basie.

Al antecesor de Dizzy Gillespie, reed de plástico y todo, un buen día lo metieron en la guerra –la Grande– pero no le dejaron hacer música como a Glenn Miller porque en ese tiempo, al igual que en otros, los negros eran carne de cañón así hicieran música celestial. La cereza de la torta para los popes del ejército de su país fue descubrir que su mujer era blanca. Para qué.  Lo sometieron a una corte marcial, mirá este morocho osado, va preso.  Igual no se amilanó: escribió DB Blues con toda la terquedad que ni los barrotes le podían quitar; dé bé quería decir detention barracks. Un genio el Prez para varias cosas también.

El Pork Pie Hat del Prez

El Pork Pie Hat del Prez

Comía poquito y bebía demasiado durante el último trecho de los ’50, así que se murió de desnutrición y cirrosis en el ’59. Leal, le siguió la Billie. Los escritores y cineastas han hecho su agosto con el Prez. But Beautiful se basa en él; ‘Round Midnight se basa en él y lo interpreta nada menos que Dexter Gordon. Peter Straub escribió un cuento sobre él: Pork Pie Hat, en el que una y otra y otra vez se pregunta cómo es que semejante genio podía haber acabado su vida convertido en un trasto humano. El Prez no sabe, no responde. La Billie tampoco.

Sobre el autor

Jordi Sierra Marquez

Jordi Sierra Marquez

Comunicador y periodista 2.0 - Experto en #MarketingDigital y #MarcaPersonal / Licenciado en periodismo por la UCM y con un master en comunicación multimedia.

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