Cannonball

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Julian :Cannonball" Adderley
Julian Cannonball Adderley

Como en verdad querían llamarle era “cannibal”, pero por deformación del vocablo acabaron llamándole “cannonball” y así, desde chiquito le quedó el mote al gordito Julian Edwin Adderley, que de bélico nada tenía y menos todavía de antropófago.

Al Julian le tomó 27 años llegar de Florida a Nueva York —aunque ya era toda una leyenda en Tampa y en Fort Lauderdale— porque más que un virtuoso del saxofón alto era un educador. Le encantaba contarle a la gente sobre el arte y los humores del jazz.
Formó su propio quinteto, con la corneta de su hermano Nat haciéndole la gamba. No tuvo éxito. Entonces se metió en el sexteto de Miles Davis porque Coltrane se había ido a tocar con el tío Monk. Al Miles le dejaba algo perplejo ese cierto “espíritu” que tenía el gordito. Nunca supo de qué se trataba, sólo supo que siempre estaba ahí, cada noche, tocando junto al Bala ‘e cañón.

Un día en que se despertó con ganas, el Cannonball reformó su grupo y lo lanzó con más espíritu. Ahí le fue mejor y se convirtió en sexteto. Tal vez su mayor logro al final de los ’60 fue conseguir el crossover hacia el público popular, pero sin hacer mayores concesiones artísticas.

Para conocer y escuchar al tío Cannonball, hay que fijarse en Somethin’ Else. Por única vez le hizo caso a Davis y se dejó guiar por Alfred Lion. El disco tiene una fuerza enorme, pero ecónomica —típico de Davis— que exuda una seguridad absoluta en el ritmo y posee, adicionalmente, un algo que no se puede calificar sino de buen gusto.
 Hasta historia tiene este disco: una pieza no incluida en el álbum original, llamada Allison’s Uncle por la hija del hermano del Bala ‘e cañón, Nat Adderley, nacida el día de la grabación del tema. Ahí quedó como conmemoración fantástica, hasta que después se supo que la misteriosa composición era de Hank Jones, registrada bajo el título de Bangoon, y originalmente grabada con el quinteto de Gigi Gryce–Donald Byrd Jazz Lab para un álbum del sello Jubilee. En el disco que incluye este último tema, también es toda una delicia escuchar nada menos que Les feuilles mortes o, como le llaman los gringos, Autumn Leaves. No importa tanto el idioma: el tema es una joyita con esa introducción larga en G-menor interpretada, obviamente, por el tío Miles. Le sigue el Bala ‘e cañón y, luego, hay un interludio bastante ad-lib de Hank Jones —dicen que se lo habría sugerido el Miles. Quién sabe. Con ellos, todo era posible. Las hojas terminan muriéndose como flotando en el aire, en medio de un combo de G menor, A menor y B-flat en menor. En One for Daddy–o, la frase final no es instrumental: la dice el Cannonball, con su vocecita ronca y afable: ““is that what you wanted, Alfred?” ¡Una maravilla!

Al entrar en la década del ’70, el tío Julian tocaba para reflejar la influencia del jazz ecléctico. Mostró cosas rarísimas y bellas, como hacer doblete en el saxo soprano para mostrar la influencia del Trane y de Wayne Shorter. Uno de los resultados fue The Price You Got to Pay to Be Free. Todo un cañón.

Finalmente, Cannonball Adderley también pasó a ser parte de la historia de la música desde el cine, porque apareció en un clip del Festival de Jazz de Monterrey, dentro de una escena en un film de Clint Eastwood. Lo más fuerte, sin embargo, fue el dúo con José Feliciano nada menos que en la serie Kung Fu con David Carradine, el adorable Kwai Chang Caine.

Ni que hacerle. De 1928 al 8 de agosto de 1975, cuando lo mató un infarto, el Cannonball existió para que uno lo quisiera.

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