«María y El Nuevo Mundo», un documental del que puede leerse más que la simple historia de una mujer

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n512941430_2112370_3941217La aproximación a la vida de las personas marginadas por la sociedad, los llamados “recoge basura”, “zamuros humanos”… es una excusa. El espectador queda prendado con la inocencia que se esconde en el mundo de María, el mundo de la pobreza, el mundo “del bote”. Por irónico que resulte, nuestras reflexiones apuntan a la condición humana. ¿Cuánto creíamos conocer del mundo de María?, ¿somos inconformes de nuestra condición de habitante citadino o campesino?, ¿María tuvo peor suerte en la vida que nosotros o es cuestión del deterioro de las instituciones y estructuras económico-sociales?… Pueden seguirse planteando interrogantes y un sin número de respuestas, lo cual constituye un ejercicio para el espectador. Ejercicio que, claramente, no fue el objetivo del cineasta.
¿Qué hace George Walker Torres para adentrarse al mundo de María y realizar más que un mero registro?
Muestra algunos breves planos de habitantes de La Colonia Tovar en 1991. Se apoya de la narración en off, y con la misma nos presenta, en 2008, a María en “el bote”. Esta presentación de María, quizás peca de redundante. Lo mismo que narra la voz en off se muestra en pantalla. Sin embargo, una vez que María deja que se le conozca como hija, madre y trabajadora, la espontaneidad y naturaleza le brinda la intensidad suficiente a la dramaturgia de la imagen. De manera inteligente, Walker integra fotos de los primeros pobladores de la Colonia Tovar, comparándolas con la vida de María. “María no sabía que los primeros colonos también querían irse de estas tierras”, así lo dice la voz en off. Aunque las fotos sean totalmente diferentes a los planos presentados en la historia de María, se logra cierta intertextualidad (más bien transtextualidad) y, sobre todo, una connotación oportuna. Un paralelismo entre la fantasía de un mundo ambicionado (montañas) y lo desesperante de “permanecer allí” con deseos de volar a otro mundo. Una constante búsqueda de espacios para crecer y madurar.
Con una historia de vida, quizá, similar a algunas mujeres de Venezuela, la historia de María, en particular, resume la necesidad de buscar una libertad que no tiene y que, como dijera Kant Inmanuel, puede conseguirse en la educación: “se le educa para que algún día pueda ser libre, esto es, para no depender de los otros”. La fuerza de la tradición y el deseo de experimentar lo nuevo la llevan a crear una ilusión de libertad. Vigilada por sus seres queridos, pero criticada y rechazada por su hija, María ve la vida desde la carencia y la ingenuidad.
Un documental donde la cámara nos da la sensación de subjetividad tanto en las tomas de su casa como en las de la confirmación de la hija. Solo que, en estos casos, la voz en off del director, le resta un poco de complicidad a la historia misma. Si María hablara en off ¿qué otras cosas nos hubiera dicho? Por ejemplo, no la escuchamos cantar, aún cuando mencionó algunas canciones.
Quizás, el hecho de preguntar y dejar responder es una dinámica que direccionada nos lleva a develar al otro sin tapujos.

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María y El Nuevo Mundo es un documental del venezolano, residenciado en Francia, George Walker Torres.

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