Cultura

El CÓNSUL de Sodoma.

 

EL CÓNSUL de sodoma

EL CÓNSUL de sodoma

           Hay al menos dos generaciones vivas en España de cuyos integrantes pocos desconocen los famosos versos:

            “Que la vida iba en serio

            uno lo empieza a comprender más tarde

            -como todos los jóvenes, yo vine

            a llevarme la vida por delante.”

que forman parte del poema favorito de su autor: “No volveré a ser joven”. Por supuesto, se pueden escuchar a lo largo de la película protagonizada por Jordi Mollá, al igual que otros versos, en muy distintas voces, unas brillantes en su entonación, otras desconocedoras de todo ritmo, según los personajes. De hecho este es uno de los grandes aciertos de la película: muchas de sus palabras son las de Jaime Gil de Biedma, a quien se retrata, sin que por ello se caiga en un tono documental que desdibuje la fuerza de la narración, la historia en sí.

            Aunque no soy un cinéfilo, y no podré hablar de planos, elementos visuales y elección de formatos, creo poder afirmar con fundamento, que no abundan las cintas sobre la vida de los poetas. De hecho sólo me viene a la memoria aquel Eclipse total, de un jovencísimo Di Caprio, haciendo las veces de un Rimbaud volviendo loco de amor y sexo a Paul Verlain, el Príncipe de los Poetas.

            En este caso los primeros planos arrancan en Manila, con un hombre que ya está solo, como todo hombre, claro, pero buscando romper esa cárcel o condena del ser humano a través de los cuerpos de otros de los que se siente profundamente enamorado… aunque sólo sea una noche. Esta soledad enamorada del otro, y fascinada eróticamente a un tiempo se extiende a lo largo del tiempo, cuyo transcurso se sugiere a través de una honrosa caracterización de personajes, de un vestuario que, de tan acertado, pasa desapercibido (aquí no hay disfraces, sino trajes); y de unas canciones muy bien elegidas. La banda sonora, de por sí, no tiene desperdicio.

            Jordi Mollá realiza un papel sobresaliente, se puede palpar su autenticidad. Su esencia sale de la pantalla, pero no la del actor, sino la del poeta. En realidad todo el elenco está muy logrado y son acertadas las apariciones de personajes con nombre propio en la vida literaria y cultural española: un joven Marsé, escritor de aquella magnífica Ultimas tardes con Teresa, libro que varias veces resulta clave para entender mensajes que se envían unos a otros a lo largo de la historia; o un Barral de barba progre que pone puntualizaciones o da pie a comentarios muy acertados del poeta. Mollá parece en esta película muy lejos de aquel Felipe II caricaturizado en la británica Elisabeth. La edad de oro. El director sabe sacar al poeta del cuerpo del actor, en sus miradas, en sus gestos, en sus giros.

            Al salir de la sala, hay un nubarrón de tristeza sobre el espectador, como no podía ser de otra forma. Por muchos motivos. No es fácil enfrentarse a la realidad de la vida, ni lo es hacerlo desde un acercamiento poético y con la mente activa y bien engrasada. No es fácil ser hombre íntegro nunca, ni bajo los regímenes dictatoriales ni bajo los democráticos con ideas dominantes. No es sencillo ser honesto con un mismo y con lo demás. Pero eso formaba parte del poeta, esa lucha constante consigo mismo por ser él y ser su máscara literaria, por ser libre y no estar solo.

            Me ha sorprendido el leve debate levantado al pasar de determinadas imágenes de carácter sexual o sencillamente por la desnudez de los personajes. Ni estamos ante una frecuencia ni ante una crudeza que llamen la atención ni su aparición en la cinta es gratuita o comercial. Estas escenas son imprescindibles para entender al escritor de quien se nos habla, a quien se nos pone al alcance de la mano… ya que tenemos los pies tan vagos caminos de la biblioteca o la librería. Se trata de una parte importante de su esencia. Su vida completa fue transgresora por su asunción íntegra de la sexualidad, en todas sus perspectivas. Y no pretendo decir que fuera un activista por ninguna causa. Me faltan datos para afirmarlo o negarlo.

            Fragmentos de su obra forman parte de un guión muy bien ensamblado, que sabe acoplar las imágenes con los versos (como mencionábamos al comienzo de este artículo) o los párrafos autobiográficos. De ahí surgen simbiosis de calidad, materia poética de nuevo.

            Por desgracia EL CÓNSUL de Sodoma no permanecerá mucho tiempo en nuestras pantallas (cada día más chicas y dispersas, sustituidas por teatros de musical o por sucursales bancarias, bloques de pisos…) si es que entiendo algo de la cartelera española por lo que recomiendo darse prisa si uno quiere ver una cinta auténtica, que le enfrenta con los grandes temas de la vida: la familia, el sexo, la honestidad, el amor, la soledad y, siempre, la muerte.

            “Dejar huella quería

            y marcharme entre aplausos

            -envejecer, morir, eran tan sólo

            las dimensiones del teatro.

            Pero ha pasado el tiempo

            y la verdad desagradable asoma:

            envejecer, morir,

            es el único argumento de la obra”.

Sobre el autor

Jordi Sierra Marquez

Comunicador y periodista 2.0 - Experto en #MarketingDigital y #MarcaPersonal / Licenciado en periodismo por la UCM y con un master en comunicación multimedia.

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