Cultura

UNA DIÁSPORA JUICIOSA reseña a Elogio de la vagancia de Guillermo Fadanelli

Una “conversación” de cantina, trasiega el Elogio (México: Lumen, 2008) impasses antifundacionales. Haragán epistémico. Innovador e inteligente en el estilo –no tanto así en el fondo— es una experiencia incierta, abalorio de la disquisición. Su relato: la miseria. Azuza al factor sorpresa como instrumento.

Tenemos noticia de un tejido lacónico. De agradecer. Lejano a desentonar el entusiasmo digresivo. Mucho golpe, escasa paja. Y pareciera su objeto no atar nudos. La errancia cual destino se empata a la vida (la novela al humanismo), a la soledad y muerte.

Nos hallamos ante un híbrido ensayístico renuente a lanzar cables discursivos. Casi un guiño rizomático (Deleuze). Carambola cuya rotación trans-cribe la técnica (progreso “pornográfico” que, Fadanelli dixit, requiere del talento mas no de excepcionalidad, a diferencia del arte), el círculo vicioso literario (ouroboros es vagancia), la antropofagia intersubjetiva, su tan amada Melopea y la angustia, entre otros. Tres tesis, 1: lo volátil del tiempo (el futuro es experiencia comunal, no individual: ¿Russell o Blanchot?); dos- “se lee para acabar cuanto antes con el paseo” (p. 108); y III) hay una opción: reiniciar “la afirmación de una existencia que siempre es duda, desasosiego” (p. 123), cáscara.

Es de ver, para penetrar en su médula pasa la cuestión ¿quién es Fadanelli? (ripper-humanista, un papaíto de la mex contracultura —de remitir aún a algo ese triste vocablo). Empresa por lo demás extemporánea a esta reseña-rémora: atolladero del arribismo.

En este sentido taxonómico, sugiere un reciclaje, igual como el forraje se rumia proveniente del tercer estómago de un bóvido: proceso autognótico. Con todo, el compendio cumple cabalmente su faena: el spleen de la sesera. Su voz estragada -a la que, viendo lo sucedido al cielo, le dio por caminar- contrasta a la ciencia (“calculable”) con la literatura (que retorna a “ser oscuridad”).

Heme aquí, arguye la palabra vuelta libelo. Rara avis (Erasmo), re-des-estructura un proyecto de civilización de antemano desahuciado, fatigoso: sociedad tendente a la afasia cuanto más fallida. (Más aún que su Estado. Lo cual no es poca cosa.) Y aquí un acierto, en renegarse a claudicar a su labor “desgraciada”; inclusive siendo 100% consciente de que ya todo ha sido dicho: eterno retorno: añeja, cotidiana carroña. No obstante, el artífice rechaza emperifollarse con el penacho del patriarca en tribu ajena o ya de plano en franca desbandada —que sean legión sus epígonos (alborotadores, chungueros anodinos), es cosa aparte y que se desborda del plan original.

Se vuelve “contra” sí mismo. El ain’t know how pone a girar la rueda, lo sui generis (reset).

Contempla a individuos como fines en sí (Kant), así también al vagar, fáctico, psíquico, etc. Buen salvaje posturbano, toma su distancia respecto a las sinergias del mainstream (la anciana ideología del dominio). Propone tajar la continuación. Si la experiencia literaria no confiere poder, da la pauta al desapego, a reconstruirse “desde el principio” (p. 80): un egopátrida.

Desencantado, apela a un perfil bajo (¿honestidad o rédito?). Se lanza a una aventura: deshilacha su trama hórrida en el mundo, tal como los briagos afirman su propia desgracia y destrucción. Eleva tres críticas: filosofía-fofa-teórica; humanismo = utopía burocrática y; ciencia emparentada con la literatura fantástica.

Feyerabendiano o dadaísta teórico, el texto está plagado de anarquismo conciencial; mas su contundencia flaquea de vez en vez al abordar los temas. Rasca en su propia madriguera. Su objeto: pasear por la memoria. Punto. Ése es otro acierto: despoja de maquinista a los furgones. Lo suyo consta en descarrilar. Empero, no es una cavilación azarosa: implacable a ratos y lúcido de sí, parresiático pensar el de este impopular veracruzano hacinado en el Distrito Federal. Da en el blanco: pendonea, sí, mas con la ruta ferroviaria mentalmente trazada. A diferencia de una constante en su obra, en Elogio está ausente el picapleitos.

Abandona la pose sin rezagar la sorna. Ameno. Cero esoterismos, mas su lectura se antoja a ratos un risible vientre de borregas, un oráculo fenicio: y eso, per se, no está ni remotamente chido.

Si se derrota a sí mismo en el lenguaje, a través de esa logopatía erige su coartada. De estar de paso ¿por qué no concatenar la indigencia inherente al pensamiento?, ¿qué le ata para no macerar la imaginación hasta que suelte el zumo? Con miras a interceder en un acto comunicativo —Habermas—, como en teoría la lengua articulada, da razón de su incapacidad (humana), de su oficio (terreno) de penumbra. El terror intrusando su palabra convoca al lector –quiero suponer- para que sea su mirada la que descubra al sema implícito en el grama delatado por el grafo. Este libro-forastero —consecuencia del embrutecimiento y el pánico a un mundo a última hora codificado a lenguaje binario, devastado— refiere a lo inagotable, a la intensión con ése.

Para el ser-para-la-mierda (e.g., una Eksistenzia-para-Nada), ¿qué cosa tan grave o definitoria como el errabundeo? Anthropos se desmitifica y redeifica: dialéctica del artista, concreción catalítico-catártica. Se esmera con esplendidez en hincar el diente —tipo un criticón, un nomologista trunco— en las llagas/

verdades que supura/indigesta a esta sociedad sin saciedad y enrarecida cual gas tóxico. Describe: texto no prescriptivo; carente de meta, no orienta ni se define: vaga libre. Literato.

Si en algo se destaca la desinteresada lectura es en que descuida su fundamento (pues ni la novela, las citas o comentarios lo serían), ie, el libro está dispuesto como un modelo fractal.

Pensamiento = vagancia. Sapere aude de un órgano humillado, Elogio arropa un fragmento de pedagogía vital: viaje pachanga.

Sobre el autor

Jordi Sierra Marquez

Jordi Sierra Marquez

Comunicador y periodista 2.0 - Experto en #MarketingDigital y #MarcaPersonal / Licenciado en periodismo por la UCM y con un master en comunicación multimedia.

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