El experimento del doctor Ox

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Me habían hablado de la existencia en Madrid de una cámara de oxigenación hiperbárica. Fue una amiga quien me dio el soplo. Ella la había probado y contaba excelencias acerca de sus efectos. Al salir, decía, se comió el mundo, animada por una energía formidable. Me pasó el teléfono y allá que me fui. Está ese artilugio, que parece una cápsula espacial, instalado junto al Hotel Foxá de Serrano Galvache, en las dependencias de un gimnasio de tiros largos: el Príncipe Sport II. Al principio impresiona. Es como iniciar un viaje a la estratosfera. Antes de entrar en la cápsula hay que pasar por las manos de una amabilísima doctora. Chequeo breve, pero minucioso, y adelante. Ya está el cobaya metido en su sputnik. Un funcionario de la Nasa (permítaseme la broma) controla los mandos. Empieza a entrar oxígeno puro hasta alcanzar el índice de presurización adecuado. El astronauta siente, al principio, algo de calor y nota como la energía que anima el universo va poco a poco entrando en él. Los tejidos se hiperoxigenan. Los efectos fisiológicos y psicológicos son espectaculares, dice la ciencia, en todos los vectores del antiaging. No cabe detallarlos aquí. El tratamiento mejora o cura alrededor de diez mil enfermedades. Yo me sometí el otro día a la primera sesión, hoy practicaré la segunda y así seguiré hasta cumplir todas las etapas del protocolo establecido. Me pasó lo mismo que a mi amiga: salí de la cápsula y, aquella tarde, me comí el mundo, sexo incluido. Julio Verne escribió una novela, muy divertida, cuyo título era “El experimento del doctor Ox”. La leí de niño y la he vivido de mayor. Es la única cámara de ese tipo existente en Madrid. No sé si las hay en otros lugares de España. Infórmense en www.oxigenarte.net y agradézcanme la noticia y el consejo.

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