El Librepensador El Librepensador
Tamaño de fuenteAa
El LibrepensadorEl Librepensador
Buscar
  • Inicio
  • Inversiones
  • Economía
  • Tecnología
  • Ciencia
  • Cultura
  • Política
  • Internacional
  • Sociedad
  • Opinión
  • Deportes
  • Estilo de vida
Síguenos
El Librepensador > Blog > Cultura > Una breve reflexión cultural
Cultura

Una breve reflexión cultural

Última actualización: 15/02/2010 22:31
Ricardo Serna
Ricardo Serna
PorRicardo Serna
Ricardo Serna es Licenciado en Filosofía y Letras, Diplomado en Estudios Avanzados de Literatura Española y escritor. Ha publicado hasta la fecha quince obras de géneros...
Compartir
Compartir

            No sabemos bien si la cultura española pasa por buenos o malos tiempos, pero se nos antoja que no andamos por senderos rectos ni demasiado seguros. En Aragón, por ejemplo, se viene insistiendo -desde hace décadas, por cierto- en la conveniencia de que el sentir cultural aragonés se enderece un poco a base de recuperar antiguas tradiciones populares festivas, con lo que se pretende unificar el espíritu de las buenas gentes en torno a fechas representativas del calendario. Así se potencia, creemos que de forma un tanto artificiosa, la participación del personal en actos y celebraciones de sabor y esencia aragoneses.

            No nos parece mal esto, qué va. Lo que parece peligroso, y mucho, es la tendencia a pensar que con eso basta. Porque si no hacemos que el trabajo diario por la consecución de una cultura viva, profunda y con raíces tenga el vigor preciso, el fruto que obtendremos será pobre, incapaz de sostener el peso de cualquier futuro proyecto serio. Tendremos, en resumidas cuentas, una cultura hueca, populista y falseada por su misma impostura e ineficacia.

            Nos haría falta que la cultura, en sus diferentes facetas y manifestaciones, se presentase al receptor de manera elegante y atractiva. Reconozco que una inmensa mayoría prefiere irse a tapear marisco con los amigos antes que asistir -pongamos por caso- a la disertación de un sesudo conferenciante que hable horita y media cumplida acerca de los nutrientes de crustáceos y moluscos.

            Y a propósito del ejemplo, me viene a la memoria ese delicioso ensayo del ínclito Dámaso Alonso[1], maestro de maestros, en el que, recordando con cariño las jornadas vividas por él y sus compañeros del grupo en Sevilla allá por el año de 1927, con motivo de la conmemoración del tricentenario de la muerte de Góngora, comenta textualmente: «…habíamos dado nuestras sesiones poéticas -conferencias, lecturas de versos- ante un reducido público». Y luego, en nota a pie de página, aclaraba con humor: «Cuarenta o cincuenta personas. Sólo cuatro damas, la noche de mi conferencia. Habían entrado allí por equivocación, sin duda, y se escurrieron como cuatro anguilas en un momento en que yo me bebía un vaso de agua. Pero,¡oh, prodigio¡, el día del banquete con que nos obsequió el Ateneo, ¡cuatrocientos comensales¡». Y es que el ser humano, por muy cultivado que pretenda hallarse, no consigue desprenderse del todo de sus facetas más prosaicas, derivadas de su inevitable condición de mamífero erecto. Una pena.

Dámaso Alonso habló en su obra de las debilidades humanas

            Por desgracia, la gravedad del tema que hoy nos mueve a estos comentarios, no permite demasiados coqueteos con citas de tan alta gratitud.

            Es de público dominio, y nada nuevo descubro al mencionarlo, que las diputaciones y ayuntamientos destinan todos los años miles de euros a la promoción y mejoramiento de las fiestas locales: verbenas, recitales de rock, encierros taurinos, grupos de animación alóctonos, adornos públicos y un sinfín más de cosas que, efectivamente -no vamos a negarlo-, llenan de colorido nuestras calles y plazas durante unos días, pero que no representan más que la cara desenfadada de un noble pueblo que se ve inmerso de pronto en la ilusión transitoria de un breve periodo vacacional. Todo resulta ficticio, inconsistente, falto de raíz cultural auténtica. Y el dinero que cuesta montar semejantes  decorados proviene del contribuyente, del ciudadano de a pie, de los padres de esos muchachos que demandan lugares de encuentro y diálogo fuera de los bares y discotecas, que los hay. Y proviene, en definitiva, de los que pagamos las innumerables tasas e impuestos con los que nos asaetean sin miramientos.

            La mera distracción del pueblo –el pan y circo de los romanos- es algo que está muy bien, pero sin embargo deberíamos preguntarnos dónde se hallan los pilares maestros que sustentan esas alegres fachadas festivas y coyunturales de nuestras ciudades y núcleos rurales. Tristemente, la respuesta surge clara: no están en ningún lado. Y no están porque no existen. Así de simple.

            La raíz cultural de Aragón, igual que la del resto de las comunidades españolas, se ha ido secando por falta de riego, de abono, de mimo y de fomento. Si hay suficiente dinero para el montaje de apariencias y decorados banales, también debería haberlo -valga el símil teatral- para la formación concienzuda de los actores, que a fin de cuentas es lo interesante con vistas al futuro.

            Pues no, mire usted. Resulta que los presupuestos que hacen nuestros gobernantes no llegan para según qué cosas, como pueden ser -por citar unos ejemplos tan sólo- la creación o ampliación de becas a estudiantes y posgraduados, el fomento de asociaciones culturales de iniciativa privada a través de subvenciones generosas, apertura de nuevas bibliotecas en zonas desligadas de los principales centros urbanos provinciales, creación de ayudas a jóvenes artistas, artesanos, escritores; campañas continuadas de fomento de la lectura para niños y adolescentes, habilitación de fondos públicos con destino a publicaciones diversas, ciclos periódicos de conciertos y exposiciones didácticas, y también -algo fundamental- la promoción preferente, a través de los medios de comunicación (prensa, radio, televisión) de las ideas y la obra de pensadores, poetas, profesores, escritores y artistas e intelectuales en general, naturales de la tierra. Nada, cuatro cosillas en las que malgastar los presupuestos de los departamentos y delegaciones de cultura; cuatro sandeces, como quien dice.

            Lo peor del caso es que la juventud se ha contagiado de la insana dejadez cultural emanante del poder. Se conforman con pensar que la cultura de un pueblo son únicamente sus fiestas y que lo que mola consiste en el canuto y la diversión facilona. Sin medios, sin ayudas, sin planes serios al respecto, el joven español no hallará la senda cierta que le lleve hacia una plena identificación con la historia, con la tradición y, en última instancia, con la raíz cultural y distintiva de su tierra natal. Y es que donde no se siembra, mal se puede recoger.

            «Nunca es mañana; siempre es hoy» -escribió una vez Ramón Gómez de la Serna-. Hagamos nuestra su clásica greguería, reconózcanse los vacíos, los errores cometidos, y trabájese para subsanarlos sin esperar a mañana. La cultura -no lo olvidemos- es el cimiento de las sociedades modernas. Y nuestra juventud, que demanda menos demagogias y más veracidad en todos los órdenes de la vida, no se merece una cultura vacía y trivial como la que algunos se han empeñado en ofrecerle.

.·.

 


[1] Alonso, Dámaso: Una generación poética (1920-1936). Ensayo perteneciente a su obra Poetas españoles contemporáneos. Editorial Gredos, Colección Biblioteca Románica Hispánica (Tercera edición aumentada. Madrid, 1978).

Compartir este artículo
Correo electrónico Copiar enlace Imprimir
PorRicardo Serna
Ricardo Serna es Licenciado en Filosofía y Letras, Diplomado en Estudios Avanzados de Literatura Española y escritor. Ha publicado hasta la fecha quince obras de géneros varios. Fue profesor de Literatura Española. Es Máster en Historia de la Masonería y miembro del prestigioso Centro de Estudios Históricos de la Masonería Española [CEHME, Universidad de Zaragoza].
Artículo anterior Meterse donde nadie le llama (El Rey intensifica los contactos con los agentes sociales para dinamizar el Pacto Social)
Artículo siguiente La libertad de La Palabra

Lo más leído

Ernest Urtasun el nuevo ministro de Cultura del Gobierno de Pedro Sánchez

Ernest Urtasun el nuevo ministro de Cultura del Gobierno de Pedro Sánchez

Por
Jordi Sierra Marquez

Vicente Blasco Ibáñez y la Masonería

Por
Ricardo Serna
Alpinismo. Al filo de la escalada

César Pérez de Tudela: la pasión por el alpinismo

Por
redaccion
Psicoterapia online una ventana abierta al bienestar emocional

Psicoterapia online: una ventana abierta al bienestar emocional

Por
Jordi Sierra Marquez

Deportes y actividades en la Naturaleza Navarra

Por
redaccion
Santa Inquisición

La Iglesia católica y sus crímenes contra la Humanidad

Por
JavierFisac

Los usuarios de car2go en Madrid han reducido más de 1.600 toneladas de emisiones de CO2 en 2017

Por
redaccion
Cuál es el mejor seguro médico para 2020

¿Cuál es el mejor seguro médico para 2025?

Por
Jordi Sierra Marquez
Ya tienes listo tu bikini para el verano

Ya tienes listo tu bikini para el verano

Por
Jordi Sierra Marquez
Libres Pensadores

Filosofía del Derecho

Por
brodgari
Anterior Siguiente

Quizás también te interese

Cultura

Eleonora

18/10/2009
Cultura

La esencia de un actor

13/03/2011

Hay quienes hacen del mundo un ring

22/08/2011
Cultura

El camino entre dos nadas

26/03/2010
El Librepensador

Medio digital independiente de información y opinión, con 17 años de trayectoria. Periodismo transversal, plural y transparente. Editado por Adstriva LLC.

Secciones

  • Inicio
  • Inversiones
  • Economía
  • Tecnología
  • Ciencia
  • Cultura
  • Política
  • Internacional
  • Sociedad
  • Opinión
  • Deportes
  • Estilo de vida

El Medio

  • Quiénes somos
  • Equipo
  • Estándares editoriales
  • Ética e independencia
  • Correcciones
  • Contactar

Ayuda y legal

  • Aviso legal
  • Privacidad
  • Política Cookies

© 2026 El Librepensador · Editado por Adstriva LLC. Todos los derechos reservados.

¡Bienvenido de nuevo!

Inicia sesión en tu cuenta

Nombre de usuario o dirección de correo electrónico
Contraseña

¿Olvidaste tu contraseña?