Cultura

Profecía de la cautividad antillana

[a De Hostos, Martí y Varona

al Dr. Marcos Reyes Dávila]

Ellos llegaron al Caribe, al espacio donde estabas,
objeto y sujeto de amores. Querían elaborar
cognitivamente su presencia en tu espacio
y todos su dispositivo invasor se organizó
para sacarte del signo, porque tenías
una pureza de símbolo que ahora
no tienes. Por causa de ellos
y de tí, que te entregaste al mestizaje
de los fracasos.

En el momento de la invasión y el choque,
empezaste a expresarte y jugar a las escodidas
y eran Tres Hermanas que ya no sabrían
dónde y cuál es / o fue / su sangre.
El signo de su sangre / o su esencia /
se volvió confuso.

Haítí se volvió negra, olvidó que era taína
como aquellas aruacas, sus hermanas,
Cuba y BorinKén. Y Borinkén dijo:
«Yo soy blanca» y Cuba, «pues, yo más parda,
entre azul y buenas noches».

Entonces, ya no eran Una aunque había mares
dividiéndolas con danzas y con giros de playa.
La canoa era su cuerpo de madera,
el común cuerpo de su espacio,
y todas se metían para el viaje dentro de ésta
y se decían: «Siempre seremos tres hermanas».
Se habían mirado con profundidad sabiéndose
en la carne Una y en el espacio,
el signo se mostraba más puro, todavía no relatado
en areito con símbolos orales, como cosa-signo
diferente al Uno, carne de vida
hoy y para siempre,
tres mujeres-antillas, tres pueblos,
tres humanidades, en el Uno singular
del viaje por la historia en la concreta carne.

Entonces, en el momento de la invasión y el choque,
cuando irrumpe un modo de elaboracion cognitiva,
otro lenguaje que posee simbolos y signos
trajo los conflictos ineludibles.
Un lenguaje verbal que no tiende hacia el signo
sino que es prisionero de acontecimientos,
y todo lo disocia para que el sistema social
del invasor venza contra la imagen de los cuerpos humanos,
cuerpos de Tres Hermanas que habrían querido
serlo, desde el comienzo al final
de la primera ceiba y el primer caracol
que vieron sobre las playas.

… pero cuando los invasores llegaron,
tan armados con poder disociador,
con lenguajes simplificadores y olvidadizos,
con sed de repugnancia por los signos
a los que ellas habían servido desde largo,
vino la doble propuesta: el ultraje como forma
de rechazo, y la acusación de que ellas
representan el no-sentido.

Ellas son las inferiores, enunciaron.
No son la oferta del príncipe cautivo;
son la rana sucia, asquerosa, a la que nadie
debe besar en la boca, como en el cuento de hadas
o de brujas malditas.

Las almas de las Tres Hermanas
deben vigilarse porque representan grados
de subdesarrollo y riesgo profundo de conflictos.

Los invasores no trabajarán para elaborar
con materiales previos, viejos signos, yendo
al rescate. No tienen interés en conocer lo oculto
por lo que parecen vivir las Tres Hermanas.

Sus cuerpos de hermosas taínas serán ecos
de ajena comunicación, no órganos autónomos.
El Caribe ha de ser el espacio de perenne cautiverio
y el vehículo de vida vulnerable.

El invasor les llamará mis yacimientos de residuos
y aprovecharán lo que allí valga, si algo:
materiales / signos / que son residuos,
no riqueza, Puerto Rico, residuo,
todo tu oro, tu cobre, tu flora,
residuo. Residuos.

Cuba, escucha lo que el imvasor te dice:
no serás tú, ejemplo Valiente, ni darás modelo moral
con tus rebeliones, serás la aislada,
serás donde el invasor de ayer y hoy ponga sus campos
de reconcentramientos, sus bases de tortura,
guantanamera. Y será en Dos Ríos que se asesine
la Gracia Moral de los genios, Martí primero,
y después, Fidel, aislado con embargos,
atacado por gusanos, vermífugos de la peor toxina.

Escucha la profecía que dejó el invasor:
Haití, tú no enseñarás libertades,
tierra de negros jacobinos, tú eres residuo de residuos,
el abandono, la extracción, bosque deforestado,
el cuerpo del sufrimiento, el huracán y el sismo.

Boricua, despierta, a la verdad de tu cautiverio
y oye profecía blanca para tu pueblo mulato.
Cuando trates de ser valiente, no escaparás,
Albizu Campos, no pudo.
O te tiras al mar, o te llega tentáculo de asfixia.

Tú baila a ritmo de festival y turismo, mueve la nalga,
rapea, cocolo. Toda tu creatuvidad ha de ser
lo único que los invasores no puedan reducir
a residuos.

Ellos llegaron al Caribe, al espacio donde estabas,
objeto y sujeto de amores. Y cognitivamente
su presencia en tu espacio está dirigida a destruir
la Confederación de las Antillas, tu inicial esperanza,
el remoto signo de las Tres Hermanas
(todas Una en la sangre, una en la Canoa del Cuerpo
y el Origen) y ya no sabes
si tal destrucción
es sólo por hoy
o para siempre.

23-11-2003 / «Lope de Aguirre y los paraísos soñados»

Sobre el autor

Jordi Sierra Marquez

Jordi Sierra Marquez

Comunicador y periodista 2.0 - Experto en #MarketingDigital y #MarcaPersonal / Licenciado en periodismo por la UCM y con un master en comunicación multimedia.

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