Cultura

Diario de Viernes (Ruta Quetzal-BBVA): 1. Santiago de Chile

Lunes (con retraso porque no había internet). Ya estoy aquí. Casi catorce horas de viaje aéreo, tranquilo, puntual y cordial. Iberia ha cumplido mientras yo, ajeno a todo, leía las memorias de Kikí de Montparnasse, me atizaba medio trankimazín y una pastilla de somnovit disueltas en dos copazos de buen vino -a grandes vuelos, grandes remedios- y dormía ocho horas de un tirón.

Desperté, subí la cortinilla de la ventana y las cumbres de los Andes, magras de nieve, terminaron de espabilarme las pupilas. Pensé, al verlas tan descarnadas, en el cambio climático y en los señorones de Copenhague, maestros del paripé decididos a no hacer nada. Los zorros al cuidado del gallinero.

Es la cuarta vez que aterrizo en esta ciudad. No reconozco el aeropuerto. Ha ido creciendo éste, para peor, como sucede siempre que hay metástasis, a medida que yo envejecía.

No importa. Llego al hotel y allí me espera el reencuentro con los amigos de la Ruta Quetzal, a los que no veía, excepciones aparte, desde que en 1994, absorbido por otros menesteres y atraído por otros horizontes, dejé de ser cronista de Indias de la expedición.

Quince años son muchos, pero el rescoldo de la amistad es lumbre que sólo la muerte apaga, y a lo mejor, ni eso. Robinsón de la Quadra aún no ha llegado -lo hará el día veinte-, pero algunos de sus leales siguen arrimando el hombro e hincando los talones en esta vigésimo primera edición de la colosal aventura ultramarina iniciada en el 79, proseguida en el 85 y reanudada en el 88.

Y ya hasta hoy.

Deambulo por el vestíbulo, a la espera de que arreglen la habitación, y
van apareciendo muchos de los de entonces: María Ángeles, Rocío, Carlos Pecker, Andrés Ciudad, Zoilo, Carmen Hernández, Jesús León, Jesús Garrido, Ángel Colina, los hijos del Almirante (Rodrigo e Íñigo) y los titiriteros del Grupo Libélula. Hay de todo: periodistas, profesores, monitores, gestores, cómicos, biólogos, arqueólogos, astrólogos, fotógrafos, camarógrafos… Si me olvido de algunos, y de alguna profesión, echen la culpa al jetlag.

Me alegra verlos y me alegra también encontrar aquí, entre las caras nuevas, la de Víctor Amela, con el que tantas veces he bailado, por activa y por pasiva, sobre el filo de la navaja de las certeras entrevistas que desde hace ya casi más años de los que él tiene (y muchos menos de los que yo tengo) publica en la contra de La Vanguardia.

Se van todos a sus cosas y yo, con mi mujer a las mías. Ya las anuncié:
degustar erizos de mar y otras exquisiteces del Pacífico en cualquiera de los restaurantes -son muchos- del Mercado Central, que es una joya de la arquitectura eiffeliana.

Misión cumplida. Nos salvamos por los pelos, mientras busco leche de soja en polvo para evitar la de vaca, de la operación de acoso y derribo organizada por dos malulos (así llaman en Chile a los cacos) decididos a arramblar con nuestras pertenencias. Sobre todo con las de mi cónyuge, que por ser japonesa carece de malicia y de anticuerpos para los virus de la rapiña. En Japón no hay descuideros ni tironeros. El índice de delincuencia roza el encefalograma plano.

Vuelvo al hotel y me entero por la tele de que en España todo sigue tan mal como siempre y, por añadidura, nieva sin que por ello se enfríe la algarabía, mientras aquí, en el hemisferio austral, va la gente en pantalón corto, minifalda y camiseta.

El BBVA nos invita a cenar en un espléndido palacete rematado por una cúpula de vidrieras y adornado por frescos que ponen rostro, ademán y postura a los siete pecados capitales. ¡Vaya por Dios! A mi edad casi todo es virtud.

Chile, señores… Ritmo lento, pocos coches, buen pescado, mejor vino, gente amable, chicas guapas. Ayer se celebró aquí la primera vuelta de las elecciones generales. ¿Quién lo diría? Nadie habla de eso. Lo mismito que en Vandalia, el país de la greña permanente.

Ser español agota y en la ancianidad mata. Yo ya dejé de serlo.

Mañana salimos hacia Isla Negra, hacia Valparaíso, hacia el archipiélago de Juan Fernández… Toda la noche oiremos pasar quetzales.

Sobre el autor

Jordi Sierra Marquez

Jordi Sierra Marquez

Comunicador y periodista 2.0 - Experto en #MarketingDigital y #MarcaPersonal / Licenciado en periodismo por la UCM y con un master en comunicación multimedia.

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