Cultura

El caos en el hombre

[ * Una enseñanza mitológica que describe cómo Heraklés / o el Hércules romano / estranguló a Caco, el ladrón de los Bueyes de Gerión, relata que más adelante, Caco resucitó de su muerte y fue tras Heracles, quien se rindió después de una larga lucha ante la fuerza superior de su rival. Caco le tuvo compasión y lo dejó ir con la promesa de que no tratara de enfrentarlo nuevamente. MORALEJA: No ponerse, por más héroe que nos creamos, con Sansón a las patadas. Buscar el lado Noble de los Poderosos en FUERZA. El perverso se fortalece cuando renace y no siempre es GENEROSO].

Allí, vulcánico, está el gigante que desmiente
el Orden con sus actos, uñas largas tiene en apariencia,
pero su pezuña está hundida, pezuñas que ninguno
quiere al salir de las fraguas; allí, su chispa
que salió del fuego y no quiso iluminarse como llama
ni darse productiva.

En raseros de caspucias,
esquirlas de no ser, bruta materia y desperdicio,
signos de robo, de corazón no labrado, está
sin vigilancia, sin destino, apático y dormido
para el poema del Ser y la profunda labranza.

Allí, caco en la caca, degradándose
en excremento de rapiña, allí el traidor del Trabajo,
allí, sin ley, el que no quiso el Orden
por preferir el caos, allí
el más ciego de los estafadores,
el ladrón gigante, yendo a la insignificancia
de las inconexiones, allí, a la expectativa
bajo el Puente de Varolio, el salteador
del hemisferio, el patrón mitad humano,
mitad carnero, padre y autor de todos los ladrones.
Orejón de arpón y sordos cuernos.

El no es un fauno, no. El que allí está
vive en las cuevas de Aventino y vomita humo
y nadie ve su llama.

Es un hombre triste y escondido
que habita en el interior de sí, lleno de odio
por no se sabe qué razones ni por qué
sentimiento. Es el caos de la carne
y el hurto de consciencia
de vida y ser. Es el hombre
que se traicionó a sí mismo.

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No lo mates

Aquel que dispensa el fuego entre los hombres,
quien enseña a forjar, quien habla de proyectos,
te dice, héroe, no se acaba por siempre
la fuerza de mi hijo.

De mí nacen Gigantes hurtadores, filtros
de remanentes, canales vulcánicos de ira,
pero también secretas luces expiadoras
ocultas en la psiquis, pendientes
de lecciones y castigos.
Kármicos son los hijos de mi luz.
La fuerza es lo más kármico que existe.

Al despertar mi hjo, la Fuerza te robó los bueyes
de la patra de Gerión y te dio ira,
y yo comprendo el enojo de los héroes,
adrenalinas reinvindivativas; pero, yo a Mi Hijo
lo quiero y lo protejo y a la puerta de su cueva
pongo la roca de mi amor, la misericordia.

Sube, pues, a la colina. Ve por la roca
y remuévela con tu aliento, ve por los bueyes;
yo comprendo el deber y él te ha robado.
Pero no lo mates, tírale árboles, escúdate,
esquiva el humo de su boca sangrante,
pero no lo mates. La fuerza kármica
es buena en el fondo.

Quita la Roca de su alma, alma en su cueva
en el Monte Aventino, llévate lo tuyo y vète,
pero no lo mates. Yo lo hice para el fuego
con material divino y él es Mi Hijo
y en el fondo de sí está el amor
con que yo le dí huesos
y estructura tiene, por mi causa,
de gigante.

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Todo resucita de la muerte

Con aliento cósmico, yo hago todas las cosas.
A mi hijo dí Alma de Gigante y él agrandó
su Mano y su pie, cegó su quehacer
y te robó cuatro bueyes, los cargó sobre su lomo
y te dijo: «Te he engañado», pero el ojo ciego
también es mío; y su vigilia es mía
debajo del Puente de Varolio.

Te llamé, Heraklés, administrador de luz
para ojos ciegos, hercúlea fuerza
del hombre despierto y te dije: «Búscalo
y no lo mates; dále los cuatro elementos de la Luz
y que vea el aire transparente porque de su boca
sale humo turbio y oscuro, múestrale el agua
(él cree que ya no llueve, que no hay manantiales
en el Cielo, que la Fuente es chica y se hundió
bajo las tierras del submundo).

Tú dale el Agua
y endérezale el pie, heredó de mí lo cojo,
es un Ladrón renco, con la mano torpe
y la pezuña hundida. Pónlo en firmeza sobre la Tierra
y házlo amar el paisaje; yo le enseñé a querer
el fuego y lo crié en mi forja de Vulcano
y le puse cadenas de templanza,
aunque su fuerza es kármica y él lo siente.

Pero, no te preocupes que él sea tu rival.
Cuando vuelva a resurgir porque el aliento
es inmortal, en medio de los huesos,
pacta con él y no lo mates.
Con aliento cósmico, lo hice como evidencia
de la fuerza; tú no te midas con alguien
que cada día será más fuerte
y, si persistes en matarlo, será él quien te mate;
tú ya le díste la Lección de Cuatro Bueyes,
se los quitáste, ahora deja que mi hijo
te ofrezca su quintaesencia:
el quinto elemento terrestre de sus Compasiones. *

30-06-2002 / «Las zonas del carácter»

Sobre el autor

Jordi Sierra Marquez

Jordi Sierra Marquez

Comunicador y periodista 2.0 - Experto en #MarketingDigital y #MarcaPersonal / Licenciado en periodismo por la UCM y con un master en comunicación multimedia.

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