Barcelona: la capital europea del piano

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Durante este mes de marzo y como iniciativa novedosa del gran concurso anual María Canals, Barcelona muestra su rostro más musical con numerosos pianos diseminados por toda su geografía. Plazas, parques y otros escenarios abiertos al gran público ofrecen la posibilidad de acercarse, tocar y conocer ese fantástico instrumento.

Ante la agradable sorpresa, algunos tímidos se atreven a interrumpir su paseo por el parque de la Ciutadella o el Palau de la Música e interpretar unos temas infantiles, interpretados de oído. Otros, más experimentados, aprovechan la ocasión para lucir su destreza, ganarse un público y hacer vibrar el resto de los ciudadanos con temas clásicos u otros más jazzísticos. En algunas paradas de metro se han podido ver incluso algunos pianos de cola para el placer de los oídos y el entretenimiento de unos viajes a veces demasiado rutinarios. En todo caso, la iniciativa no ha pasado desapercibida y ha generado el entusiasmo de numerosos turistas que han podido comprobar cómo la ciudad condal sabe abrirse a propuestas originales y entretenidas.

Al origen de esta iniciativa que lleva el lema de “Tócame soy tuyo” (y que concluye el 26 de marzo) está el concurso internacional de María Canals, un concurso anual organizado en el Palau de la Música que, durante casi dos semanas, acoge a talentos de todas partes del mundo y premia a los mejores pianistas en distintas categorías. Su objetivo es dar a conocer el concurso en el país, puesto que es muy valorado en el exterior y, sin embargo, no acaba de enganchar a los músicos españoles (totalmente ausentes en esta ocasión). Este año, para la 56ª edición, han sido aceptados 91 concursantes originarios de 26 países, con una fuerte presencia rusa, surcoreana y del resto de Europa.

En la sala del Petit Palau, el piano ha expuesto todo su esplendor. Ahí es donde acontecen la mayoría de las pruebas. Ahí es donde la faceta más expresiva y dramática del piano se deja ver. En el silencio del escenario y ante la mirada atenta del exigente espectador, los concursantes revelan el sentimiento que expresa ese instrumento y la potencia que tiene para crear emociones, imágenes y sensaciones. Alternando entre toques endiablados y otros más parsimoniosos, entre derroches de tensión y otros de paz, el espectáculo sonoro está a la altura de las expectativas.

Finalmente, en estos días más soleados, el piano se ha lucido en su mejor vestido, en la calle y en el Palau de la Música, para la satisfacción de todos y de cada uno. Asimismo, ha vuelto a conectar la ciudad condal con su pasada imagen de ciudad artística y bohemia que, antes de la severa regulación y de la limitación de escenarios de música en vivo, era un auténtico hervidero de músicos y artistas. Esperemos que esta iniciativa abra el paso a otras parecidas, originales, musicales y participativas.