Cultura

Mujeres que leen lo que otras mujeres escriben

Para muchas escritoras, es más apetecible la literatura sin apellido. Esa que se nombra a secas porque más no cabe. Sin embargo, hay otras mujeres que abogan por lo que escriben sólo mujeres, proporcionando a esa literatura una suerte de apéndice, que pasa por el término “femenina” o, en el mejor de los casos, “escrita por mujeres”.

Verónica Saunero

Hagamos una salvedad: en el caso de Verónica Saunero, doctora en Literatura Hispanoamericana por la Pennsylvania State University; investigadora y catedrática de la New Mexico Highlands University, cuyos intereses dentro del campo académico la han dirigido en los últimos dos años a investigar el feminismo y análisis psicológico en la literatura de mujeres, el modernismo y su relación con el feminismo y, por último, la obra de escritoras bolivianas contemporáneas, la literatura escrita por mujeres no cobró una gran importancia sino hasta el año 2000. Ella leía solamente literatura escrita por hombres, aunque en sus estudios de posgrado había visto algo de Sor Juana Inés de la Cruz y un poco de poesía de la década del ’20.
Un detonante muy poderoso hizo que transfiriese su interés de lectora y académica a la literatura de mujeres: se convirtió en madre. Súbitamente, tomó conciencia de su ser mujer. Esa conciencia se tradujo en una pregunta; “¿Habrá mujeres, aparte de Sor Juana, que escriban?”
Curiosamente, una resolución nacional de la administración Clinton en torno a la baja por maternidad, fue lo que le dio el tiempo suficiente para absolver su propia interrogante. Utilizó ese tiempo para leer lo escrito por mujeres y, al hacerlo, encontró una voz literaria diferente.
El hallazgo fue importante, pero debía responder a otra pregunta: Diferente, ¿cómo? La explicación de Verónica es que ella cree que las mujeres cuentan las experiencias femeninas desde un punto de vista que no es ajeno para ninguna otra mujer. Es decir, el nexo de género se comparte desde la página escrita hasta el proceso de lectura y metalectura.
Para ilustrar en detalle lo que afirma, utiliza nuevamente el hecho de la maternidad: “Cuando di a luz, me di cuenta de que hay dolores que solamente experimentamos las mujeres; eso hizo que me comprometiera con mi género. Cuando compro el libro de una mujer, significa que hay otra mujer más que la va a conocer; que tal vez comprenda —desde su lugar— esa voz que se proyecta a través de la literatura. Hay voces femeninas que no se proyectan y que son voces de dolor o voces de prisiones como la virginidad, o la violación. Son tabúes, en suma”.
Hoy por hoy, quizás la única experiencia de literatura hecha por hombres que le gustaría acuñar es la de la obra de Salman Rushdie. “Pero eso llegará a su tiempo”, reflexiona.
Escritoras mexicanas
Con un afán que va más allá de lo estrictamente literario para introducirse en el terreno del psicoanálisis, Saunero ha realizado diversos estudios sobre mujeres que hacen literatura. El primero del que tenemos conocimiento es el estudio sobre Cristina Rivera Garza y La cresta de Ilión, en la que lo fantástico posmoderno es el eje del análisis literario realizado. Al respecto escribe: “La Cresta de Ilión es una novela de posibilidades, de emociones encontradas, de personajes ambiguos sin nombre ni consecuencia, de espacios fronterizos que evocan aquellos reales y donde el océano parece ser el único elemento tangible y consecuente. Es también un diálogo con la obra de la escritora mexicana Amparo Dávila, cuyos cuentos y poesías se publicaron entre las décadas de los 50 y los 80″.
Más adelante en el texto, la investigadora se apoya en Rosemary Jackson, para determinar la obra de Dávila como literatura subversiva; es decir, aquélla que usa lo fantástico moderno dentro del seglarismo producido por el capitalismo para expresarse y hallar su lugar, disolviendo el orden establecido. Adicionalmente, usa el mismo argumento para separar la novela de Rivera Garza de la subversión de Dávila y establecer que La Cresta de Ilión carece de ese elemento —ingrediente— subversivo.
En sus conclusiones, la investigadora celebra la capacidad de Rivera Garza para crear una novela metaficcional a partir de la presencia de otra escritora como es Amparo Dávila. Esto es, en palabras de Saunero, la creación de “un universo que no se remite a la realidad sino a su propia ficcionalidad”.
Escritoras bolivianas
Hasta este 2008, el estudio sobre escritoras bolivianas contemporáneas se limita a una aproximación a la obra de Giovanna Rivero Santa Cruz desde la perspectiva de lo fantástico. Entre los planes de Verónica, sin embargo, se encuentra un ambicioso estudio que contempla a varias bolivianas y su obra literaria.
El contacto con la literatura de Giovanna Rivero no fue feliz inicialmente. La primera reacción de Saunero fue de rechazo, porque Rivero no le permitía ser una lectora pasiva, mientras que muchas otras escritoras sí lo hacen. Por otro lado, comprobó que el lenguaje de la escritora cruceña no era accesible y requería de un gran trabajo de lectura, toda vez que no se inscribe en la realidad y, más bien, fuerza a recrear lo que está contando y que no necesariamente es verdad.
El estudio asienta que la violencia permea toda la obra de Rivero; empezando con el libro Las Camaleonas. Como ejemplo analiza el cuento sobre una mujer que pierde un seno, se mutila y mutila a su marido. ¿Cómo interpretar, no desde una óptica meramente crítica, una literatura así?
La respuesta, para Saunero, es que —literariamente— Rivero no sólo exige una relación intelectual absoluta con su lector sino que parece querer agredirlo físicamente; por tanto, el crítico literario se enfrenta con la difícil tarea de escoger el lenguaje definitivo que permita interpretarla por lo que, ya en esa dimensión, éste se convierte en fantástico. El tipo de lectura requerido, visto así, deberá ser perspectivista, aunque el grueso de los lectores no tiene las herramientas necesarias para abordar esa literatura, siempre por el hecho de que la lectura lo conduce más allá de lo consciente.
Una explicación adicional del proceso de lectura de la obra de Giovanna Rivero pasa, según Saunero, por el poder del lenguaje desde el primer momento. A través de ese poder, la autora juega con el lector. “Está ahí la sonrisa irónica, sin importar cuán seria sea la narración, siempre hay una sonrisa burlona”, aclara la investigadora.
Por otro lado, Rivero alberga también muchos tipos de narrativa fantástica y ese elemento —lo fantástico— fue clave para que Saunero se decidiera a analizarla: “Lo más fuerte, lo que me hizo decidir a estudiarla, fue aquello que Freud llama entropía y Lacan llama el deseo constante de llegar al cero absoluto; es decir, a través del caos, de la deconstrucción y destrucción se llega al ‘no ser’. Un ejemplo perfecto de este tipo de narrativa es el Marqués de Sade. Es atacar; es destruir los fundamentos de nuestra sociedad, violar lo que se considera sacrosanto, lo que son tabúes sociales y sexuales, con otras transgresiones adicionales como el asesinato y el suicidio. Todo ello enmarca momentos tremendamente eróticos en los que la carga sexual es muy grande”.
La investigadora añade que, en lo leído, todas esas situaciones enfatizaban algo que quedaba enmarcado, pero no se constituía en un marco. Ello quiere decir que la narrativa fantástica que quiere llegar a ese momento de entropía, intenta —sobre todo— llegar a la destrucción del personaje. Con ello, se hace visible la carga psicoanalítica que llena las historias de Giovanna Rivero, por la corriente subterránea tan violenta que las caracteriza.
A diferencia de la novela de Rivera Garza, la de Giovanna Rivero es, a criterio de Verónica Saunero, subversiva; es decir, se traduce en un deseo constante de llegar al otro una y otra vez para, finalmente, ser solamente uno, aunque convirtiéndose en el objeto de deseo del otro. “Pero, cuidado”, advierte: “Lo que un escritor escribe se puede interpretar, pero nunca creer”.

Sobre el autor

Jordi Sierra Marquez

Jordi Sierra Marquez

Comunicador y periodista 2.0 - Experto en #MarketingDigital y #MarcaPersonal / Licenciado en periodismo por la UCM y con un master en comunicación multimedia.