Cultura

Azul ruso. Patricia Esteban Erlés. Páginas de Espuma. 2010.

     “Durante un buen rato, no pasó nada, no se oyó nada que no fuera el silbido de un viento fantasmal, que barría las tenues huellas de un camello pretérito, devolviéndole al desierto su eternidad de papel en blanco”.

    La chica del UHF.

    “Creo que a mí en el fondo me gustaba saber que un tipo tan formidable como Superman podía verse metido en apuros por culpa de algo en apariencia insignificante. La piedra de Kripton era un misterio de reducidas dimensiones y un alcance galáctico”.

    Criptonita.

    “Cargado de una mochila que a otro le hubiera pesado igual que un saco de huesos, caminó entre árboles resecos de brazos alzados como candelabros judíos, ignorando los pómulos esquinados de las estatus que parecían reprobarle la dirección de sus pasos”.

    Azul ruso.

    “Ella volvió a darme las gracias antes de despedirse y fue justo entonces, mientras la miraba alejarse en dirección a la puerta, cuando sentí un agujero en la boca del estómago, un balazo de estupor que me hizo comprender algo que por medio de la lógica no hubiera sabido explicar: aquella ninfa en vaqueros iba a traerme problemas”.

    Mudanzas.

    “Me limité a encoger los hombros, que es, en definitiva, la manera de decir que sí que tienen los cobardes”.

    Mudanzas.

    Una de las proezas del libro de Patricia Esteban es generar historias fantásticas que tienen sabor a cotidiano, narraciones en las que los personajes, por extraños que sean, pueden parecer vecinos del tercero, antiguos compañeros de clase, el hombre sentado en el bar en el que desayunamos todos los días. Después el relato los convierte en algo extravagante, imposible por su reacción inexplicable o sus capacidades imposibles. Un superhéroe pedorro, una cajera cuyo tesoro es una piedra de criptonita, una mujer adúltera, un hombre cuya fobia por una mascota toma dimensiones drásticas, un maquillador de cadáveres que habla a través de la televisión con una nórdica que vive en mitad de la nada…

    Con una excepción, la protagonista del relato que da nombre al libro: Emma Zunz es un personaje al margen, una maga, una hechicera, una mujer-gato, una felina sin corazón, un prototipo de cuento de Lugones. Emma Zunz es un mundo por descubrir, una puerta a otro mundo de edificios vacíos y prodigios inconcebibles en la vida real.

    Hay otros personajes con virtudes o defectos o poderes antinaturales, pero constituyen su excepción, su margen de diferencia en el que se basa, precisamente, la piedra angular del cuento. Sin embargo en el caso de Azul ruso, el cuento es una atmósfera densa, de aroma embotellado durante cientos de años, de cripta olvidada, de encantamiento eslavo.

    La autora escribe con precisión, casi con la frialdad del bisturí: las palabras son las que tienen que ser y es difícil encontrar una sola de más, o una fuera de lugar. Parece que la escritora practica la Literatura con principios matemáticos de perfección musical, aunque no tengan nada de rítmico. Con su forma de contar transmite una exactitud improbable, una perfección técnica. Sus estructuras no imponen ejercicios de lectura repetida, ni son enrevesadas innecesariamente, pero sus historias sí exigen un lector atento, perspicaz, incluso visionario algunas veces; personas capaces de involucrarse en situaciones inverosímiles para llegar a conclusiones muy aplicables a nuestra vida cotidiana. Por decirlo de alguna forma, por ejemplo en Piroquinesis podría decirse que Quien juega con fuego se quema; o quien se deja llevar por la tentación acaba chamuscado. 

    Cary Grant, Buster Keaton, Superman… son nombres que se cuelan en su obra dejándonos intuir relaciones con el mundo del cine, e incluso en general de la imagen (impactante en Piroquinesis o en La chica del UHF por ejemplo).

    Sin embargo, y aunque la forma de relatar sea tradicional (no hay vanguardismos formales) todos los elementos conjuntos forman un universo creativo propio; un mundo de referencias muy personales, generadoras de una atmósfera hasta cierto punto kafkiana, surrealista y opresiva, que son tres adjetivos perfectamente aplicables, curiosamente, a la sociedad actual.

    Un libro distinto, una autora distinta y unos cuentos sorprendentes.

Sobre el autor

Jordi Sierra Marquez

Jordi Sierra Marquez

Comunicador y periodista 2.0 - Experto en #MarketingDigital y #MarcaPersonal / Licenciado en periodismo por la UCM y con un master en comunicación multimedia.

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