El gorro frigio y la mitra frente a frente. Construcción y diversidad territorial del conflicto político-religioso en la España republicana.

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Frente a la imagen clásica de una Iglesia asediada por la República y perseguida en la retaguardia republicana se propone en este ensayo un modelo de conflicto político-religioso más poliédrico y amplio: no sólo en sus dimensiones políticas, sino también en las culturales; desde “arriba” (las relaciones Iglesia-Estado) y desde “abajo” (en su vertiente territorial). Teniendo en cuenta todos estos planos, el período republicano no resulta tan monolítico; tras un primer bienio en el que la izquierda laicista usó la Gaceta para vengarse de un pasado marcado por el confesionalismo y el clericalismo, en el segundo la Iglesia pudo recuperar aliento y plantear una contraofensiva a través de las organizaciones de apostolado seglar y la apuesta por un movimiento político exitoso, la CEDA. Por otra parte, a escala micro, la pugna por el espacio público entre las bases clericales y anticlericales tuvo dimensiones muy diferentes en función de su movilización y la respuesta de las autoridades locales y gubernativas. Tras estallar la guerra, la “persecución religiosa” (categoría historiográfica de la que se ha abusado y que se analiza de manera crítica desde una perspectiva conceptual junto a otras como “clericalismo”, “anticlericalismo”, “secularización”, “laicismo” o “descristianización”) durante la eclosión revolucionaria convivió temporalmente, en la otra zona, con la bendición de la lucha como “cruzada” y la renuncia eclesiástica a cualquier tarea conciliadora. Por supuesto hubo posturas minoritarias dentro del catolicismo que conviene ponderar, como también las diferencias entre la jerarquía española y la curia vaticana.

Pese a su complejidad y sus numerosos matices, sigue siendo un filón para la publicística revisionista, que rescata argumentos obsoletos otorgándole una apariencia novedosa, para sacar suculentos réditos editoriales, mientras resalta el victimismo de la Iglesia y el extremismo de una República nada democrática y esencialmente revolucionaria. No obstante, el análisis empírico territorializado apunta en otra dirección. Incluso permite cuestionar la supuesta continuidad de la violencia anticlerical de 1931 con la de 1936, pues la primera estuvo muy ligada al conflicto social del que derivaba y la segunda no se entiende sin la violencia política y la estrategia revolucionaria que la extendió a zonas hasta entonces libres de motines iconoclastas.

En definitiva, un conflicto de larga duración entre dos culturas políticas, la confesional y la laica, tuvo en los años treinta brotes de extremada violencia y una competencia excluyente. Aunque los eclesiásticos y sus bienes llevaron aparentemente la peor parte, sin embargo su desenlace (el nacionalcatolicismo franquista) no cambió apenas su punto de partida (el “modelo de cristiandad” alfonsino).

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