Sociopolítica

Rumbo a la República. Una posible hoja de ruta hacia la Tercera República española

(Esto es un extracto del libro “La causa republicana” disponible en mi blog.)

A continuación voy a detallar lo que podría ser una posible estrategia general para la instauración de la Tercera República española. Por supuesto, esto no son más que mis ideas, discutibles y cuestionables. Yo no soy ningún experto en política, simplemente soy un ciudadano corriente que intenta aportar su granito de arena. Sin embargo, como ya indiqué en mis escritos, la lucha por la República nos atañe a todos los ciudadanos, y por esto es deseable que el proceso de instauración de la República sea controlado y dirigido por el propio pueblo. Creo que es primordial que los ciudadanos corrientes nos involucremos todo lo posible en esta causa. Cuanto mayor protagonismo tenga el pueblo en la construcción de la República, mayor probabilidad de conseguir una verdadera democracia. No debemos dejar que el proceso de democratización se haga a espaldas del pueblo, esté protagonizado por cuatro expertos. Evidentemente, algunas cuestiones tendrán que ser implementadas por ciertos expertos, pero en líneas generales, el pueblo tiene que tener en todo momento la última palabra y el control. Es la mejor garantía para conseguir un sistema político que sirva a los intereses generales. Este artículo complementa al capítulo “En busca de la Tercera República” del libro “Rumbo a la democracia”.

1) Unificación republicana

Es evidente que la unión hace la fuerza. Lo primero de todo es que se constituya una plataforma popular unificada por la República, o como se quiera llamar. En la actualidad ya existen ciertas iniciativas en paralelo, descoordinadas.
Por ejemplo, tenemos la Coordinadora Estatal Republicana, la Plataforma “Cultura, Progreso y República”, la plataforma Unión por la Tercera República, diversas organizaciones como Unidad Cívica por la República o Ciudadanos por la República, etc. Pido disculpas si me olvido de algunas organizaciones, porque sin duda hay más. Todas estas iniciativas deben unificarse, coordinarse. Existe la percepción general de que la unificación es imperativa, pero las iniciativas hechas hasta el momento no han conseguido la tan deseada unificación republicana. Parece que estamos a punto de conseguirlo. Aunque no será fácil.

En la plataforma popular unificada por la República deben participar todas las organizaciones y personas que propugnen la Tercera República, de todos los signos, tanto partidos políticos, como sindicatos, como organizaciones sociales, como ciudadanos a título individual. Es imprescindible una coordinación a nivel estatal. Esta plataforma debe funcionar de forma escrupulosamente democrática, aplicando la democracia directa siempre que sea posible, siendo aconsejable el mandato imperativo. Las decisiones deben tomarse en asambleas populares donde se elija a los ejecutores y coordinadores de dichas decisiones, en las que los individuos elegidos para ejecutarlas no las puedan modificar por su cuenta. Su autonomía debe ser en cuanto a los detalles de implementación no en cuanto a las generalidades. De esta manera, con una democracia lo más directa posible, el control del proceso hacia la República, del movimiento republicano, lo tienen las bases, el pueblo, los ciudadanos que decidan unirse a la causa.

2) Plan estratégico global

Una vez constituida la plataforma popular unificada por la República, lo siguiente es establecer un plan estratégico global. En dicho plan deben fijarse objetivos a corto plazo, a medio plazo y a largo plazo. Cuando digo largo plazo no me refiero a que estemos hablando necesariamente de muchos años o décadas. No está claro si se podrá instaurar la Tercera República ni cuándo será posible hacerlo. Si es posible conseguirlo y el tiempo para lograrlo dependerán, entre otras cosas, de cómo y cuánto trabajemos los republicanos. Pero sí está claro que para conseguirlo, habrá que seguir un cierto orden, habrá que superar ciertas etapas intermedias, no podrá lograrse en dos días. Hay objetivos que pueden alcanzarse más pronto que otros. Y hay algunos objetivos que sólo podrán alcanzarse después de otros. Si, por ejemplo, pedimos directamente un referéndum antes de que las ideas republicanas hayan podido ser conocidas, antes de concienciar a la ciudadanía, sin un debate previo amplio y plural en el que los monárquicos y los republicanos puedan defender sus ideas públicamente en igualdad de condiciones, entonces la opción ganadora podría ser con bastante probabilidad la monárquica porque juega con mucha ventaja, con una propaganda de más de 30 años. Si queremos asegurar el éxito, debemos hacer las cosas en cierto orden. No podemos hacer el techo antes que el suelo. Ésta es la idea que intento transmitir cuando hablo de objetivos a distintos plazos. Si queremos hacer las cosas bien, si queremos que se instaure una república que merezca la pena, si el objetivo no es sólo la República sino una buena república, entonces necesitaremos un tiempo mínimo y una hoja de ruta con ciertas etapas a alcanzar secuencialmente en el tiempo. Las cosas bien hechas necesitan su tiempo. Las prisas y la impaciencia se llevan mal con la calidad. La improvisación es contrarrevolucionaria.

Por otro lado, para alcanzar cada uno de los objetivos deben plantearse las correspondientes estrategias. Estrategias que se deben complementar en diferentes frentes. La lucha debe hacerse simultáneamente en todos los frentes: político, sindical, social, cultural, ideológico, etc.

Los objetivos podrían ser los siguientes:

a) A corto plazo: situar en la agenda política la cuestión republicana.

Lo primero de todo es conseguir que la opinión pública conozca la reivindicación por la República. Para ello habrá que trabajar en varios frentes.

  1. I. Frente político: iniciativas institucionales de promoción de la República y acoso a la monarquía.

En la actualidad ya existen algunas iniciativas. La Red de municipios por la Tercera República hace cierto tiempo que se constituyó. El Partido Comunista de España ha iniciado una campaña de firmas para pedir el control de las cuentas de la Casa Real. Estas campañas deben intensificarse. Se pueden iniciar campañas también para pedir un debate público sobre el modelo de Estado, para que se celebre un referéndum, para investigar al Rey, etc.

Sin embargo, es conveniente que las campañas se hagan en el momento adecuado. Primero conviene concienciar a la ciudadanía sobre la cuestión republicana. Una vez que la gente esté concienciada será más fácil que colabore firmando. Los partidos políticos con representación en las instituciones deben intensificar y priorizar la propaganda republicana. Deben aprovechar todas las ocasiones en que puedan expresar sus ideas en público para reivindicar la República. Desgraciadamente, la mayor parte de organizaciones republicanas no tienen la posibilidad de dar a conocer sus ideas en público, por lo que los partidos que sí tienen esa posibilidad deben aprovecharla al máximo.

En particular, deben denunciar abiertamente, insistentemente y en bloque las graves carencias de nuestra “democracia”, deben denunciar la corrupción generalizada, y deben pedir que se investigue a la monarquía. Si las acusaciones que han vertido ciertos personajes individualmente tienen visos de ser ciertas (me refiero a las denuncias de José Antonio Barroso y sobre todo del coronel Amadeo Martínez Inglés) entonces hay que presentar las correspondientes denuncias en las instituciones. Denuncias que deben ser presentadas por los partidos y no por personas particulares, o en todo caso, si así fuera, en representación de los partidos. La solidaridad con las personas que por su cuenta y riesgo han tenido el coraje de denunciar a nuestro actual Rey debe traducirse en sumarse en bloque a dichas denuncias.

Aunque no sea posible investigar al Rey con la actual legislación que le protege, hay que acosar a las instituciones, hay que poner en evidencia al Estado “democrático”. La mayoría de ciudadanos no son conscientes del hecho de que nuestro Rey sea impune. Incluso si es necesario se puede denunciar ante los tribunales internacionales.

IU (Izquierda Unida) y el PCE (Partido Comunista de España) deben definitivamente declarar la guerra a esta monarquía. Es hora de pasar de las palabras, de las declaraciones, de los actos simbólicos y aislados, de los pins, de las banderas, a la acción seria, sistemática y responsable. Es la última oportunidad que tienen antes de ser eliminados definitivamente de las instituciones. Deben darse cuenta de que la guerra contra la izquierda ya fue declarada hace más de 30 años cuando se diseñó una “democracia” con el objetivo básico de eliminarla, con una ley electoral especialmente diseñada para minimizar el poder del partido comunista, para marginarlo. Es importante acosar al sistema desde dentro también. Como decía Lenin, hay que aprovechar todas las oportunidades, legales y no legales. Esto no significa caer en la delincuencia o en la violencia, por supuesto. Significa usar tanto las posibilidades de la ley actual, sus resquicios, para nuestra causa, como los métodos no contemplados en ella, métodos de presión pacíficos. Es importante siempre usar métodos correctos, exquisitos, para impedir la fácil represión del sistema. No debemos caer en sus trampas, como la injuria. El sistema desea que nuestra lucha se haga de manera incorrecta para desprestigiarla frente a la opinión pública. No debemos cometer ese grave error.

Además, IU debe fomentar las reformas necesarias de nuestro sistema político. No sólo de la ley electoral, sino que todas las necesarias para conseguir una verdadera democracia (ver el capítulo “Los defectos de nuestra “democracia”” del libro “Rumbo a la democracia”). Evidentemente, la mayor parte de reformas demandadas, sino todas, serán rechazadas por los partidos principales del régimen. IU y UPyD (Unión, Progreso y Democracia) se han quedado solos defendiendo el cambio de ley electoral, como era de prever. El régimen no está dispuesto a ser reformado. Pero aunque así sea, de lo que se trata es de situar en la agenda política la regeneración democrática de nuestro país, de poner en evidencia al régimen supuestamente democrático. Como el sistema actual no admitirá los cambios, o en todo caso los minimizará, entonces la ciudadanía podrá darse cuenta, en primer lugar, de que se pueden hacer cambios, de que no se ha llegado al tope de la democracia, y, en segundo lugar, de que dichos cambios, el sistema actual no quiere hacerlos, es decir, se dará cuenta de la necesidad de cambiar el sistema. Se dará cuenta de que la causa republicana tiene una razón de ser, ha lugar. Se dará cuenta de que sin República no es posible avanzar democráticamente, o sólo es posible avanzar muy poco, en el mejor de los casos.

Pero para que todo esto sea efectivo, IU debe luchar por la libertad de expresión, por la libertad de prensa. No sirven de nada todas estas iniciativas si el pueblo no se entera de ellas. IU debe exigir a los medios, especialmente a los públicos, que informen de forma veraz y transparente de lo que ocurre en las instituciones democráticas. Debe exigir, por lo menos a la televisión pública, que informe sobre todas las iniciativas que ocurran en las instituciones, que dé voz también al movimiento republicano. Y si no es suficiente con exigirlo, entonces deberá presentar las correspondientes denuncias ante los tribunales competentes, incluso llegando a los máximos tribunales si es necesario (como el Tribunal Constitucional), incluso llegando a los tribunales internacionales de derechos humanos si no hay más remedio. IU debe exigir con firmeza y contundencia que se cumpla la libertad de prensa, pilar esencial de toda democracia. Debe denunciar formalmente ante la ciudadanía y ante los tribunales competentes la censura sistemática que sufre el movimiento republicano.

Los militantes y votantes de IU deben presionar a sus dirigentes para intensificar la ofensiva republicana a gran escala y en todos los frentes. Si IU no responde, si no asume su enorme responsabilidad, como única (o principal) fuerza que puede contribuir a la causa republicana desde dentro del sistema, entonces las organizaciones populares republicanas deberán instar a los militantes, a los votantes, a la ciudadanía en general, a dar la espalda a dicha organización y dejar de apoyarla, y deberán asumir las iniciativas institucionales no asumidas por IU allá donde sea posible. El proceso republicano debe ser controlado desde las bases. Éstas deben presionar hacia arriba en todo momento. IU debe demostrar con los hechos sus verdaderas intenciones. Esperemos que responda ante el enorme desafío republicano porque si no la lucha por la República será mucho más complicada, pero no imposible.

Además de todo lo anterior, y no menos importante, se debe constituir una coalición política republicana que se presente a las elecciones abanderando la causa republicana. Sin importar de dónde venga dicha coalición, es importante que todos los republicanos tengamos cierta opción política a la que votar. Y para concentrar los votos republicanos, es obvio que dicha opción debe ser única, es imprescindible que todas las fuerzas republicanas se coaliguen. Lo lógico es que esto se haga alrededor de las organizaciones más fuertes e importantes, en este caso IU. Pero si esto no se consigue, o si dicha formación lo hace en base a la razón de la fuerza, si no lo hace de forma democrática, sino que lo hace imponiendo sus criterios, entonces quizás lo más prudente sería promocionar la abstención como forma de denuncia del sistema “democrático” actual. Si las fuerzas republicanas no se ponen de acuerdo en elegir representantes o en consensuar un programa, siempre será más probable que, por lo menos, se puedan poner de acuerdo en fomentar la abstención, en boicotear esta falsa democracia. Como ha quedado demostrado en varias ocasiones, es muy difícil que una coalición de izquierdas construida al margen de formaciones institucionales pueda acceder a las instituciones. El sistema “democrático” monárquico está diseñado de tal manera que es muy difícil que aparezcan nuevos partidos (especialmente de la izquierda transformadora) en el panorama político, que accedan a tener representación en las instituciones. Simplemente porque no se les da la oportunidad de darse a conocer, porque se da más opciones a las formaciones que más representación tienen ya, es decir, se cierra las puertas en la práctica a nuevas formaciones.

Por esto, si no se consigue la unidad republicana alrededor de alguna formación que ya tenga cierta representación, y que por tanto, tenga alguna opción de dar a conocer sus ideas en los grandes medios, entonces es muy poco probable que la lucha por la República pueda hacerse desde dentro del sistema, usando los mecanismos de la actual monarquía. En tal caso, no queda más remedio que pasar a la lucha alegal, que no ilegal. Como decía, primero debemos intentar la lucha por la vía legal, desde dentro del sistema, pero si ésta no es posible, entonces hay que recurrir a otros métodos al margen de los mecanismos existentes en la legalidad actual, hay que luchar desde fuera del sistema. En este caso, lo más eficaz es promocionar la abstención, el boicot general a esta farsa democrática. Por supuesto, también será difícil promocionar la abstención, pero a diferencia de la promoción de cierta formación concreta, donde debe explicarse mucho, todo un programa, en el caso de la abstención, de lo único que se trata es de hacer ver a la gente que no sirve de nada votar, como los hechos han demostrado de sobras en los últimos años. Siempre es más fácil defender un boicot que un programa. Y dado que tendremos enormes dificultades para promocionar nuestras ideas, cuanto más sencillas sean éstas, mejor podremos promocionarlas. Además, de forma natural, la abstención en estas falsas democracias tiende a aumentar en el tiempo porque la gente, sin necesidad de que nadie se lo explique, se va poco a poco dando cuenta de que su voto vale de bien poco, de que independientemente de a quién vote, sus problemas siguen en esencia igual. La tendencia natural de un sistema que no es realmente democrático es que la participación ciudadana vaya disminuyendo. Esta tendencia la combate el sistema a través del bipartidismo, fomentándolo y tendiendo prácticamente hacia un empate permanente, de tal forma que la gente piense que su voto es imprescindible para decantar la balanza de un lado u otro. Remito al capítulo “Por la democracia, abstención” del libro “Rumbo a la democracia” y al libro “Las falacias del capitalismo” donde hablo con más detalle sobre estas cuestiones.

Es obvio que es fundamental conseguir una unidad republicana. Si no conseguimos una mínima unidad, la lucha republicana está prácticamente condenada al fracaso antes de empezar. Y es obvio, que lo ideal es conseguir dicha unidad alrededor de alguna formación presente en el sistema monárquico actual, en este caso IU. De esta forma la lucha tiene más probabilidades de tener éxito.

  1. II. Frente sindical: los sindicatos deben contribuir también a la promoción de la causa republicana.

En cualquier reivindicación sindical debe aparecer la cuestión republicana. Los sindicatos deben hacer ver a los trabajadores la importancia que tiene la democracia en las condiciones laborales. En las manifestaciones deben aparecer pancartas por la República, banderas tricolores. En los mítines, en las revistas, en los boletines, en los correos electrónicos enviados regularmente a los trabajadores de las empresas, se debe hacer propaganda republicana, se debe promocionar la prensa alternativa, se debe recomendar ciertos libros, ciertas películas, ciertos documentales. Los sindicatos pueden jugar un papel esencial en la concienciación de la clase trabajadora.

Además de a las luchas parciales, con objetivos concretos a corto plazo, deben contribuir a la lucha global, con objetivos a largo plazo. Es evidente que la prioridad absoluta en momentos de crisis como el actual es luchar por el empleo, por los pocos derechos laborales que tenemos. Se necesita una movilización general contundente de la clase trabajadora. Primero para defenderse y a continuación para atacar, para pasar a la contraofensiva. Y la mejor herramienta para la lucha sindical es y ha sido siempre la huelga general. Una huelga general es una revolución en miniatura. Es un paso importante en la lucha de clases. Como dice Alan Woods: En la dialéctica, más pronto o más tarde, las cosas se transforman en su contrario. En las palabras de la Biblia, “los primeros serán los últimos y los últimos serán los primeros”. Lo hemos visto muchas veces, especialmente en la historia de las grandes revoluciones. Secciones previamente atrasadas y pasivas pueden ponerse al día de golpe. La conciencia se desarrolla mediante saltos bruscos. Esto se puede ver en cualquier huelga. Y en cada huelga podemos ver elementos de una revolución, aunque en un estado embrionario, no desarrollado. En este tipo de situaciones, la presencia de una minoría consciente y audaz puede jugar un papel similar al de un catalizador en una reacción química. En algunos casos, incluso un solo individuo puede jugar un papel absolutamente decisivo.

La lucha sindical es imprescindible. Pero también hay que recordar que la lucha sindical es insuficiente, debe formar parte de una lucha más global, una lucha política. Los sindicatos deben contribuir también a la lucha política. La lucha sindical y la lucha política se complementan. Las condiciones laborales dependen del contexto político. Los sindicatos deben hacer ver a los trabajadores que es muy difícil conseguir condiciones dignas para los trabajadores con el capitalismo actual, con un sistema donde los trabajadores no tienen ni voz ni voto en sus empresas. Deben concienciar a los trabajadores de que los parches, aunque necesarios, son insuficientes, de que la lógica del capitalismo les condena tarde o pronto a la precariedad laboral, a la pérdida de poder adquisitivo, a los despidos. De que la única manera de conseguir condiciones dignas de trabajo, a largo plazo, es con un sistema donde la democracia esté presente en las empresas. Deben concienciar a los trabajadores de la necesidad de desarrollar la democracia, de que ésta llegue a todos los rincones de la sociedad, incluido el económico. Deben hacerles ver que no es posible una sociedad verdaderamente democrática si su motor, como es la economía, no funciona de forma democrática. Y para conseguir esto es imprescindible desbloquear el desarrollo democrático, es necesario conseguir un sistema político verdaderamente democrático, es necesaria la República, la verdadera República, la cosa pública.

Y como ya dijimos para el caso de las formaciones políticas, las bases deben presionar para que los sindicatos contribuyan a la causa republicana. Los sindicatos que no contribuyan a la causa, que no demuestren con los hechos que están del lado de los trabajadores, y esto puede percibirse especialmente en épocas de crisis, deberán ser marginados por los trabajadores. Las organizaciones republicanas pueden contribuir, y mucho, a desenmascarar a los sindicatos amarillos. Los sindicatos que de verdad estén del lado de los trabajadores, que demuestren ser combativos, que practiquen la lucha de clases, deberán aprovechar para ganar terreno entre los trabajadores. La causa republicana y la crisis son una oportunidad histórica para que los sindicatos minoritarios se unan y ganen adeptos frente a los sindicatos vendidos al sistema. Pero también son una oportunidad histórica para que los grandes sindicatos reconduzcan sus actuaciones y por fin defiendan contundentemente los intereses de los trabajadores, si es que ello es aún posible. Si esto no es así, si los grandes sindicatos no cambian de actitud, se condenan a ellos mismos.

  1. III. Frente social: las organizaciones populares deben promocionar la República en la calle y en Internet. La plataforma popular unificada por la República debe ser el epicentro del movimiento republicano.

Complementándose a la lucha en los frentes político y sindical, las organizaciones populares republicanas, de forma coordinada dentro de la plataforma estatal por la República, deberán, por un lado, controlar el proceso hacia la República, instando a las organizaciones políticas y sindicales a realizar las acciones que se hayan decidido en las asambleas, es decir, haciendo que respondan ante el movimiento republicano, y por otro lado, deberán luchar también en distintos frentes por la causa. Hay que intensificar la lucha en la calle y en Internet.

Las manifestaciones por la República deben hacerse de forma simultánea en las principales ciudades del Estado, hay que promocionarlas más, hay que denunciar las censuras sufridas, etc. En el artículo “La ofensiva republicana” hablo de todo esto con más detalle. Y simultáneamente hay que intensificar la lucha en Internet. Se debe incitar a todos los republicanos a ser más activos en los foros de la Red, a complementar el activismo colectivo con activismo individual. Todos deben poner su granito de arena. Así se consigue distribuir el esfuerzo y hacernos oír con mucha más fuerza. Con un poco de esfuerzo de cada uno de nosotros podemos conseguir mucho. Se debe incitar a cada individuo a promocionar también la causa en su círculo personal, a convencer a sus familiares, a sus amigos, a sus compañeros de trabajo, etc. Granito a granito conseguiremos hacer una montaña. La República nos beneficiará a la inmensa mayoría de ciudadanos, somos muchos los potenciales republicanos. Usemos nuestra principal fuerza: la fuerza de la mayoría. Construyamos entre todos una mayoría republicana.

Particularmente interesante es el frente cultural. Se pueden organizar actos culturales de todo tipo que promocionen la causa republicana. Se debe ir creando cultura republicana. Se pueden organizar conciertos, exposiciones, comidas, festivales, eventos deportivos, debates públicos (no sólo en locales como los ateneos, sino también en las plazas mayores de las poblaciones, en la calle), proyecciones cinematográficas, representaciones teatrales, presentaciones de libros, promociones de páginas Web, referendos simbólicos en los que la población pueda elegir entre república y monarquía (imitando la iniciativa independentista en Cataluña) precedidos de los correspondientes debates públicos (porque si no es así, entonces los resultados de dichos referendos pueden ser contraproducentes a la causa republicana, hay que tener en cuenta que la población sólo ha podido, hasta ahora, oír a los monárquicos que llevan más de 30 años de propaganda; con debates públicos en los que ambas opciones, la monárquica y la republicana, puedan exponer sus argumentos en igualdad de condiciones, aumentará notablemente la gente a favor de la República), etc. Todos estos actos públicos pueden ayudar poco a poco a difundir la causa republicana. Esto ya empieza a hacerse, pero hay que hacerlo con mucha más frecuencia e intensidad. Es importante simultanear y coordinar los actos republicanos a nivel estatal. Es importante usar la originalidad y la imaginación. Frente a la censura monárquica hay que crecerse y llamar más la atención.

La plataforma unificada popular por la República debe diseñar estrategias generales de acoso a la monarquía, campañas coordinadas de propaganda republicana, en todos los ámbitos de la sociedad, a todos los niveles. Debe ser el cuartel general de la causa republicana, el foro de debate de todos los republicanos.

b) A medio plazo: conseguir un debate público plural sobre la cuestión república-monarquía.

Una vez que se haya conseguido que la causa republicana haya entrado en la agenda política, una vez concienciada mínimamente la ciudadanía sobre esta cuestión, lo siguiente es plantear un debate público sobre la misma. Se trata de conseguir un debate verdaderamente libre y plural para que la opinión pública pueda escuchar en igualdad de condiciones los argumentos de los republicanos y de los monárquicos. Este debate puede ser crucial para la causa. Si logramos que se haga en unas condiciones de igualdad frente a nuestros enemigos, y si logramos, además, que nuestras ideas sean defendidas con contundencia e inteligencia, entonces la causa republicana despegará definitivamente, habremos dado un gran paso para la causa.

Pero para ello es crucial que nuestras ideas puedan ser defendidas frente a los monárquicos en igualdad de condiciones. No debemos admitir el chantaje de que ciertas ideas, por ser supuestamente más mayoritarias en el momento actual, tengan más posibilidades de ser escuchadas por la ciudadanía. En una democracia, todas las ideas deben ser defendidas en igualdad de condiciones. La verdad no está necesariamente del lado de la mayoría. La plataforma unitaria republicana deberá luchar con todas sus fuerzas, sin sectarismos, por poder ser oída en un debate verdaderamente democrático, serio y profundo. No deberá caer en la trampa de participar en un debate insuficiente, viciado, superficial, banal o limitado, con el afán de poder ser oída. Y si así fuera, si consiguiéramos un debate mínimo, y nos conformáramos con él, nuestra primera intervención debería consistir en denunciar el mismo, en reivindicar el derecho democrático de que todas las ideas puedan ser defendidas por igual.

Pero tan importante como conseguir un verdadero debate, es actuar en él adecuadamente. En el debate república-monarquía se debe defender la República, sin apellidos, frente al sistema actual. No se trata de defender las distintas opciones republicanas en este primer debate, en esta primera etapa. Se trata de convencer a la ciudadanía para abolir la monarquía, para cambiar el modelo de Estado. Se trata de denunciar los graves déficits de la actual “democracia”, se trata de convencer al pueblo de la imposibilidad de desarrollar la democracia sin límites con una monarquía, se trata de denunciar a la monarquía actual, de decir todo aquello que tanto cuesta que llegue a la opinión pública, se trata también de concienciar a la ciudadanía de la importancia de la democracia, de la importancia de mejorarla y ampliarla. En este primer debate debe acudir un representante (o varios) consensuado por todas las organizaciones republicanas. En una asamblea popular de la coordinadora republicana se debe elegir dicho representante y se debe consensuar el discurso que debe hacer ante la opinión pública. En esta primera etapa no se trata de que las distintas visiones de la República se den a conocer en detalle. Ante la pregunta que seguro nos harán los monárquicos de qué tipo de república deseamos instaurar, simplemente habrá que responder que este proceso democrático debe hacerse por etapas y con el máximo protagonismo del pueblo. Nuestro representante deberá responder que hay distintas visiones, que todas ellas deben poder ser oídas por la ciudadanía y que la última palabra la debe tener el pueblo, que el modelo de república lo deberá decidir el pueblo mediante referéndum. Que esta transición no debe hacerse de espaldas a él. Que en este caso al pueblo se le deben presentar todas las opciones posibles para que elija la que más le convenza. En todo caso se puede remitir a otro debate para que se hable más en detalle sobre el modelo de república y sobre la transición a la misma. En este segundo debate todas las opciones deben tener las mismas oportunidades para explicar ante la opinión pública sus concepciones de la República.

Una de las cuestiones que desean explotar los monárquicos a su favor es el excesivo protagonismo que en ciertos sectores del movimiento republicano se da al asunto del derecho de autodeterminación. Los monárquicos desean que el movimiento republicano caiga en la trampa de centrar el debate república-monarquía en la cuestión de los independentismos. Una de las pocas formas que tienen los monárquicos de combatir la idea de la República es presentar a ésta como la que va a romper España. Desean que la ciudadanía vea a la monarquía como la garante del orden y a la República como la garante del caos. Juegan con el miedo de la ciudadanía a que se produzca una “balcanización” (no es por casualidad que Aznar usara este concepto), con el miedo de que vuelvan a reproducirse los acontecimientos de la Segunda República. Una vez más, como siempre, usan los sentimientos nacionalistas para manipular a la ciudadanía, para desviar la atención. Los defensores de la “integridad de la patria” recurren al ambiguo concepto de la soberanía nacional cuando la soberanía popular amenaza sus privilegios. A los supuestos defensores de la “patria”, ésta les importa un bledo porque al fin y al cabo ¿qué es la “patria” sino principalmente sus ciudadanos? Si de verdad les importara éstos estarían a favor de aumentar la soberanía popular, es decir, de desarrollar la democracia.

Ante esta cuestión, el movimiento republicano debe actuar de modo inteligente. Sin renunciar a sus ideales, debe actuar con astucia y prudencia. En el debate público república-monarquía, en la primera etapa en la que se trata de convencer a la ciudadanía de que es necesario sustituir a la actual monarquía por una república, en la que se defiende la idea de la República, sin apellidos, decíamos que no se trataba de defender los distintos modelos de república (esto se haría en una etapa posterior), sino que se trataba de defender la idea de que con la monarquía actual no puede avanzarse en democracia, se trataba de presentar a la República como la garantía del desarrollo democrático. Ante la deseada pregunta del representante de la derecha sobre si estamos a favor del derecho de autodeterminación, nuestro representante republicano debería responder que existen diversos modelos de república, que hay republicanos que están a favor del derecho de autodeterminación y otros que no lo están (como probablemente así será si conseguimos un movimiento republicano que abarque a amplias capas de la población). Debería responder que en todo caso la última palabra la tendrá el pueblo votando la constitución republicana que más le convenza. De esta manera se evita hacerles el juego a los monárquicos, deseosos de presentarse ante la opinión pública como los únicos garantes del “orden”. El movimiento republicano debe dar imagen de dinamismo, de progreso, de diversidad, pero no de caos. Cuando se produzca el debate de la segunda etapa, del modelo de república, ya habrá ocasión de defender el derecho de autodeterminación. Lo primero es combatir a la monarquía, es conseguir convencer a la ciudadanía de la necesidad de abolirla.

Y llegado el momento de defender el derecho de autodeterminación, habrá que hacerlo también de forma inteligente. En primer lugar, habrá que decir claramente que en una verdadera democracia nadie puede ser obligado a convivir con otros. La libertad de una sociedad también atañe a la libre determinación de los ciudadanos, a que puedan elegir cómo se organizan, con quiénes se organizan, a qué Estado desean someterse. En segundo lugar, habrá que quitar hierro al asunto y decir que en el hipotético caso de que ciertas zonas deseen separarse, esto lo harán mediante referendos democráticos en sus respectivas zonas, lo principal es que todas las partes defiendan sus ideas de forma pacífica, con debates públicos y plurales. Y en el caso de que algunas zonas decidan separarse esto tampoco debe verse como algo tan dramático, no es el fin del mundo. Lo dramático es el uso de la fuerza. Lo que hay que denunciar es el uso de la violencia, venga de donde venga, para imponer criterios unionistas o separatistas. Lo principal es que el movimiento republicano demuestre su voluntad de resolver estos problemas de forma pacífica y democrática, dando la oportunidad a que todas las partes puedan exponer sus argumentos, y sobre todo dando al pueblo la oportunidad de tener la última palabra. Remito a mi artículo “El derecho de autodeterminación”. La República debe ser vista como la que puede posibilitar resolver la cuestión nacionalista, incluido el terrorismo, problema que la actual monarquía ha sido incapaz de resolver.

La cuestión nacionalista, que será usada por los monárquicos para combatir a los republicanos, se puede volver contra los primeros si los segundos saben usarla adecuadamente. Los monárquicos que acusarán a los republicanos de posibilitar la ruptura de España deberán ser acusados por los segundos de ser ellos los que rompen España al no enfrentarse democráticamente al problema, al haber llegado a un callejón sin salida, al haber sido incapaces de resolver el problema de la violencia. Los monárquicos que acusarán a los republicanos de que con la República puede romperse España, serán acusados de haber imposibilitado una resolución pacífica del conflicto nacionalista. Con la importante diferencia de que los monárquicos hablan de un posible futuro mientras que los republicanos hablan de un seguro presente y pasado. Los republicanos deben acusar a los monárquicos del fracaso en la resolución de esta cuestión y deben reivindicar ante el pueblo la necesidad de probar otras vías, de dar una oportunidad a la República, la monarquía ya tuvo la suya. La cuestión de los nacionalismos, si los republicanos actúan con habilidad, se puede volver en contra de los monárquicos. A éstos les puede salir el tiro por la culata.

En tercer lugar, el movimiento republicano debe evitar dar excesivo protagonismo a esta cuestión, debe darle el protagonismo que se merece, ni más ni menos. Sin negar su importancia, la República no debe ser vista sólo como la que posibilitará la resolución de los conflictos nacionalistas, incluido el terrorismo. Debe ser vista sobre todo como la que posibilitará que el pueblo tenga el verdadero poder para decidir sobre esta cuestión, como para decidir sobre cualquier otra. El movimiento republicano debe insistir en que lo más importante es que los ciudadanos de lo que llamamos ahora España tengan el verdadero poder para decidir su futuro, tengan el verdadero poder para decidir qué soluciones emplear para los graves problemas que les afectan, como son el paro, la vivienda, la sanidad, el terrorismo, etc. De lo que se trata es de convencer a la ciudadanía de la necesidad de desarrollar la democracia para aumentar las posibilidades de resolver los grandes problemas que nos afectan a todos.

Pero los debates públicos no tienen por que limitarse sólo a la televisión pública. Hay que conseguir que se hagan en todos los medios posibles. Estos debates pueden madurar también en Internet. Y aquí la labor de todos los republicanos es fundamental. Es importante que en todos los foros, especialmente en los más concurridos, aunque sean inicialmente hostiles a la causa republicana, se produzcan dichos debates, especialmente y primeramente el debate república-monarquía. Como siempre digo, la lucha por la República debe hacerse en todos los frentes posibles, especialmente en el frente ideológico. El castillo hay que atacarlo por todos los lados simultáneamente, especialmente por sus puntos más débiles. Y sus puntos más débiles son sus ideas.

c) A largo plazo: iniciar un proceso constituyente hacia la República.

La República, desgraciadamente, no podrá alcanzarse en poco tiempo. Puede ocurrir que llegue más pronto de lo previsto, prematuramente. Pero esto también es peligroso. Si se instaura una república con prisas entonces será muy difícil, por no decir imposible, que dicha república tenga un contenido verdaderamente democrático. Si la monarquía actual, mejor dicho, si la oligarquía actual, ve peligrar su status quo, si ve como inevitable abolir la monarquía porque ya no es eficaz para camuflar la oligocracia con el disfraz de “democracia”, entonces procurará acelerar la instauración de una república reducida a la mínima expresión. El movimiento republicano debe luchar para instaurar una república que suponga un verdadero salto democrático. Las prisas no son buenas consejeras. No pueden hacerse las cosas bien con prisa. El movimiento republicano debe trabajar sin pausa pero sin prisas. Debe tener sobre todo prisa en empezar a ponerse a trabajar en serio, en preparar el camino para que cuando llegue la ocasión histórica, la podamos aprovechar, no la desperdiciemos. El movimiento republicano ya lleva cierto tiempo trabajando por la causa, pero se necesita dar un salto cualitativo importante en su trabajo. Y este salto hay que hacerlo cuanto antes.

En todo caso, para instaurar una república que merezca la pena, se necesita primero superar ciertas etapas, como las que acabo de describir. En primer lugar, es imprescindible la unidad de acción republicana. Ésta es la labor más urgente, porque si no, las acciones aisladas que se hagan serán ineficaces. Para conquistar el castillo se necesita coordinación. En segundo lugar, es primordial una ardua labor de concienciación de la ciudadanía. Esto nunca puede hacerse en dos días. Hay que desintoxicar al pueblo de la propaganda monárquica. Propaganda que lleva más de 30 años funcionando y que tiene, por ahora, los principales medios de comunicación a su favor. Debemos luchar contra el monopolio ideológico de la monarquía. A todo esto hay que sumar la influencia de casi 40 años de franquismo. Lo tenemos difícil, pero no imposible. A nuestro favor tenemos la contundencia de nuestras ideas y las condiciones objetivas de las que hablo a lo largo del libro “La causa republicana”. Lo podemos conseguir, pero con mucho esfuerzo, con mucha tenacidad. A pesar de todo, el sistema se puede desmoronar en cuanto metamos alguna cuña en sus muros de protección. Cualquier grieta, por pequeña que parezca, puede hundir el barco.

El sistema no es tan robusto como aparenta. Sin ir más lejos, la censura sistemática que hace del movimiento republicano demuestra su debilidad. Los monárquicos tienen miedo al debate porque saben que la razón, la verdad, no están de su lado. La situación de crisis que se vive en España es peligrosa para el status quo. El sistema está nervioso porque sabe que esta aparente calma puede romperse en cualquier momento. Cuanto más tiempo dure la crisis, cuanto más paro haya, cuantos más desahucios por impagos de hipotecas haya, mayor probabilidad de que salte la chispa y todo se desmorone. No es por casualidad que recientemente el Rey, en un hecho prácticamente inédito desde su llegada al poder, haya tomado la iniciativa para “poner orden”. Se sabe amenazado. Sabe que las aguas están empezando a ponerse turbulentas. No intervino en la cuestión de la guerra de Irak, cuando el clamor popular en contra era evidente, y ahora sí interviene. Nos dicen que la monarquía es un estamento prácticamente decorativo, y, “extrañamente”, en determinados momentos, aparece en escena. ¿Por qué? Porque interviene cuando se trata de defender sus propios intereses, la institución monárquica. Porque si realmente le interesara su pueblo, lo primero que debería hacer es poner su cargo a disposición del mismo. ¿Por qué pide sacrificios a su pueblo y no se sacrifica él? ¿Por qué no se baja el sueldo él? ¿Por qué no renuncia a él? El sueldo del Rey fue congelado este año 2010, pero no el año pasado cuando ya estábamos en plena crisis, cuando tuvo una subida del 2,7%, mientras los políticos sí congelaban sus sueldos, mientras la mayor parte de trabajadores de este país llevan años perdiendo poder adquisitivo. Evidentemente, seguir subiéndose el sueldo este año 2010 era tan descarado que tuvieron que congelárselo, por fin. Desde luego la crisis a él le ha afectado poco y tarde, hasta ahora. Pero ahora siente que la crisis puede amenazar su puesto. Ya no se trata sólo de su sueldo o de sus privilegios, se trata de la propia institución que puede peligrar. El sistema monárquico español, montado desde el franquismo, es un castillo de naipes que puede desmoronarse en cualquier momento, especialmente en momentos de crisis donde a la gente sí le indigna el que haya ciudadanos que por el simple hecho de tener cierto apellido estén por encima de las crisis. Es verdad que la familia Real no es la única que está por encima de las crisis, las familias de los grandes empresarios también lo están. Pero, a diferencia de las segundas, la familia Real está mantenida directamente por los impuestos de todos los ciudadanos. Si ya indigna a muchos ciudadanos la injusticia, lo absurdo de la institución monárquica, cuando las cosas van bien, ¿qué pueden pensar los más de 4 millones de parados oficiales, y la mayoría de trabajadores que ven peligrar sus derechos y su sustento ante una institución cara, nada transparente, y mantenida por ellos, que les pide sacrificios hipócritamente? ¿Qué pueden pensar los millones de jóvenes que no pueden acceder a una vivienda o a un trabajo digno, mientras el príncipe tiene asegurado, por ahora, su puesto, mientras él puede vivir en un palacio financiado por todos nosotros? Una institución monárquica que, no lo olvidemos, cuesta al pueblo español casi 9 millones de euros anuales en costes directos, y más de 25 millones de euros anuales en costes indirectos, según las cifras oficiales. Obviamente, en momentos de crisis como el actual, estas cifras chirrían mucho. ¿Es casualidad que el Rey haya tomado la iniciativa unos días después de la iniciativa del Partido Comunista de España de hacer una campaña de recogida de firmas para pedir que las cuentas de la Casa Real sean públicas y transparentes?

Una vez que hayamos conseguido concienciar a la ciudadanía, que la cuestión republicana protagonice la agenda política y social, habremos conseguido lo más difícil. El proceso constituyente por la República será simplemente una cuestión “técnica”. Pero el peligro no habrá acabado. Es muy importante que hasta que se instaure la República, por lo menos, dicho proceso sea controlado por el propio pueblo. La plataforma unitaria por la República deberá trabajar hasta el final, hasta conseguir instaurar una república con contenido verdaderamente democrático. Por tanto habrá que tener mucho cuidado en cómo se realiza el proceso constituyente. Los expertos técnicos que lo implementen deberán ser controlados, no deberán actuar a su libre albedrío.

Para evitar que el proceso constituyente traicione al pueblo, deberá usarse la propia democracia como metodología. Y esto significa fundamentalmente dos cosas: debates públicos y referendos.

El pueblo, como explico con más detalle en el mencionado capítulo “En busca de la Tercera República”, deberá elegir primero entre república y monarquía, y en segundo lugar, en caso de que la opción republicana sea la elegida, deberá elegir el tipo de república, es decir, deberá elegir su constitución, entre todas las posibles. Esto quizás se pueda hacer con un referéndum o con varios. Por ejemplo, siguiendo un sistema de varias vueltas, en una primera vuelta se presentarían todas las opciones posibles y en una segunda vuelta se elegiría entre las dos más votadas en la primera. Por supuesto, todos los referendos deberán estar precedidos, y aquí es dónde más tendrá que poner la carne en el asador el movimiento republicano, por debates públicos donde todas las opciones puedan ser defendidas por igual.

Si la clase política no tiene la iniciativa para empezar el proceso constituyente hacia la República, o si lo hace viciándolo, imposibilitando o limitando el protagonismo del pueblo, entonces el movimiento republicano deberá tener la iniciativa para, primeramente mediante los mecanismos legales existentes, forzar la situación. Deberá intentar primero recoger el número suficiente de firmas para pedir un referéndum, mediante el mecanismo de iniciativa legislativa popular existente en nuestra Constitución monárquica. Y en caso de que esto sea insuficiente, deberá movilizar masivamente a la ciudadanía en la calle. Una vez que hayamos conseguido los objetivos a corto y medio plazo, una vez concienciada la ciudadanía, las manifestaciones republicanas tendrán muchas posibilidades de ser muy concurridas. De lo que se trata siempre es de primero intentar las vías legales existentes, y si esto no es suficiente, recurrir a otras estrategias que impliquen al conjunto de la ciudadanía, como son las manifestaciones o incluso llegado el caso, la huelga general. Hay muchos métodos (pacíficos) mediante los cuales es posible presionar a la clase política. Incluso podría fomentarse una abstención masiva en los procesos electorales, un boicot general al sistema que incluyera, entre otras cosas, por ejemplo, la objeción fiscal, la resistencia fiscal, la negación masiva del pago de impuestos. Ya ha habido ciertos casos puntuales de ciudadanos que se han enfrentado a Hacienda practicando una objeción fiscal al gasto militar (Dos objetores fiscales que plantan cara a Hacienda y al militarismo; Rebelión, 24 de febrero de 2010). Una “democracia” en la que la participación está por los suelos se cuestiona a sí misma, se desmorona. Un sistema donde la gente no paga impuestos no puede funcionar. El pueblo, en realidad, en última instancia, es quien tiene el verdadero poder. De lo que se trata es de concienciarle sobre su poder, se trata de que lo use, se trata de encontrar las formas concretas y eficaces para que pueda ejercerlo. Hay que sacar partido a la fuerza de la mayoría, siempre que primero consigamos que la mayoría se apunte a la causa.

Estas son las líneas generales de lo que podría ser un programa de transición hacia la República. Por supuesto, esto es sólo mi aportación. Estoy convencido de que muchas más ideas pueden implementarse, mejores que las mías. Lo importante es que dentro del movimiento republicano vayamos hablando sobre estas cuestiones para a continuación pasar a la acción. Tan importante es la teoría como la práctica. Si no hay guión entonces por mucho que se actúe no se consigue nada, o se consigue poco con demasiado esfuerzo, pero también, sin acción entonces las palabras no sirven de nada. Es importante debatir, pero debemos debatir sobre cosas concretas, no debemos caer tampoco en debates eternos ni en debates espurios.

Tan importante es saber hacia dónde queremos ir como determinar cómo tenemos que ir. Tan importante es fijarse objetivos, etapas, como estrategias para alcanzarlas. Lo verdaderamente importante es establecer una metodología de trabajo seria y eficaz. Es hacer las cosas bien, con cierto orden y de forma que el debate sea lo más libre posible, pero a la vez eficiente. Tampoco se trata de entrar en una dinámica en la que no se avance y se esté permanentemente discutiendo sobre lo mismo. Si se hacen las cosas ordenadamente, por etapas, las probabilidades de construir una república democrática se disparan. Para construir un edificio se necesitan planos, plazos, coordinación, control, metodología. Sólo puede hacerse por etapas. No se puede hacer el techo antes que el suelo. No se pueden pintar las paredes antes que hacer las paredes. Y un sistema político es algo mucho más complejo que un edificio. Lo primero que deberá hacer la plataforma unificada por la República es establecer un plan de trabajo, es diseñar la metodología a utilizar, es consensuar unos objetivos básicos y unas estrategias generales para alcanzarlos.

Sobre el autor

Jordi Sierra Marquez

Jordi Sierra Marquez

Comunicador y periodista 2.0 - Experto en #MarketingDigital y #MarcaPersonal / Licenciado en periodismo por la UCM y con un master en comunicación multimedia.