Cultura

En torno a la colección «Poemas verticalEs escritos en horizontalEs»

Demás está decir que, desde mi primer contacto con la poesía de Fanny G. Jaretón, vivo una fascinación decodificadora. Sus simbolismos son muy intensos, como es la mística y los estados iluminados, que son aquellos que como poemas se escriben verticalmente. En una colección reciente, Poemas verticalEs escritos en horizontalEs, trece textos colaborados para la revista Sequoyah Virtual [1] la poeta argentina nos obsequia una oportunidad para ejercitarnos en su alquimia simbólica.

Fuente: http://s246.photobucket.com/

La poesía de Fanny es siempre invitación a la búsqueda, a una especie de Memoria, soterrada en la Oscuridad; pero esta colección es un libro en sí y es uno sobre su tema esencial, el ascenso místico, lo vertical. La verticalidad mienta el Cielo, o por decirlo de otro modo, las fuerzas activas. El eje mismo de la cruz mística. Lo activo puede comenzar en las sombras, en lo Oscuro, que es símbolo de muchas cosas, si no perdemos la perspectiva de la cruz anástica, que representa la Muerte, pero, al mismo tiempo, desde la perspectiva de la Horizontalidad, la uniformidad de la oscuridad simboliza lo Fértil, la tierra, a la que se echa una semilla.

Y en estos textos de ‘poesía vertical’, ante la Muerte y ante lo Oscuro, la voz hablante no está pasiva, sino muy activa. En el primero de los poemas, aún cuando la oscuridad del Ser al que se dirige (su alteridad) es la meta en que ella pone su investigación, este es acto intencionado de su gusto y con ventaja («me gusta poner los ojos sobre tu oscuridad»). En la tarea, también utiliza los dedos. Escarba. Mas admitamos: esta exploración de una tierra oscura que es, simbólicamente dicho, [en cuanto a oscuridad, la ausencia de luz], sólo representa un ciclo de manifestación, necesaria y momentánea.

Pienso que, estructuralmente este libro con 13 poemas, remite a una parábola sobre la unidad del mundo espiritual y la fragmentación del mundo físico. En la Kabbalah, donde el número 13 tiene significados especiales muy positivos, la Unidad está representada por el valor numérico del 13 para la palabra en hebreo, AChaD que (A = 1 + Ch = 8 + D = 4) significa Uno / Unidad. La unidad de la persona / de lo Espiritual / es lo que revela el Amor, palabra cuyo equivalente en el alfabeto sagrado es «Ahavah», por cuyo valor numérico (A=1, H=5, V=2, H=5), se puede inferir que. AChaD = AHBH.

En cuanto a la fragmentación del mundo físico, por el ocultamiento momentáneo de la Luz de la creación, como guías para medir el regreso de la Luz están las 12 signos zodiacales, el decimotercero está oculto, porque es demasiado el misterio de su luz. Dios es Luz Oculta y la Unidad Suprema, en las que lo Femenino y Masculino, que son la naturaleza escondida de la Divinidad existen.

Mi aproximación a estos poemas de Fanny G. Jaretón, a partir de este contexto general kabbalístico, toma en cuenta que ella, como poeta judía, en el nivel más profundo, de sus alegorías, maneja un mensaje oculto, ante el cual ella nos advierte mediante sus códigos. Para mí, no pasa desapercibido que el 13 lleva implícito uno de esos códigos. Este es el número de las grandes transformaciones y cambios, un símbolo de muerte y renacimiento, de vida eterna, de muerte física y espiritual, [2] y en un fragmento de su poema leemos: «Hasta que podamos comprender, / hasta dónde hemos llegado con el signo de preguntas / admirado frente a nuestros propios ojos / los Otros» [Poema XII]. Nos pide que nos cuidemos de la interpretatividad superficial: «Qué de la sombra / paisaje del lenguaje / maldita distracción (es) para saberte».

Las preguntas contenidas en el décimo texto son ejemplos de la profundidad y emergencia de la búsqueda iniciada y la trascendencia del mensaje al que no sería posible el comprenderlo, hermenéuticamente, sin respeto y conocimiento acerca de la simbología kabbalística y mística que hay en su apoyo.

Qué hay al fondo de mi carne
si lo raspaste todo.
Si embebiste mi silencio noble
con el cuerpo del delito
donde me hiciste mujer.
Qué hay en el fondo, al fondo
atravesado de mi sueño
si tu rostro golpeó
su faz sobre mi roca
una y mil veces tropezando
sin poder rom per sé.
Qué hay cerca
de donde embiste el
no habrá después del después.
Qué de la sombra
paisaje del lenguaje
maldita distracción para saberte.
Qué del futuro expuesto
a nuestras bocas que arden
en un mundo de besos nuestro
que queremos Hoy.

[Poema X]

Antes que volvamos al planteamiento del primer poema que contiene el verso: «me gusta poner los ojos sobre tu oscuridad», figuremos a la mujer preguntante:

Qué hay en el fondo, al fondo
atravesado de mi sueño…

y su desconfianza a la mera literalidad, entendamos por qué ella emprende una búsqueda silenciosa («silencio noble»), sin deseo de equivocarse y por qué lo que desea es un «Hoy» y «futuro», como ya ha sido expuesto en el curso del poemario. Esta cautela con las palabras, este descenso a las sombras y al barro, me recuerda el por qué de la Sabiduría simbólica y alegórica de Palas Athenea / nacida del cerebro de Zeus.

Juan Pérez de Moya, en su libro Filosofía Secreta, 1585), explica que Palas Athenea, diosa de la guerra y protectora de la paz, la filosofía y las artes, nació vestida de guerrera. No se le adjudica una niñez, pues, nació hablando «correctamente». Este es un nacimiento más espiritual que físico: lo que realmente ha nacido es el lenguaje alegórico y, con respecto a Zeus, el aspecto oculto del orden y la autoridad.

El nacimiento de Palas Athenas lo produjo Vulcano cuando le abrió con una espada la cabeza a Zeus, a quien le dolía. Esta alegoría sobre la Sabiduría y el nacimiento mágico (también asimilada a la versión romana con el Mito de Minerva), sugiere que dentro del cerebro del varón hay una mujer guerrera y sabia. Asociada a Atenea / o Minerva, hay también asociada la idea de la inteligencia, como algo muy distinto a la parlotería, y es por ésto que traigo a colación la actitud poético-alegórica de la autora Fanny G. Jaretón, quien ha de alegorizar con su «Silencio Noble», pero investigador en el misterio de la parca Átropos, la que corta el hilo del destino. Lo que es temática de estos 13 poemas FGJ lo alude en los versos «Qué hay cerca / de donde embiste el / no habrá después del después». La investigación sobre ésto es atropoica. Concierne al destinio y la muerte (la fragmentación de mundo físico).

Pérez de Moya nos dice en su Filosofía secreta que a la diosa de la Sabiduría se asocian como sus atributos tener al búho (otros dicen que la lechuza, del mismo género) como su animal favorito. «De ahí viene la tradición popular que da al búho como símbolo del saber y de la experiencia humana… mas, en realidad, lo que Atenea hizo fue que apartó un día a la corneja parlachina de su compañía para evitar que los hombres confundieran la parlotería con la sabiduría, y decidió adoptar a la callada y observadora lechuza como numen suyo».

A pesar de que pasaba toda la noche ululando.con Atenea, la Lechuza o el mochuelo, es la que representa a la inteligencia. El búho está asociado a la noche y es símbolo de la oscuridad. Estas aves son símbolos de la capacidad de ver lo que está oculto a la vista y lo que está por acontecer… Cuando en el poema de FGJ, se pregunta: «Qué hay al fondo de mi carne» / «Qué hay en el fondo, al fondo / atravesado de mi sueño», podemos hablar sobre códigos de filosofía secreta como los que preocupan a Pérez Moya y le impulsan a valorar el mochuelo, la lechuza o el búho, o toda esfuerzo simbólico o real por ver en la noche / en la oscuridad del misterio, en los terrenos mismos de las transmutaciones que está representado con el kabbalístico número 13. Un 13 que lo mismo habla acerca de Unidad (AChaD) que de Amor (Ahavá) y la fragmentación de lo físico, como de la inmortalidad.

Quizás para definir mejor el tema en este libro de FGJ / valga que mencione que se trata de una pareja o de cierta alegoría kabbalística sobre las dos almas que se complmentan, como revelan las metáforas del Rostro caído y golpeado y la Roca que recibiera el impacto, pero siendo estos rostros, alegorías del alma, no se rompen. Puede que se separen o se olvidan, pero no se rompen perdiendo su esencia. El alma como chispa esencial es inmortal, como el amor que la unifica con su alteridad, después de todo.

si tu rostro golpeó
su faz sobre mi roca
una y mil veces tropezando
sin poder rom per sé…

[Frag. X]

La Roca es la visión del cuerpo de la mujer y la revelación suprema de un Misterio reunido en su esencia en la forma femenina. Anticiparía, conclusivamente, que ésto sugiere la revelación del Paráklitos, [3] y la Paloma cátara. [4] Que de lo que se trata el Recuerdo y la Nostalgia que la autora irá desarrollando en sus trece textos es la unión primera, antes de la partición del Huevo Órfico. Sea varon o sea hembra, hay momentos en el destino humano en que somos colocados ante un Espejo que representa la Consciencia Espiritual y la necesidad de contemplar la verdadera forma del Ser / sea el anima o el animus. Este es el Trabajo Alquímico y kabbalístico que se hace en las sombras con el Cuerpo de Deseos.

En algún momento de nuestras vidas, todos y cada uno de los seres humanos tendrán que trabajar con esos espejos ante los que se deternina y se admite un nivel de espiritual y de reintegración psíquica de las imágenes astrales que los esoteristas y místicos llaman el Paráklitos. En la Kabbalah, es la paloma que sale del Arca. En la Edad Media, los magos y herejes que sufrieron la hoguera por nombrar el símbolo y codificarlo cuando hablaron sobre estas imágenes astrales (masculinas o femeninas) y les dieron el nombre de íncubos y súcubos: son las sustancias mentales del Deseo. Fanny G. Jaretón trabaja poéticamente estas imágenes y procesos que son existenciales y son místicos. Saltan del inconsciente para atención humana. Pienso que en este libro lo ha hecho maravillosamente

El ciclo completo de verse ante un fenómeno del tipo descrito / de umbras jungianas y nigredos / sombras arquetípicas / se cumple por causa del llamado Ying / Yang. En el pensamiento chino, el principio activo o masculino, es el símbolo de la claridad, opuesto al Ying, lo Oscuro y, en cierto modo, el principio femenino. Estos poemas presentan, en rigor, una historia en torno a la complementariedad de las almas y su momentánea escisión. Mas, en conjunto, como dice el título, son poemas asignados al Cielo / Verticales, a la finalidad del Paráklitos / al Ascenso de la Paloma / encerrada en el Arca de los cuerpos y navegada sobre la tempestad de las emociones. La belleza de este libro es cómo ha sido escrito desde la melancolía. Estas son metáforas recurrentes: Arca, Tempestad, Rostro, Roca, Oscuridad, Nombre, Letra, Caballo (virilidad), Loba, Reyes Magos, Pastura (horizontalidad), Flecha y Círculo de Fuego.

La hablante se sabe en la horizontalidad de una búsqueda y tarea: «Aplicar a tu piel el punto y letra donde bordar tu nombre». En el Eje Vertical, se constituye su esfuerzo por localizar el punto de encuentro que supere la encrucijada. Una cruz es una suma de ejes verticales y brazos horizontales, que coinciden precisamente en ese punto, donde quiere bordar el Nombre.

¿Cuál es el nombre sino el Amor? ¿Qué puede ser anhelado del Cielo / Vertical / sino el Amor? Y sucede que el amor se conoce en un punto del tránsito genésico, quiero decir, de lo Vivo que interseca la encrucijada de la Muerte / lo Oscuro / y lo supera con explosión de Verbo / Letra / Nombre. Este ritual se cumple con la poesía; pero alude a una tarea que es divina / alquímicamente restauradora y donde Vida y Amor se coinciden.

Ese punto que la hablante lírica de FGJ quiere acertar es descrito en este primer texto como su «círculo de fuego». El Eje Vertical ya contiene el lugar de intersección al que llama, con metáforas sexualizadoras, «la flecha de tu sexo».

Este primer texto es la propuesta de un mapa de encuentro. No hay preguntas, pero hay intenciones. En lo Oscuro, la ausencia momentánea de luz se siente como un silencio («lo que mi boca no te supo decir») y como una necesidad de oír, aunque sean «susurros que maldicen». Tan intensos son los anhelos de luz y vida desde una cruz anástica.

El segundo poema de la colección, propone el acercamiento más íntimo, personalizado, por los hablantes: su encuentro. El cumplimiento ante la revelación del Paráklitos. En esta alegoría de la revelación, con el calificativo de mapa se mienta una búsqueda (o caverna o madriguera) y su dirección. Ahora el mapa es un «libro» (¿símbolo intencionado de la Torah?) y en vez de «punto» en el mapa se pide por indicación una págna exacta («donde aburrido dejaste de leerme»). Si inferimos del mapa / libro / o del conjunto de poemas verticales en horizontal / una visión general de algún misterio (destino) que hay que organizar como al rompecabezas, se me ocurre que el hablante femenino de Fanny G. Jaretón, como símbolo, describe al ser humano escindido, ya en tierra y caído, pero cuya naturaleza espiritual y carnal pulsa por reintegrar sus dos mitades o pares de opuestos. El punto buscado en el mapa pertenece a un mundo o esfera demiúrgica;
pero su comprensión es el verdadero objeto de la investigación.

Al final de la colección de 13 poemas, la autora dice:

Lo que cayó al espacio entre tu excitación
y lo otro, tal vez llamarlo aire.
Amorsfera donde chasquear los años
con fuego entre los dedos
para acariciar ingrávidos
lo que el deseo nos devuelva.

[Poema XIII]

Si algo cayó de la altura, de lo Vertical de un Espacio a lo horizontal de los «años» y los «dedos» (espacio-temporalidad), ha de ascender a través del Deseo. Aquí sugiero una lectura kundalínica del texto. Es coherente y posible explorarlo desde ese ángulo. Aquí, con este poema, basta indicar que hay descrita una heroína / o puede ser un varón / que cayera precipitada a Tierra / a la oscuridad de su alteridad (o digamos, a la necesidad de otro, el / o la Amante). Se la echa de menos, siendo que puede ser la referencia faltante a su Totalidad Perdida, [5] u otro ser humano al que llamar Su Amado/a. De ese anuncio se trata el Paráklito.

En este punto, Fanny G. Jaretón activa una hablante que ansiosa acude a todo recurso para recuperar la fuerza de su Decir y superar el «síntoma del olvido», o el por qué de la Caída y la separación del Amado. Entre esos recursos, la adivinación («la borra del café»), la apropiación de lo masculino desde lo femenino («Verme como hombre dentro de tu hombre»), la maldición y la búsqueda, aún detrás de los espejos y la lluvia. En cierto momento narrativo y alegórico del mensaje del poema, son posibles otro tipo de lecturas, por ejemplo, una lectura tántrica o una lectura descriptiva de la muerte mágica que está insinuada en la cruz anástica.

Según se avanza en la lectura, la hablante amorosa e inquisitiva de FGJ, quien está deseosa de comunicar sus «nítidos te quiero», se convence de la soledad original que va permeando todo desde que se produjo el evento arquetípico de la separación («Nos desconosimios») o la caída del estado de Gracia edénico o demiúrgico, que asociamos a Adán y Eva. Fanny se inventa el neologismo: «desconosimios». Esto es, al caer en la sexualidad animal y simiesca, ya no somos almas realmente en contacto y conocimiento de la Unión Primera, o realización permanente de lo que es Diivinidad o supraconsciencia. El yo animal / simiesco, finito / desgarrado / se desconoce en su unidad esencial y se desvincula de las Otredades; aún ante su amado, se escinde de igual modo que lo que ha resultado ante sus propias esencias más puras.

Esta sensación («herida del temor») debe ser subsanada. Se vive en cuerpo de fatiga desde entonces; pero aún, por esperanza queda que con el «ademán del silencio», se pueda salir de ese estado donde la vida en la carne se siente como sepultura y como noche, «sueño inconcluso», falta de reposo.

El quinto poema introduce al tema de lo imperativo que es el Recuerdo en aras de superar la Ausencia o la Disgregación de las Partes. En este ejercicio de la escritura horizontal de la Memoria, este amor distanciado desgasta al «cuerpo de deseo». Cuerpo de deseo [6] es un misterio de la estructura del alma que la autora elabora con más rigor en el noveno poema:

Cuando se ama se desea.
Y esto también es doler.

[…]

Cuando se ama se desea y se cree.
Aunque nadie venga a recoger mi pastura
de Loba esteparia al filo del gozo.

El Cuerpo de Deseo es un arquetipo del «anima» (Jung), que es femenino, equivalente al «anima» y el arquetipo del «animus», que es masculino y es el alma de la mujer. En las filosofías orientales, también se equivale a un cuerpo sutil, etérico, que en el hombre es femenino y en la mujer masculino. Fanny G. Jaretón está consciente de estos conceptos por lo que se explica cuando dice: «Verme como hombre dentro de tu hombre».

El poemario contiene una dosis agónica, en el sentido griego de lucha, combate de emociones y agitaciones. En algunos de estos textos, la consciencia se personifica confundida, sobreexcitada, en ajoro por su propia sed de paz. La hablante tiene su «boca de ahogo»; pero, con tanteos, identifica lo que falta, aunque no acierta un nombre para dar a lo que siente.

Escribí cada forma de tu rostro
hasta encontrarte mil nombres.
Encontrarte escondido en el surco
donde solo, masticas nuestra ausencia.
He sacudido a tus pensamientos
que desgastan al cuerpo de deseo.

[…]

Sollozo al ver lo que no puede ser verdad.
Vos, rojo de jactancia, desordenando mi cuerpo
cansado antes de que suceda el Recuerdo.

Lo interesante del amalgamiento temático es la unidad heurística del hablante de FGJ. No está tan desorientada, pese a que da voz a la escisión de la persona y, en fin que no abandona la búsqueda, ni renuncia al hallazgo del que dependerá su paz. En el sexto poema, lo que dijera en el texto anterior [«Y has Despertado Naciente por mi boca de ahogo»], mienta la cercanía del hallazgo, tras el trajín. Siempre, después del vendaval, viene la calma. Y este poema es indicativo:

Hablás siempre de la lluvia
como si tus emociones fueran tempestad.
Escuchás música de blue, como si le pidieras al cielo
el milagro de secesión.
Tomaste el Arca, dejando a mi animal herido
del lado donde la lágrima quiebra su inundación.
No hay arco iris que valga.
Seguís pidiendo por la lluvia sin que te importe
el aroma salvaje de mi temporal.
Seguís pidiendo por la lluvia
Y yo desnuda de toda inclemencia
dirijo mis pies de barro, tranca al tranco
para que cada gota de vos no me deje avanzar.

[Poema VI]

Sobre tan particular poema, observaré algunas cosas: aquí la consciencia aún está bajo la Tempestad que sacude el horizonte de las fuerzas pasivas. El agua es la representación del principio femenino y la mujer como hablante es el «animal herido». El amado deseado es convertido en tipo y figura de Noé que, si bien está bajo la intensidad de la tempestad (porque es una parte escindida y en ausencia de quien lo reclama como agente protectivo y salvador, ser cobijada en el cuerpo-arca, sexo-arca(no-e), mas aún no mira hacia ella, con su propia indefensión. Ella lo examina y lo piensa distraído en su propio avatar. Esto implca que la mujer intuye, antes que el hombre, su misión como Sacerdotisa / Soror / Shekinah / medio o clamor con que sus partes se han de juntar a fin de serse «Él y Ella reencontrados».

En este aspecto, sutilmente codificado en el poema, se asoma lo que es un misterio cabalístico sobre la unidad perdida, la unión de los polos, que explica el poder del amor. La hablante de FGJ, que suele manifestarse desde los sueños como dice en el texto, lo que ha investigado en esa noche tiene que ver con el «cuerpo astral» y el rol alquímico-esotérico. En el caso de Fanny, la de la Soror y la de todo ser que crea en la divinidad y sea capaz de verla reflejada. Los egipcios tenían una metáfora misteriosa para referir al Alquimista o Rey-Mago: «El dios con dos rostros». [7]

Este poema de FGJ es un conmovedor retrato de la rudeza de las emociones dentro del Arca de nuestros cuerpos. El poema sugiere que habrá un «milagro de secesión»; pero, la mujer / el animalito herido que representa al hablante de Fanny, ha de ser la primera en ver el arcoiris, porque es la que quedó fuera de las protecciones del Arca. O ésto es, quien ha de sufrir más en medio de la inundación / la esfera almática. Mas, como en el relato bíblico sobre el Arca de Noé, por quedar fuera, ella ha de ser la paloma blanca, encargda de ver el estado del mundo tras ese diluvio de emociones devastadoras.

A final de cuentas, ésto tiene un premio. Desde el relato del Génesis, la mujer fue considerada la ayuda idónea para Adán. ¡Pue ella será quien informará la salvación y la paz! Esto es lo que se representa en el Mito de Atenea / Minerva, la nacida guerrera interior, quien en medio de las tinieblas del mundo fenoménico se toma como símbolo de Sabiduría, Paz. Belleza y Protección. Ella nace del hombre cuando ya el hombre no puede con su crisis: cuando el Orden Cerebral-lógico-racionalístico cede al mecanicismo simiesco, tanto que es preferible que los sesos revienten tras el hachazo de Vulcano.

En el poema séptimo, ante la muerte, testificamos una hablante femenina que cuestiona duramente al hombre por si alguna ingratitud, o negligencia o debilidad, hubo de su parte. Quien narra este pasaje del poema es un hablante profético. Oye que ese varón deseado / o parte complementaria de sí / está clamando por ella y testifica que ella tiene la capacidad para reconstruirse y reconstruirlo a él:

Escucho jadear mi nombre
al filo de tu muerte.
Tal vez te cansaste de vivirme.
Tal vez la moneda de Caronte
no dio para saldar nuestro tiempo.
Tal vez el mar de tu boca
construye Castillos salados
bosque donde se taló la memoria.
Tal vez ahora que te dirigís hacia el Este de mí
digas mi nombre como la Oración
que deshecha se construye hacia el Final.

[Poema VII]

El poema octavo contiene una frase muy clave para entender la espacio-temporalidad, la ubicación en la perspectiva «horizontal» desde la cual que ella decodifica la epopeya mística de su «guerrera», la que combate por el Amor. Es la frase:

En época de lluvia de azufre
entro por el canal de tu deseo…

y en el mismo poema, perfila el «mood» o «temple» con que se aproxima a la resolución del conflicto:

Grito alzado de esta mujer
que en tu infierno arde.

[….]

Gimo porque duele la promesa de tu cama
tanto como mi Hambre.

[Poema VIII]

Desde esta lectura esotérica del «opus alchimicum», el infierno que arde y ella menciona es el «Atanor». La lluvia de azufre habla de la alquimia del fuego. Ella es la Soror, la alquimista, con hambre y promesa de un resultado: su Rebis, su Andrógino, el Siva amante. [8] En ocultismo, hay muchos arquetipos del Umúnculo al Cuerpo Astral para nombrar a lo buscado, que es la Totalidad perdida, la reintegración en el Uno por el amor. Otra vez estamos en los misteriosos códigos del Trece kabbalístico.

En el Poema IX, es un poema sobre la inevitabilidad de este proceso. No hay escapatoria ni «punto de retorno», o de huída, cuando llega ese momento («la época de la lluvia de azufre»). Nadie se puede esconder de los códigos para guarecerse de la gran tormenta. Se puede dejar que la Loba esté sola, e ignorarla, cuando se vea «al filo del gozo», pero ella regresará con más fuerza. Este poema es canto al Deseo, en vísperas de trastocarse en Amor. «Cuando se ama se desea y se cree», dice Fanny, la mujer siente su Mago interior. No es extraño que, en una alegoría alquímica, los Reyes Magos estén presentes.

En el Poema XII, se elabora sobre la incondicionalidad de este amor alquímico, o necesario estadio de conocimiento de las esferas del Alma / o el Paráklito. Este poema es una pieza de lirismo apasionado. Enternece, se queja, pero intensifica una fidelidad y comprensión que no es una misericordia fatula, sino nostalgia del abrazo y expresión de la recuperación de lo perdido. Este «No me muevo de aquí» no es por terquedad caprichuda. Es por un convencimiento de lo irremisible. Es la hora de la espera y del encarar al espejo. Fanny G. Jaretón concluye la espera del Futuro en su hoy: «Sin tus soles de vino ardiendo al porvenir. / No me muevo de aquí».

Este, en particular, es el más bello de los textos de la colección.

No me muevo de aquí.
De tu pena,
de la infamia que otros arrojaron
contra el murallón de tu olvido.
De la amputación de tu abrazo.

Del polvo donde enterrar nos quisieron.
No me muevo de aquí.
Sin palabras que lo nombren todo.
Sin escalafones para el orden ordinario.
No me muevo de aquí.
Que por besarle las patas al Caballo
me hocicó la ignorancia.
Nadie puede ir más lejos que su sombra.
Nadie puede desteñir lo que del mestizo nace.
Nadie que empuñe la obsidiana
puede donar su sacrificio a dioses que pagando ni..
Hasta no verle abrir las uñas al tiempo de injusticia.
Verle rotas las alas al odio.
Verle la carnada que al anzuelo hunde la carne.
Apretando la mandíbula
para que el acero de la garganta no sangre.
Hasta que podamos comprender,
hasta dónde hemos llegado con el signo de preguntas
admirado frente a nuestros propios ojos/ los Otros.
En la intimidad de tu cuerpo que nada pide
porque al amordazarlo se le han apropiado de sus fuerzas.
Si loca de vergüenza, loca de extravío, loca que suma
una más cero en el uno del espejo.
Sin tus soles de vino ardiendo al porvenir.
No me muevo de aquí.

[Poema XII]

En el Poema XIII, el final, después de mucho Deseo y «Morir, vivir, pedir a Dios por vos», se llega a una conformidad y satisfacción. Ella / la hablante Sacerdotisa / está agradecida, al fin. «Al beso de los días doy las gracias». Se acabó el tiempo de renuncia y separación. Se observa paseando por la boca del amado y correspondida. «El hambre de tu cuerpo me rodea». Y la combustión alquímica está en vigencia. A sus anhelos eróticos, los que llamara alas, se pagará con creces «Donde hay alas debe haber cielo». Ella ascenderá a donde quiso: la Amorsfera. Bello neologismo que ella inventa: la Esfera del Amor que es también la «noosfera» [término que acuñara Th. de Chardin] que es la esfera de las transmutaciones mentales, equivalente del Mundo de las Ideas de Platón. En la Amorsfera, podrá «con fuego entre los dedos», «acariciar ingrávidos / lo que el deseo nos devuelva».

Aquí el Fuego es elmento purificador, el único agente que puede transformar el plomo de la pesadez en esa «ingravidez» aludida, transmutándola en oro. La época de las lluvias de azufre es parte de un proceso. Antes del resultado de Oro Místico en el alma es necesario este agregado de azufre (arsénico que convierte la sangre en fuego; no en condena). El trabajo alquímico con el azufre mienta un cierto trabajo con la virilidad y la voluntad. Muchos ocultistas llaman al Azufre, el Señor de la Voluntad Absoluta.

Notas bibliográficas

[1] Ver Fanny G. Jaretón: Poemas verticalEs escritos en horizontalEs), en: «Sequoyah», Julio1, 2010, Núm 63, Orange County [2] Dice el rabino y kabbalista Michael Berg que «el número 13 indica la habilidad de superar la influencia de los doce signos del Zodíaco (12+1=13), no siendo sujeto a las influencias del cosmos». Es un número, entre los más sagrados, por estar asociado a «HaShem» y a los Trece Atributos de Misericordia, así como a las dimensiones trascendentes de la Divinidad, trascendencia que insufla espiritualidad dentro del mundo material, Ver: HaTorah, Bereishis 7 cuando se explica: «Amor significa unificación con el objeto de nuestro amor, y la unificación con HaShem significa un corazón unido en creencia y devoción. Por esto vemos que HaShem equivale a trece. Por esto el sugnificado del 13 es HaShem. HaShem es Ahavah (Amor). HaShem es echad (unidad) y Echad es Ahavah». [«Regarding Number Symbolism in the Torah». Rabbi Solomon D. Sassoon]. Michael Berg fue el coeditor de una traducción de «The Zohar» al inglés y es Co-Director del «Kabbalah
Centre» desde 1969. Tomamos las citas de su libro «Secrets of The Zohar and Becoming Like God». [3] En el contexto en que veo un paralelo con el Paráklitos en la poesía general, la mística de Fanny G. Jaretón, es el contenido que discute el libro «La ‘Tipología Aberro’ de la Etica Noológica» que trata sobre el Yo frente al símbolo sagrado, es decir, los laberintos interiores del Yo perdido ante la «posibilidad de percibir la tensión dramática desde muchas y diferentes perspectivas», eligiendo ya el principio de benevolencia y justicia» (p. 814). El Amante / Paráklito / Confortador / portavoz o enviado espíiritual / o cualquiera sea la imagen metafórica que interesa a FGJ es un «Virya» despierto / un «yo que ha conquistado su permanente alerta», lo que equivale a no ser un «virya perdido» (p, 787). El autor de este volumino tratado es un estudioso de la Sabiduría Hiperbórea y define al Paráklito de este modo: «agente carismático que está perpetuamente presente en un plano absolutamente trascendente al mundo inmanente de
la materia», «no es un aspecto de Dios, sino la voluntad de Dios», «o voluntad graciosa del Incognoscible» (p. 735). El Paráklito puede infundir energía, es decir, voluntad graciosa, al Yo perdido, de modo que «controle el proceso de los símbolos sagrados al presente» cuando sobrevenga una crisis del sujeto consciente, sólo así se experimenta «un éxtasis rúnico que lo pone en relación con el Paráklito». El Paráklito, como enviado incognoscible hay que reclamarlo, y se relaciona con Gracia, en el sentido de los vocablos de raíz griega / Charis / o Jaris / y de ahí que como Obrador Divino sea carismático. Ver más. Op. cit.

La idea de éxtasis místico que se infiere de toda la obra poética de Fanny tiene que ver con sus raíces judías; pero muy poco que ver con las exégesis que hacen musulmanes y cristianos de la idea del Paráclito. De hecho, las primeras alusiones al Paráklito se hicieron de versiones griegas del arameo, que es más antiguo que el hebreo, así como el hebreo es más antiguo que la lengua griega. Los musulmanes koránicos asimilaron el Paráklitos a Ahmad, uno de los nombres dell Profeta del Islam. Pero ésto, aún con la noción árabe de que Ahmad (literalmente, es «el más alabado»), poco tiene que ver con el Paráklito / carismático / Confortador de FGJ. Y ni aún el Paráklito bíblico, o Consolador Parakletos, .considerado y esperado como «Espíritu de Verdad» (Epístola de Juan 14:17), tiene que ver con la mística de FGJ. Los cristianos de hoy asimilan al Paráklitos con el Espíritu Santo; los cristianos primitivos creyeron que el
Paráklito se trataba de una persona, de un Enviado de Dios; el mismo sentido, con que lo admitieron los árabes, en el tiempo en que hubo tolerancia entre unos y otros, basados en esta idea. [Jane Dammen McAuliffe, «Qur’anic Christians: An Analysis of Classical and Modern exegesis»: Cambridge University Press, 1991, ps. 183-190].

Sin embargo, para descodificar esta idea en la poesía de Fanny hay que tomar en cuenta el contenido de toda su poesía, que es un canto rúnco a la sexualidad, al carisma místico que es posible por ella, para su sentido de éxtasis. No es con la razón ni el sentido anímico del corazón, o alma, que la persona se puede vincularse al Paráklito. No es con la histeria colectiva, o la Mística racial que se manifiesta en el gregarismo o almas grupales, sino con un Despertar del Virya / el Yo Infinito / que subyace como ente esencialmente dual, junto a la manifestación anímico-material, con el Espíritu, o Yo infinito. En este contexto, los versos de JGF resplandecen:

Nadie puede desteñir lo que del mestizo nace.
Nadie que empuñe la obsidiana
puede donar su sacrificio a dioses que pagando ni…

[Frag. Texto XII]

El Virya que despierta es un «guerrero», cuyo primer acto de guerra es individual (p. 805): refrenar su cuchillo contra el prójimo y los ritos sacrificiales; propiciar que haya Gracia, y organizar el benévolo ludismo… Dentro de la mística no existen fenómenos colectivos, ni se busca a ningún líder ni la superioridad sinárquica de ninguna casta, sea la sacerdotal o la guerrera. El místico vive una especie de soledad que sólo la calma su propia lucha y despertar.

[4] Ni la «Paloma» ni el «Huevo Orfico» son invocaciones literales dadas en este libro de FJG. Sin embargo, todo el contenido hilvanado en el libro trata de eso. No tiene que mencionarse para saberse. De hecho, la paloma es el símbolo más conocido del Espíritu o el vuelo de ascenso. Cuando FGJ titula «poemas verticales», como buen entendedor, ya infiero la paloma, el producto del espíritu; pero, a partir del sexto poema, cuando menciona

… el milagro de secesión.
Tomaste el Arca, dejando a mi animal herido
del lado donde la lágrima quiebra su inundación.
No hay arco iris que valga…

ya el símbolo de la paloma es conclusivamente claro. Sin este proceso descrito en el poemario (la muerte del Yo desorientado y escndido), la paloma o el Espíritu es el «animal herido», aún no liberado y en vuelo, sino cuasi naufragante en medio de las tempestades de ese diluvio sugerido con el relato del Arca de Noé. Vivir con un espíritu irrealizado, apenas conocido, es como sobrevivir en la horizontalidad de Ruach y Nefesh.

Mas la persona humana no ha nacido para eso. No ha nacido para el «Lignum crucis», ni para el «aroma salvaje del temporal», sino para la Sabiduría, el ascenso por el Camino de Teth, que es la novena letra del alfabeto hebreo que rige la Sabiduría y el conocimiento del sefirot Yesod, la Fundación y la Tierra fértil.

La paloma es símbolo de Esperanza, así como el alcoris. En el tercer poema de esta colección, se contiene este verso: «Antes que Adán y Eva el amor se abrió a la Nada». La Nada es la esfera de los perdidos, sufrientes y desconsolados. Todas las Tradiciones esotéricas que trabajan por la Unidad de Tierra y Cielo han tenido el símbolo de una Paloma grabada en las piedras. Esta es la experiencia del cristianismo y, por igual, lo fue del catarismo, difamado y perseguido por la Inquisición.

«Cuando se producía la muerte en la hoguera de un cátaro se decía que, entre las llamas, surgía una paloma blanca que era el alma del fallecido que, en su vuelo, alcanzaba un nivel superior».

El escritor Jesús Avila Granados discute en un reciente libro sobre la paloma cátara y el catarismo occitano que, «prácticamente desapareció bajo el yugo de la tortura, la soga y la espada, en nombre de un Dios vengativo, cruel y despiadado que persiguió a aquellos que entre los suyos no comulgaban bajo los intereses de sus representantes en la Tierra. Es decir, fueron cristianos perseguidos por cristianos». Cf. «La profecía del laurel: El Secreto del Último Cátaro» (Barcelona: Editorial: Planeta, 2005)

Fanny G. Jaretón graba sus palomas de esperanza en poemas. Cf. ver: El amor mágico

[5] La Totalidad perdida, simbolizada por el Huevo Orfico, en realidad, de lo que trata es de la totalidad síquica. Cuando se entiende la prevalencia del Espíritu en la vida cotidiana, es que la persona está completa. El misterio del Trece es la Unificación por el Amor, la recuperación de la vida, no ya como unidad perdida, sino como plenitud en el Hoy y en el Futuro. Es el hallazgo o comunicación con el Paráklitos, o agente divino y es el disfrute que Fanny G. Jaretón, codifica con los versos finales del libro: «soles de vino ardiendo al porvenir» [Poema XII]. La cotidianidad social como «un mundo de besos nuestro / que queremos» [Poema XI]. Y, si se quiren en el «Hoy», es imprescindible acelerar el proceso mediante una enseñanza esotérica que se aplique al cuerpo, al simbólico caballo de la animalidad, para evitar la ignorancia:

Que por besarle las patas al Caballo
me hocicó la ignorancia.

[Texto XII] es que el en de la por a [Poema IX]. Los es uno que el y una de la por a Reyes del un no las «La ‘Tipología Aberro’ de la Etica Noológica» y El amor mágico].

Sobre estos procesos alquímicos sobre la «vibración ígnea del azufre», FGJ hace sólo ligeras menciones. Respeta el hecho de cada persona intuye cuál es el sendero y examina su consciencia antes de emprenderlo de una manera sincera. Total este es un libro de poemas, no un manual de pedagogía, sobre algo que concierne al libre albedrío. Su única exhortació es no besar las patas a las bestias ni rechazar la pastura que se ofrece en la Noche de Reyes, esto es, ante la llegada del que viene con Mirra, Oro e incienso, los elementos de la obra alquímica.

[6] El «Cuerpo de Deseo» es una expresión a menudo invocada en este libro de Fanny G. Jaretón y, como tal, enseñanza que confiere un carácter esotérico a su mensaje. De hecho, ésta es la ofrenda que ella da vountariamente al Consolador, al Agente Paráklito, es lo que ofrece para purificación ante la pira ritual, o el Atanor, u horno alquímico. El equivalente del Cuerpo de Deseo en el esoterismo hinduísta es el «Kâma Rupa» (en sânscrito: kama, deseo;rupa, cuerpo), que equivale al cuerpo emocional o cuerpo astral, uno de los principios de la constitución humana. Los deseos no son buenos ni malos a este nivel, aunque sean el asiento de «los impulsos eléctricos vivos» y sirvan o no a impulsos egoístas y kármicos. Ver: Andrew Rooke, «The Seven Principles of Man», en: loc. cit.

Este autor nos dice además que la criatura humana está constituída de siete cuerpos: tres cuerpos superiores: el Cuerpo de la Presencia del YO SOY, el Cuerpo Causal y el Santo Cristo Personal y cuatro cuerpos inferiores: el cuerpo etérico, el cuerpo mental, el cuerpo emocional (o astral) y el cuerpo físico. Los tres cuerpos superiores corresponden al plan del Espíritu y los cuatro cuerpos inferiores al plan de la materia. La Kábbalah enseña que el más sulime principio espitual es Neshamá, que no debe confundirse con Ruaj (alma) ni Nefesh (el alma vital o astral).

[7] El «dios con dos rostros» es Horus que en la Antigua Religión o Esoterismo egipicio a veces es representado como Haroeris el Grande, y en otras ocasiones, como Harpocrato el Joven o un Niño Divino. Al crecer, Horus es tipo y figura del Pastor de Pueblo o Legislador. Más allá de su sgnificado religioso y políticos, para los conocedores del esoterismo, hermenéutica y sicológicamente, el Dios con Dos Rostro tiene uno signicados importantes. Es hijo de Isis y Osiris, cuyo hermano Seth es fratricida y se apropia del poder. Cuando nace Horus es quien se propone recuperar la herencia de su padre, cuyo asesino persigue. El combate es duro, pierde un ojo (la luna) que Thot va a restituirle, pero consigue castrar a su enemigo. Los significados de estos hechos no son necesarios a este análisis. Sólo baste decir que este arquetipo mienta la ley de retribución y de odediencia. De Egipto también proviene la noción del «Dios oculto», que es Amón.
En cuanto, dios oculto, es como un tipo y figura del Paráklito, el agente carismático, consolador al que aspiran los místicos como su aliado. Cf. Ver: Mitología egipcia [8] Fanny G. Jaretón no menciona, directamente, el Atanor, o el hornillo o fogón donde se cocina el producto alquímico; pero, en los contextos de sus metáforas, el Atanor se presupone como su «círculo de fuego». [Texto I] La autora acumula una serie de sugerencias que muestran su presentación de un proceso: una sepultura mística de un Yo finito, bajo una lluvia y exacta ubicación sobre una tierra oscura, en la que al germinar como nueva semilla pueda recuperarse del «síntoma de olvido». ¿Por qué anhela, renecer, volver a recordar, quien pide este «veneno» de la muerte y morir en este fondo, «donde me des sepultura» [Texto II]? ¿Cuáles son el sentidos figurados, ocultos de este proceso? ¿Por qué «este cuerpo abierto al hambre de tu noche / rompe la herida del temor»? [Texto III]. Sencillo: Esta es muerte alquímica.

Este es un ritual de nigredo en el sentido alquímico de la palabra Arte Negro / Alkimiya / donde la misma raíz de la palabra egipicia / kmm / significa: negro. Esta es otra implicación de esa búsqueda voluntaria y gozosa de la Oscuridad. «Me gusta poner los ojos sobre tu oscuridad», tal como comienza la colección entera de Poemas verticalEs escritos en horizontalEs. Se ha tender en horizontal el cadáver de un viejo Yo / en afán de renacer como un «Virya despierto», o intervenido y agenciado por el Paráklito, o la Gracia.

Como la «Caldera de Dagda» o el hornillo de Atanor, estos recipiente son del mundo subterráneo y no tanto que sean literalmente bajo tierra, sino que son contenedores de algo nuevo, o de algo que está por nacer. La Caldera de Dagna es sólo una leyenda del Ciclo del Rey Arturo, quien según los poetas medievales bajó al mundo subterráneo para capturar el magnifico recipiente. Mas aquí estamos ante una poeta contemporánea que sabe que lo subterráneo es lo psíquico y que estos espacios de muerte son rituales creativo, literarios, mas conductores de un mensaje. Con lenguaje nuevo, sn embargo, hablará sobre la antigua Ciencia de Toth, o su equivalente helénico Hermes Trimegisto. Nos hablará sobre la transformación de los metales, como en el texto «Physika et Mystica», sólo que estos metales son ingredientes mentales.

Aquí, en estos versos de FGJ, la Copa, el Grial, el Atanor y la Caldera, del ritual alquímico o mágico está insinuada. Y el equivalente que se asigna a la copa que utilizó Jesús en la Ultima Cena (el Grial) también está aludido cuando su personaje u hablante apura el «veneno» de una aparición que ofrecerá la pócima: «hasta que aparezcas hecho veneno / para tomarte hasta el fondo / donde me des sepultura». Del olvido que la hablante del texto de FGJ espera curarse es del mismo olvido de los principios crísticos y esotéricos que tanta literatura incoherente, meramente retórica, ha cernido sobre la cultura de los procesos espirituales reales. Vid. «Las leyendas del Santo Grial».

Sobre lo que el Atanor o fogón de los alquimistas habla es sobre la representación simbólica del Utero Materno, la enigmática Matriz de Gaya, el origen de la Vida y la Inmortalidad, o lo tiene por finalidad proceso alquímico: una nueva proyección del Ser, o entendimiento y conciencia. Cf., además: «La alquimia y sus obscuros origenes»/

Sobre el autor

Jordi Sierra Marquez

Jordi Sierra Marquez

Comunicador y periodista 2.0 - Experto en #MarketingDigital y #MarcaPersonal / Licenciado en periodismo por la UCM y con un master en comunicación multimedia.