Aisha, perdón

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Tenía 12 años Aisha cuando fue entregada junto a su hermana a un caudillo talibán para saldar un conflicto entre clanes, según una vieja costumbre tribal. El caudillo no pudo desposarse con ella porque hacía la guerra. Aisha y su hermana acabaron en poder de sus cuñados, que las violaron y alojaron en un establo.

Aisha se escapó y una vez en Kandahar fue encontrada por su marido que se sintió deshonrado, por lo que le cortó a Aisha la nariz y las orejas. No llegó a desangrarse porque una vez más Aisha logró huir y fue socorrida por unos cooperantes estadounidenses que la trasladaron a una casa de mujeres maltratadas en Kabul.

La revista Time lo supo y la imagen de Aisha mutilada ha llegado ahora a nuestro mundo, coincidiendo con la copiosa documentación que revela toda la sarta de las mentiras difundidas por el gobierno norteamericano en torno al conflicto de Afganistán. ¿Sabremos alguna vez el número real de víctimas civiles que está ocasionando aquella guerra?

Contrasta el silenciamiento de esa estadística con la puntual difusión que en su día tuvo la conquista y ocupación de Irak, como si los propulsores de aquella masacre hubiesen aprendido la lección y su objetivo ahora fuese acallar en Afganistán la nociva dimensión mediática que la muerte de civiles comporta.

El hecho de que la citada publicación encabezara el reportaje con el titular ¿Qué pasa si nos vamos de Afganistán? ha sido interpretado como un posible apoyo a la acción militar encabezada por Estados Unidos en unas circunstancias adversas después de las falacias descubiertas. El director de Time defiende la razón del reportaje como una contribución al debate sobre la guerra y una ventana a la realidad de lo que está pasando.

Así las cosas, el prestigioso diario The Guardian publica un artículo de Pryamvada Gopal, profesora en Cambridge, en el que sostiene que entre los 90.000 documentos secretos de la CIA recientemente publicados se revela que es aconsejable la utilización de la represiva situación que vive la mujer en Afganistán para apuntalar las razones que aconsejan la continuación de la guerra. Esto, según Gopal, constituye una treta cínica, por cuanto ninguna publicación ofrece las atrocidades y muertes de civiles como una ventana a la realidad de lo que está pasando.

Aisha está ahora en Estados Unidos, donde repararán su rostro mutilado por la barbarie. Es muy posible que Time tenga también la exclusiva de la nueva imagen que resulte de la operación de cirugía estética. Quizá la acompañe con un titular del estilo Por esto no nos fuimos de Afganistán.

En nombre de mi género y en nombre de mi mundo, tan civilizado que emplea la tortura y mutilación de una adolescente como razón de guerra por motivos de codicia y dominio, perdónanos, Aisha.

Félix Población
+@Diario del Aire