Crítica de “Buried”

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Crítica de “Buried”

Tremendo salto al vacío de Rodrigo Cortés, que hace de su capa un sayo y se atreve con uno de los guiones más incómodos y a la vez más apasionantes que han circulado por los escritorios de los productores en los últimos años.

Un guión que sitúa toda la acción de la película en un ataúd enterrado dentro del cuál se encuentra el único protagonista en pantalla, Paul Conroy, un camionero estadounidense trabajando en Irak. El resto de actores sólo aparecen con voz (imprescindible ver la película en versión original), a través del teléfono móvil del que dispone Conroy en el interior del ataúd.

Chris Sparling, el guionista, dota a la película de los elementos necesarios para mantener la tensión durante todo su metraje, pero es Rodrigo Cortés con su acertado pulso narrativo el que la lanza hacia cotas visuales que parecían imposibles, apoyado por el tremendo trabajo de Ryan Reynolds, que realiza aquí el mejor trabajo de su carrera.

Un cóctel de talentos que completa una película redonda desde el primer instante hasta el último segundo, haciendo que el espectador sienta en sus propias carnes la incomodidad del protagonista.

Un protagonista con el que vamos compartiendo los estados emocionales que le van abrumando a medida que comienza a comprender su situación desesperada y las escasas opciones de salvación que le van quedando.

En paralelo, la película nos ofrece una soterrada e inteligente crítica a la sociedad en general y a la guerra de Irak en particular, que aparece en segundo plano pero golpea directamente en la sensibilidad del espectador.

«Buried» es la mejor apuesta visual que hemos visto en los últimos años. Ha sido comparada con «Náufragos», de Hitchkock, con gran acierto por las similitudes en la puesta en escena. Ambas contravienen el origen teatral del cine y apuestan por un lenguaje visual y narrativo novedoso. Mucho tiene que aprender Rodrigo Cortés para acercarse a la maestría del genio británico, pero si Alfred levantara la cabeza y viera «Buried» quedaría encantado, sin duda.

En definitiva, una película indispensable en la memoria cinematográfica de cualquiera, una cinta que será recordada con el paso de los años, cuando otros se atrevan con apuestas similares. Pero, entonces, podremos decir que Rodrigo Cortés ya lo hizo, y con gran acierto.