Cultura

Corrieron a Nikki

[El cuento siguiente, «Corriendo a Nikki», está basado en los siguientes hechoas, objetivamente comprobables. Meg Whitman, quien ha invertido de su bolsa 119 millones de dólares en su campaña electoral, lo que representa un récord histórico en gasto de campaña en Estados Unidos. tan pronto lanzó su carrera por obtener la gubernatura de California despidió a la empleada doméstica, Nikki Díaz Santillán, quien a su vez ha presentado una demanda con la Comisión del Trabajo para buscar que se le paguen salarios no cubiertos, así como el kilometraje cubierto en sus actividades.

Fuente de la imagen: http://www.infobae.com/

Díaz Santillán fue inicialmente contratada para limpiar la casa de la pareja por US$23 la hora por un máximo de 15 horas a la semana. «Consideramos a Nicky como una amiga de la familia y estamos tristes al conocer de su acción legal», dijo una vocera de Meg Whitman

La empleada despedida aseguró que en conversaciones le pidió ayuda a Whitman para que pudiera regularizar su situación migratoria, lo que le fue rechazado por la multimillonaria. «Me despidió como si yo fuera un pedazo de basura. Cuando se lanzó por la candidatura me aviso que estaba despedida y ya antes le había pedido que me ayudara a arreglar mis papeles y como respuesta sólo me dijo No te conozco ni me conoces», dijo la inmigrante, entre sollozos, durante una de la serie de ruedas de prensa en que ha aparecido esta semana.

a Nikki Diaz Santillan

«It’s not about what the law requires, but what decency demands. When someone comes into your home and takes care of your children, the obligations go in both directions»: Susan Estrich

Ya que usted me azota con su escoba, me dice ‘gata mentirosa’ y me lanza a la calle, usted que ha sabido por seis años que soy inmigrante sin documentos y aún así, esmerada en lavar su ropa, llevar y recoger sus niños de la escuela, ya que me corre, no lo haga diciéndome criminal, o traidora, o sugerir mil abusos de confianza. No diga que puede que yo haya interceptado un correo de Inmigración que advierte que no soy empleada fiable. Es como decir que yo le robo sus cartas.

No diga usted que me ha querido como si fuera miembro de su familia extendida y que está dolida, en este año de elecciones, cuando gasta más de cien millones de dólares en oponerse a una aministía y querer un alto cargo público. Y usted hace seis años que sabe que mi tranquilidad ha dependido de algo como el espejismo de creerme ‘segura’, donde su partido me odia por no ser lo que digo: residente permanente, autorizada.

Despídame con la dignidad que merece una empleada buena y eficiente. ¿O qué, tiene una queja verdadera? Si no, no diga: «Niki Diaz es como de la familia»… puede que yo si diga que lo soy. Yo sí les quiero. Usted no. Nueve años es más que suficiente para que me conozca mejor y, sin embargo, dice que puede que yo haya interceptado un correo que no vino a mi nombre. Si en eso miente hoy, mañana dirá que he robado…

Han sido nueve años para que se convenza que no soy ladrona. Ni asesina. Ni malintencionada. Nueve años que he luchado para que mi inglés, o mi acento, no sea el pretexto para que usted me despida. Todo cuanto he hecho en su casa respeta su derecho a acumular fuera de su casa su fortuna de billones de dólares y, para que su consciencia se descargue, un poco con mi complicidad que es la que toma cuidado por el bienestar de sus hijos inocentes. Los he querido como si fueran propios. En fin, no creo que se me deba juzgar por lo que diga una ‘agencia de empleo’. No crea que haya mejor autoridad que buena fe entre nosotras.

Pero me ha corrido. Me echó a la calle…

Con una ‘mica chueca’, me inventé el futuro, ser empleada fuera de hostigación y sospecha. No fue con usted en mente que se fraguó esta ardid a la que llama hoy engaño premeditado, tración de la gata mentirosa. Forjé mi mica para cualquiera que admitiera el principio: Digno es el obrero de su salario, digna la oportunidad de trabajar para quien lo quiere.

Es que soy un ser humano con necesidades, no quiero que se me regale nada. Quiero decir: ‘Compré estas bragas. Este alimento. Pago este lugar en que vivo. Y todo con mi trabajo’.

Estar calificada para trabajar y ser honrada es más valioso y meritorio que el que una vez entrara al país sin documentos. Todas las presuntas legalidades de la ley migratoria, tales como sus condenas, son sinsentido cuando lo más evidente es que soy la persona útil que, con amor, sirve al prójimo. Despídame con la dignidad que merezco. Dígame ‘gracias, empleada buena. Gracias en nombre de mis hijos. Gracias por lavar mi ropa. Por cuidar mi casa’.

Y, después… sea sincera. Diga: ‘Tengo con usted un problema inesperado. No es nada personal, pero involucra un principio público. Si quiere verlo así, es conflicto de intereses».

Lo sé, señora. Usted ha invertido $100 millones de su bolsa personal en gritar al mundo que hay que deportar a indocumentados, que no cree en ningún sendero legalizador para los inmigrantes. Escuché lo que expresa usted en las campañas de radio y TV, ahora que se postulara a la Gobernación del Estado. Y llegó la hora en que en su casa soy indeseada. Mas no diga que me se sorprende de mi actitud criminal, o traidora, o sugiera mil abusos de confianza. Usted lo sabe, desde hace 6 de los 9 años en que le he servido: «I am an illegal and you need to fire me». Si usted debió despedirme, «as soon as you found out», se le hizo tarde.

Sea honesta. Colin Powell admitió que emplea indocumentados; pero él no quiere despedirlos. El es honesto y sufriría al hacerlo. Usted no. Ha sugerido que me corre por gata mentirosa y dice que me quiere, como si fuese de su parentela. Sin embargo, no me da ni las gracias, me saca de su camino como al gran estorbo y se monta en una escoba de gran hipocresía y me azota todo el camino que lleva hasta fuera de su casa.

Sobre el autor

Jordi Sierra Marquez

Jordi Sierra Marquez

Comunicador y periodista 2.0 - Experto en #MarketingDigital y #MarcaPersonal / Licenciado en periodismo por la UCM y con un master en comunicación multimedia.